He tenido un fin de semana, algo así como movidito con respecto a la memoria y el olvido dentro de la cultura. Ver La memoria infinita de Maite Alberdi y Moríos de Joan Arqué ha sido un viaje a las profundas realidades de nuestro tiempo, la mente y su deterioro, el ser humano y su destino. Dos trabajos tan complementarios como distantes, la positividad de Alberdi y el asombroso realismo dramático de Arqué con la dramaturgia de Anna Maria Ricart.

Moríos se estará representando en Madrid en el Teatro de la Abadía, Sala Juan de la Cruz, hasta el próximo domingo 21 de enero, de la mano de Cultura i Conflicte, compañía que ya tuvimos el placer de ver con su obra Hay alguien en el bosque. Podríamos pensar que entre ambas obras hay una distancia abismal, pero no. La memoria y el recuerdo están presentes en ambas, desde distintas miradas, pero queriendo poner en el lugar adecuado y de la forma pertinente a los protagonistas y a quienes representan.

Nuestros cuerpos ya no tienen el valor que pensamos si dejan de ser productivos y reproductivos. La edad pasa su factura, aunque lo hayamos pagado anteriormente con nuestro esfuerzo en la vida. La esperanza de vida, en edad, aumenta, pero nos espera un acantilado de sinsabores. Imma sorbe su sopa con gusto antes de sus llamadas y de una nueva compañía. Oriol verá sus obras de jubilado por último día. Montse recordará a sus compañeros sus historias de baile, de su vida. Un conjunto de personas cantan a sus días, bailan a sus cuerpos, cuando pueden, y recitan lo que la mente les recuerda. ¿Es lo que queremos en nuestras vidas?

Vamos a partir de la base que el teatro suele ser menos complaciente a la hora de tratar los temas, es mucho más directo, honesto y cruel, aquí en Moríos, entre la transición de una representación y una performance, descendemos a los bajos fondos de la vejez, de esa fase por edad que todo el mundo desea alcanzar, pero no en el estado que se nos representa.

Pese a lo que podamos pensar, Moríos tiene ese balanceo entre la positividad y el realismo. La poesía atraviesa a los personajes por medio de sus leves diálogos, contundentes, reflexivos y reivindicativos, a la par que irónicos, y nos hace sacar alguna pequeña sonrisa. Sus bailes desprenden simbolismo ante los cuerpos que pierden vitalidad pero quieren seguir viviendo. La típica y tópica frase de «lo importante es llegar a contarlo», aquí se traslada a pedir «que lo contemos con dignidad», con nuestros derechos, siendo una gran verdad que deberíamos tatuarnos en nuestra mente.

¿Está la sociedad actual preparada para afrontar el cuidado de todas esas personas que llegan a una edad con necesidad de cuidados personales? Y más allá, ¿tiene el estado la infraestructura monetaria y moral, ante todo moral, para llevar esos cuidados a cabo como es debido?

Moríos se centra en el cuerpo y la mente, en las personas que llegan a una edad que necesitan de los demás, pero ante todo del sistema y de todo su entorno. La representación se realiza en un espacio neutro con lo aséptico y frío como protagonista. No desprende ningún calor humano, todo plasma la distancia que existe en la persona a cuidar y el cuidador, aunque este último no sea un enfoque como persona, más bien como el sistema y las leyes que nos rigen hoy en día por la vida que vivimos. También hay un equilibrio en el realismo y lo surrealista, como esa virgen que aparece para ser la voz de lo que unos quieren, que se piense en lo no tangible, y que las personas sean números casi sin nombre.

Reparto: Imma Colomer, Montse Colomer, Oriol Genís, Erol Ileri, Magda Puig, Arthur Rosenfeld, Piero Steiner / Enric Ases Creación: Cultura i Conflicte Dramaturgia: Anna Maria Ricart Codina Dirección: Joan Arqué

Recibe nuestra Bienvenida a La Estrategia Del Caracol. Puedes dejarnos un comentario si quieres.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.