Ya que queda muy poco para la nueva edición de Etnosur, del 18 al 21 de julio, desde La estrategia del caracol, queremos hacer un pequeño balance de lo acontecido en el pasado 2023, unas jornadas marcadas por la diversidad sonora y la energía.

Cuatro jornadas intensas, las que se vivieron en Etnosur 2023, y que aquí intentamos resumir, aunque sea tarde, y aportar lo que pudimos disfrutar, que ha sido una parte de la programación, porque realmente es tan extensa, y para una gran variedad de públicos, que es imposible abarcar todo. Aquí nos centramos en los conciertos, pero ya se sabe que Etnosur tiene circo, cine, literatura, charlas…

Nigeria es uno de los países que Etnosur ha elegido para traer más grupos al festival. De hecho, la inauguración fue con Ruth Mahogany and the ARB Music Band en la Plaza del Ayuntamiento. Con ritmos totalmente de su país nos invitan a bailar, a recrearnos y a viajar musicalmente a Nigeria. Emulan la trompeta y el saxofón con el teclado, una fusión de cultura propia y las tecnologías actuales. Un viaje desde Alcalá la Real a Lagos para deleitarnos de una musicalidad que fluye, que incita al público y que acoge en comunión a la banda y a los asistentes.

Posteriormente, la plaza se coloreó musicalmente y artísticamente, y eso que los nigerianos ya venían con ello de fábrica, pero El Instituto Mexicano del sonido estuvo arropado en todo momento de una pantalla de fondo con colores altamente sugerentes y vitales, como su música, con máscaras, animales y escenarios que nos trasladan a su tierra. No comenzamos el concierto, los mexicanos, liderados por Camino Lara, con sonidos que fueran exactos en estilos, entremezclaron músicas hasta llegar a la cumbia, a su estilo más relevante, y con un mundo mexicano muy marcado, acentuado por el trompetista. La plaza subió de decibelios cuando se atrevieron con una versión de Joe Crepúsculo, Mi fábrica de baile, pura invitación al baile, con una entonación y versión mucho más electrónica en voz y distorsión en música, con el público ávido de fiesta en el primer día de Etnosur. Camilo estuvo muy empático con los asistentes, gastando bromas, invitando y casi ordenando a que no nos perdiéramos a Minyo Crusaders. Despúes ya supimos la razón, y siguieron su concierto con más cumbias y ritmos pegadizos que iban acordes al fin de fiesta de la noche del jueves.

Las mañanas en el Paseo de la Alameda, los niños eran los protagonistas, un hervidero de los próximos, o actuales ya, seguidores del festival, bebiendo de la esencia del mismo desde la infancia, creando un caldo de cultivo de cultura. Todas las sesiones se han llenado, y eso que este año se había subido el número de ellas, así que como sugerencia, que nunca queja, no estaría mal que se siguiera aumentando en ese aspecto.

El primer concierto del viernes 14 fue para Dry Martina, mañana calurosa, pero público expectante y con muchas ganas de bailar con su swing, y todo lo demás. Energía, vitalidad y letras pegadizas son lo más característico de la cantante y su banda: saxo, trompeta, contrabajo, guitarra, y batería, y Martina acompaña de vez en cuando con diferentes estilos de maracas que armonizan su baile. Quizá, quizá una versión seguida de una canción de dejar al novio. No paró de bailar y de incitar al gentío a seguirla, con ritmos de mambos, ska, swing, soul y toques de jazz. Cerraron el concierto con una larga versión de Bailando de Alaska, hecha personal y auténtica.

Por la tarde Alcalá la Real era toda una fiesta. La música, bailes y pistolas de agua eran los protagonistas, con una multitud de gente bailando al son de cada DJ, de cada espacio, siendo algo que duró hasta la madrugada; en sí, eran unos conciertos destinados a un tipo de público. En estos días la población varía en cuanto a gustos y la organización es conocedora de ello, por lo que programa para que cada edad, cada persona pueda encontrar un lugar donde divertirse y vivir todo como una fiesta y en concordancia de otras personas.

Si el público esperaba expectante a Albert Pla, el hecho de que se subiera al escenario con Diego Cortés, guitarrista de flamenco, afamado, con quien se encuentra de gira teatral en estos momentos, y ello se notó en el escenario, la complicidad, el respeto mutuo, es darse espacio y pie en cada momento adecuado. La plaza estuvo en todo momento entregada a los dos artistas, coreando las letras de Albert Pla, disfrutando al máximo con los arranques de guitarra de Diego Cortés. No faltó su versión Soy Rebelde, con su doble sentido y con pequeños tintes rancheros que se enfatizan con la guitarra flamenca y la propia guitarra de Albert, subiendo el sonido del tema con la dualidad en guitarras. En solitario Diego nos regala una reinterpretación del concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, con una energía increíble que arranca los aplausos del gentío, para seguir con Entre dos aguas de Paco de Lucía que hace que su ritmo siga, si se podía más, ayudado por la tecnología y hacernos sentir que no estaba solo en el escenario. Este concierto estuvo coreado en todo momento mientras Albert Pla cantaba, temas ya míticos y que todos sabían. Finalizó el concierto con Joaquín el necio, haciendo corear a todos el estribillo.

