La edad es ese arma de doble filo que no se puede evitar, por un lado te da la experiencia de los años vividos y por otro los anhelos de lo que ya no se puede recuperar, o eso creemos.

Parece que ahora las mujeres están de moda en ser protagonistas principales por sus crisis existenciales o por esa mediana edad, que cada una la etiquetaría en una década.

Ana y Eric se conocen en un chat, cada uno busca algo diferentes, aunque ambos piensan que quieren lo mismo. Ana ha cumplido los 45 y está desorientada en su día a día, su trabajo, su familia y ella misma. Eric es estudiante, y necesita salir adelante y ayudar a su madre. Ella le cuenta que tiene 37 y el dice que 30 ¿llegarán a conocerse fuera de ese chat que les ha unido?

El doble más quince va directa al grano, no deja equivoco de donde quiere hurgar, pero no solo en el papel protagonista de la mujer si no también en el sueño de pareja escénica, ese joven de apariencia tímida, pero a la vez segura que esconde sus miedos e incluso sus secretos.

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Diálogos que van y vienen con replicas aplastantes, en la mayor de ocasiones por parte del papel del adolescente demostrando la madurez que se puede llegar a tener a los quince, dando lecciones de vida a esa mujer que se esconde tras su seguridad fingida bajo la fachada de la edad y la experiencia.

Una de las cosas que mas me ha atraído de la película es su sonido, ese sonido ambiente tranquilo que parece que incluso es todo lo contrario, una película insonorizada para que solo resalte la voz de los protagonistas, por momentos nos trasmite que fueran sus pensamientos pero no lo que están diciendo.

El doble mas quince es un tanto previsible pero si que nos lleva a ese speach en la recta final del metraje por parte de Maribel Verdú que es donde podemos comprobar que la evidencia no es totalmente fiel, si no que hay alma en la protagonista al igual que en él.

En realidad se puede constatar como una road movie aventurera emocional y de la verdad a trompicones con los saltos generacionales en busca de una justificación o pudiera incluso ser la negación de lo que no se quiere ver.

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