No hay mayor sentimiento que el que te llega desde la verdad, desde las entrañas, el dolor y los obstáculos de la vida. Una niña es todo un trampolín a las emociones por medio de la protagonista y de quiénes rodean a su persona.

¿Quiénes somos para juzgar lo que sienten y desean los demás? ¿Qué sociedad estamos creando que somos incapaces de empatizar con la sensibilidad y necesidades del contrario? ¿Por qué cada vez somos más propensos a las etiquetas sociales sin pararnos a pensar en la importancia de la aceptación de cada persona tal y como se siente?

Estas y otras preguntas se me agolpan tras el visionado de Una niña, una película rodada desde el respeto, desde la tolerancia, buscando el abanico social que rodea a la protagonista, de pros y contras, de apoyos y fobias.

Good Films

Sasha tiene 7 años y solo sueña con vestirse exteriormente como se siente por dentro, una niña. En el colegio tiene que llevar ropa de niño, en las clases de ballet igual, en su casa toda su familia sabe que es una niña, pero no tanto la sociedad que se empeña en seguir con ese tratamiento de masculino a su persona. Ella se siente totalmente descentrada, sin saber por qué no entienden lo que siente y quiere. Ahora su madre, apoyada por toda la familia, peleará para que su hija pueda ser tratada como tal y que los prejuicios sociales queden atrás.

Pudor como espectadora al ver una película que rebosa tanta verdad como sufrimiento, que llega desde las situaciones que deberían ser más habituales y normales, pero que se antojan para muchas personas todo un camino de piedras para conseguir ser quiénes sienten ser.

Enfrentarse a la violencia por parte de la protagonista ante una sociedad clasista está en cada secuencia. Pero no es una violencia física, es mucho más psicológica que a su temprana edad es mucho más doloroso, porque el no entender las reacciones de la gente externa a su casa es todo uno.

Una lucha que va más allá de lo que es el sexo de una persona, sino de su felicidad y de sus derechos individuales que no atacan a los colectivos, por mucho que el resto se empeñe en enfatizar el recorrido y las trabas por ese camino. En esas charlas que se recogen en el documental, y tratado con excelente sensibilidad, se trata la disforia de género y la lucha por su derecho, no solo a nivel personal, también se habla de la parte social, sobre todo en el colegio, que es lugar que Sasha ahora mismo es uno de sus entornos más habituales, y cómo no la parte médica a la que más adelante se tendrá que enfrentar. Son diálogos sinceros al mismo tiempo que pudorosos por el propio miedo de la protagonista de contar sus sentimientos, y en muchas ocasiones habla a través de la mirada más que con las palabras. No está exenta la palabra culpa por parte de la madre, y esas terapias en parte son una capa sanadora para ella.

Aquí no nos encontramos ante interpretaciones, aquí nos damos de bruces con muchos protagonistas, no solo la principal, Sasha, están también su familia al completo, como una piña, y enfrentada completamente parte de la sociedad sobre todo la parte educativa que rodea a una niña de ocho años, siendo este entorno quién le acompañara en su camino vital.

El director Sébastien Lifshitz no es la primera vez que trata la transexualidad /transgénero, siempre desde una mirada sensible, respetuosa, observadora y narradora, dando cabida a las libertades individuales y mostrando las dificultades a las que se enfrentan tanto sociales como burocráticas todos sus protagonistas.

La película termina con Sasha con 8 años, con todo un año de lucha, una nueva mirada a la vida ¿Cómo será ahora su futuro?

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Título original: Petite fille Año: 2020 Duración: 85 min. País: Francia Dirección: Sébastien Lifshitz Guion: Sébastien Lifshitz Fotografía: Sébastien Lifshitz Reparto: Familia Sasha Documental: Productora Agat Films Género: Documental Transexualidad/transgénero

Una respuesta a «Una niña de Sébastien Lifshitz. Luchar por ser y no solo parecer»

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