La primera noche en el recinto ferial comenzó con la entrega del premio a Estrella Morente. El alcalde y los organizadores alabaron la labor de su padre en su día, de su apoyo desde los inicios, así como la contribución de toda la familia a la música. Estrella Morente eligió Con las bombas que tiran los fanfarrones, una alegría, como primer tema. Continuó con un tango jugueteando con el mantón al son de las palmas y guitarras y sintonizando con las mismas y la batería, deslizando su voz, su fuerza y su pasión por la música en cada estrofa. Vitoreó VIVA LA MÚSICA en varias ocasiones. Pocas presentaciones entre canción y canción, lo justo para los cambios de tercios y regalarnos una soleá de su padre, Tú vienes vendiendo flores, que fue con un solo guitarra, Pepe Montoyita, para continuar con una zambra de Antonio Carbonell. El público se vino totalmente arriba con El alto del cerro, tarareando toda la canción, sobre todo cuando Estrella pidió para retirarse que se lo cantasen suavemente. Volvió a las tablas con una versión de Volver, sensibilidad pura y dura que transmite con cada nota para erizarnos la piel. Su intervención en el festival acabó con un zapateado junto con todos sus acompañantes, más flamenco imposible.

Si te dicen que vas a ver en un escenario a unos japoneses cantando a ritmo de cumbia y reggae, no te lo creerías. Pero en Etnosur todo es posible: romper barreras y servirnos en bandeja, un viaje a otra cultura, a otra sonoridad, pero con ritmos muchos más cercanos como la cumbia, el reggae o afro beat, entre otros, es posible y así lo demostraron los nueve integrantes de Minyo Crusaders. Durante todo el concierto tuvieron guiños en su coreografía, a su cultura, ayudados por su indumentaria y terminando la actuación a capela, con sonidos totalmente tradicionales japoneses, un canto a la música y a su cultura sin dejar de lado la originalidad. Comenzaron con cumbias para pasar el reggae, afro beat, congas, rock y hasta toques de paso dobles, ¿quién da más? Todo un espectáculo musical de música, destacando los solos de vientos, y dando espacio al resto de componentes como los teclados, incluyendo algo de electrónica. Tuvieron ritmos muy africanos y voces que emulaban lo étnico. Nos contaron que Minyo es una canción para trabajadores y que ellos han retomado en el nombre y en el estilo, de hecho su arranque del concierto fue con una canción dedicada a los trabajadores con toques muy rockeros y abordes de paso doble dando paso a sonidos de cumbia; pura mezcolanza musical y escénica, incluyendo sonidos psicodélicos y electrónicos.

13 componentes de brass metal, QuerBeat, en el escenario que solo se pueden clasificar como brutales, todo un espectáculo con mayúsculas, que no queríamos que se fueran y ahí siguieron con los bises, dándonos más ritmos, más energía para continuar la noche. Diez instrumentos de viento en el escenario, acompañados de batería, guitarras y voz, todo compactado en una gran potencia sonora, donde el pop, el jazz, el rap o la música disco se daban de la mano y se entrelazaban en la misma canción. QuerBeat es la informalidad hecha música, pero con la elegancia de la coordinación, en música y en estética escénica, con sus bailes, con sus cambios de espacios de cada componente. Una gran banda de vientos que brilla en cada canción con la diversidad de colores musicales que impregnan a su música, y ojo que son más, pero aquí vinieron 13, nada más, y nada menos. Su música posee estos comienzos pegadizos para empatizar con el público, para incitar a bailar y tararear sus canciones. Y si la conexión con el recinto fue desde el minuto uno, más lo marcaron cuando se bajaron con el público, unas cajas para subirse con los instrumentos de viento, y arriba, teclado y xilófono. Un momento totalmente instrumental son sonidos étnicos y árabes. Uno de los grupos que más llegó al público en el festival, un deleite de show.

El sábado musical arrancó con Ara Queen os Drums es etnia pura, lo desprende con cada nota, con cada palabra y así nos lo demostraron. Totalmente, muestran tradición, en forma y fondo, para llegar a la gente con el poder de su verdad musical, de sus venas. Batería, bajos, teclados, timbales… y una puesta en escena magnífica, tanto estética como vocal. Llevándose al público a su terreno a cantar, lo que se podía, por supuesto, fue una implicación de tú a tú de principio a fin. Su música transitó entre el Afro Beats, los tambores tradicionales, el folklore nigeriano y mezclado con música totalmente alternativa.

