En el Festival Cine por mujeres hay películas que están en varias secciones y una de ellas es Las siamesas de Paula Hernández que se encuentra dentro de la Competición internacional y también en Directoras lationamericanas.

Hay una peculiaridad de los personajes que trata la directora argentina Paula Hernández, y no es otro que esa movilidad de los mismos, de narrar historias en constantes cambios, tantos propios como de lugar, incluso muchas se podrían enmarcar en road movie. Las siamesas no iba a ser menos, incluso más, con ese viaje tan físico como emocional de las dos protagonistas, Estela y Clota.

Estela ha heredado de su padre unos apartamentos en Costa Bonita, en Necochea. Ahora madre, Clota, e hija emprenderán un viaje para aceptar esos bienes y ver qué hacen con ellos. Sus padres estaban separados y Clota no tiene un buen recuerdo de su matrimonio, una mujer que no ha olvidado y que hace que su hija recuerde a cada instante que pasó tiempo atrás. Muchos kilómetros en autocar que darán para sacar más a relucir la personalidad de cada una.

Las siamesas es un conjunto de miradas, de reproches, de miedos, de palabras escondidas y reservadas en cada una de las protagonistas que con el viaje salen, fluyen y se dejan impactar en la contraria. Es un toma y daca en cuanto a diálogo, ofensa/respuesta, porque casi todo lo que fluye de Clota es un arma de doble filo, incluso aquello que parece que va a beneficiar a su hija.

Un viaje hacia la búsqueda de una identidad la de Estela, que quiere poco a poco desprenderse de esa sombra que es su madre, y que el vínculo de sangre no le deja hacerlo y por momentos ni respirar. El comienzo ya da detalle de lo que va a ser la película, esas llamadas insistentes de la madre a la hija, con un tono autoritario y haciendo pensar al espectador que la madre es dependiente física, cuando realmente es emocionalmente el nexo de unión, pero por medio de un chantaje emocional, de la culpa y la responsabilidad.

Dos buenas interpretaciones que nos llevan a un entorno teatral, a escenas de confesiones y reproches que solo se pueden enfatizar en dúo y además en soledad, con la noche de por medio que da más empaque a todas las secuencias, a veces asfixiantes, con la sensación que cuando Estela hable o exploté ya no habrá más conversación, pero la contención por no herir es latente en todo momento de su parte, intenta mantener la calma y la prudencia que la otra parte no tiene.

La directora se ha basado en el libro de Guillermo Saccomano, y con una base bastante fuerte, pero hay que decir que lo que da garra a la película es como la directora con finura desliza temas que hoy en día están cada vez más en debate como es la carga familiar para las mujeres, la conciliación con la vida, no solo la laboral, y el sistema del patriarcado que nos lleva a mantener unos clichés tan fuertes como obsoletos, por todo ello esta historia solo se podía contar desde la mirada de madre e hija, poco probable con un hijo de por medio.

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