El terremoto llegó al festival con la potencia, energía y alegría que emanó Héctor Guerra, que disparó sus sonidos andinos para ganarse poco a poco al público hasta llegar al pleno apogeo con las cumbias. Su música puede ser de lo más trascendental a lo más fiestera y así lo demostró durante más de una hora donde no paró de cantar, bailar y de lanzar invitaciones al público para subir al escenario, primero a los más pequeños, luego a aquellos que quisieran bailar cumbias y por último a los cumpleañeros como él que alcanzaba ese mismo día 33 primaveras, y de hacernos bailar a todos a medida que el concierto avanzaba. «Como andaluces nos fuimos hace diez años. Volvemos para hacerles bailar porque estamos vivos y esto es un sueño hecho realidad» y lo demostró con creces, insertando en sus canciones rap con ritmos bailables, funky… Tuvo una frase en la boca constantemente: Regálame una sonrisa, es más, a la mañana siguiente nos lo cruzamos y seguía con su eslogan y filosofía de vida. Andalucía estuvo presente en ese concierto con los punteos de guitarra que invocaban al flamenco por parte de Mar-P. Cariñito, cumbia peruana que versionó, fue de lo más seguido y cantado por todos y ahí llegó el perreo cósmico y el desenfreno total. Con Bomba de amor se bajó junto al público para pedir abrazos y energía positiva. El concierto terminó con «Todo está bien y viene mejor», single de su próximo disco que ya cantó a mitad de su show, porque Héctor Guerra no solo es música, es un espectáculo en sí mismo.

El dúo navarro Iseo & Dodosound fueron los encargados de abrir la noche del sábado en el Recinto Ferial. Arrancaron con Infinity con sonidos de música melódica armonizados por la electrónica, y Iseo en el fondo de la pantalla. Todo con ritmos suaves, pero con todos los vientos que llevaban de fondo. Durante todo el concierto, trompetas, flautas y saxos fueron acompañantes fundamentales junto a los teclados y la voz que empasta a la perfección. Reggae, funky, jazz y electrónica, entre muchos otros, se entrelaza en el escenario con un despliegue visual constante, desde lo real a la animación. Ritmos afros constantes y latinos in crescendo cuando la trompeta aparece. Ella acuna, endulza, y potencia las letras con su voz, delicadas, pero con firmeza, acompañada por una música cautivadora y que se ensalza con los vientos, y el recinto no deja de corear sus canciones, y era la primera vez que tocaban en Jaén. Nos hicieron disfrutar con una versión de Freedom, una de sus canciones más populares, y con Frozen Desert, que llevaron a la improvisación durante más de diez minutos. Dos temas de su primer disco, pero que contiene la esencia de la formación y así lo demostraron, con todo tipo de estilos, de ritmos y de no tener cortapisas al directo. Disfrutaron y lo traspasaban fuera del escenario, fue un deleite escuchar cada uno de sus temas, aderezado por los videos que transitaban por muchos colores, pero sobre todo el blanco y negro y el rojo. Dedicaron a Alcalá la Real la versión que tienen de Chan Chan de Compay Segundo, llevándose aún más al público a su bolsillo, a su musicalidad y a su energía escénica. Su colofón fue con Arigato, toda una declaración al festival y al público, canción que nos lleva por diferentes idiomas y culturas.

Presentado por sus compañeros como su excelentísima perversidad, Tito Ramírez saltó al escenario con fuerza, iniciando con ritmos cubanos y R&B, para seguir con rockabilly, rock blues, mambos y bugalú para terminar. Comenzó con fuerza, con potencia, pero fue de más a menos, incitando al público cuál lucifer, pero faltó algo para empastar público y escenario, quizá esa puesta en escena un tanto estática que, aunque quiso cambiar, al final no lució en demasía. Al igual que el ritmo entre canción y canción, frenético, sin presentaciones, pero sí interrupciones a mitad de canción que hacían que no disfrutáramos, por ejemplo del saxo barítono y trompeta que tanto destacan y se quedaban a medio gas.

AfrotroniX llamó la atención desde el minuto cero, su estética vanguardista, psicodélica y de futurista, concuerda en todo momento con lo que de fondo se está poniendo. Jugaron con la dualidad de la pantalla y el escenario, reflejando en video lo que quiere transmitir con cada canción, que no es otra cosa quedar una visión de África diferente, un mundo de comunidad, de paz… pero también con esa dualidad musical partiendo desde lo más propio de lo afro a lo electrónico, un viaje musical y cultural, comenzando con timbales, siguiendo con electrónica distorsionando voces, mucha percusión, utilizada e improvisación durante los primeros minutos por unos pequeños problemas técnicos, que no obviaron, pero de los que salieron solventes con su música en directo e improvisada totalmente. Modernidad y esencia de raíz a partes iguales, coordinación a raudales, étnica pero disco, electrónico, con gran percusión. Sus ritmos son un tributo y homenaje a su tierra, a sus raíces, imponiendo con gran naturalidad los avances, Alternando teclados electrónicos y guitarra. Buen final para dar paso al último concierto de la noche con We Are Not Dj´s

Y el cartel de este año 2024 es:

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