Cafunè es un pequeño, gran, cortometraje de animación digirido por Lorena Ares y Carlos F. de Vigo, con guion de Carlos, e historia de Chechu Ramírez. Es uno de los cortometrajes nominados dentro de la categoría Mejor cortometraje de animación en la edición de los Premios Goya 2025, que tendrán lugar mañana día 8 de febrero. Os dejamos una entrevista con Lorena Ares para poder conocer más un proyecto de siete minutos, que tiene dentro mucho de nuestra época y sociedad.

Alma, una niña solitaria, revive su traumático pasado cuando su muñeca cae a la piscina, arrastrándola al naufragio de la patera del que fue la única superviviente. Luna, su rescatadora, la ayuda a superar su trauma y reconstruir su vida.

Siempre hay un detonante para una profesión, ¿cuál fue el vuestro para introduciros en el mundo del cine?

Siempre me ha fascinado el cine, el teatro y la danza. De hecho, durante un tiempo me debatí entre el teatro musical y el cine. Pero si algo marcó mi camino hacia la animación fue mi 14 cumpleaños. De celebración con varias amigas, alquilamos dos películas (de esas de videoclub), y entre ellas estaba La Sirenita. Aquella película me cautivó por completo, me impactó especialmente que la protagonista pasaba la mayor parte del metraje sin pronunciar una sola palabra, y aun así, sus emociones se transmitían con una claridad absoluta a través de sus gestos e interpretación. El dibujo cobraba auténtica vida. En ese instante supe que eso era lo que quería hacer: dar vida a los dibujos.

Lorena Ares y Carlos F. de Vigo, dirección a dos manos, ¿Cómo surge este tándem?

Empezamos a trabajar juntos hace unos 16 años, y muy pronto nuestra relación profesional se convirtió también en una relación sentimental. A medida que colaborábamos en diferentes producciones, nos dimos cuenta de que compartíamos una visión artística muy similar.

Hace dos años, con Amanece la noche más larga, el cortometraje nominado al Goya, decidimos probar qué tal funcionábamos codirigiendo. Fue una experiencia enriquecedora, con sus inevitables debates y diferencias de criterio, pero nos convenció de que podíamos complementarnos bien en la dirección.

En una película de animación hay un volumen de trabajo enorme, y contar con dos personas en la dirección permite repartir mejor las tareas y hacer el proceso más ágil. No siempre es fácil coordinarse y encontrar un equilibrio, pero cuando se comparte una misma pasión y una forma de entender la narración, el esfuerzo merece la pena.

¿Cómo creáis Dr. Platypus & Ms. Wombat Studios y en qué dirección queréis trabajar?

Dr. Platypus & Ms. Wombat surge de un viaje que hicimos juntos a Australia. Nos fascinó su fauna, tan distinta a la europea, y allí redescubrimos dos animales que nos llamaron especialmente la atención: el ornitorrinco y el wombat. Nos encantó la idea de vincular nuestra identidad de estudio a criaturas inusuales, poco conocidas o incluso extintas. Así nació el nombre, con una sonoridad que nos gustaba y reflejando el hecho de que íbamos a dirigir el estudio juntos.

En cuanto a nuestra dirección creativa, lo que realmente nos mueve es contar historias. Historias de todo tipo, sin encasillarnos en un solo género. Nos apasiona el terror, la aventura, la comedia… pero siempre buscando maneras diferentes de narrar.

Además, tenemos una fuerte vocación tecnológica. Carlos lleva más de 20 años trabajando en proyectos de I+D con universidades de todo el mundo, y esa inquietud nos llevó a fundar Professor Octopus AI Lab, nuestra división de inteligencia artificial aplicada al audiovisual. No es algo que nos haya despertado la reciente popularización de la IA: llevamos ocho años investigando y explorando nuevos formatos narrativos. Nuestro objetivo es innovar y descubrir medios disruptores que nos permitan contar historias de formas nunca vistas. En definitiva, lo que más nos apasiona es investigar y narrar.

Cafunè corto de animación nominado para los Premios Goya ¿cuál es la semilla de este trabajo?

Cafunè nace de un cómic de dos páginas creado por Chechu Ramírez, uno de nuestros storyboardistas. Conocimos su trabajo durante los cursos ANIMATE, una iniciativa de formación que organizamos junto al Servicio Navarro de Empleo, SODENA y el Clúster Audiovisual de Navarra.

Un día, Chechu nos mostró este cómic, inspirado en un relato breve. Nos conmovió profundamente: narraba la historia de una niña que, tras recibir un balonazo en una piscina, revivía el momento en que su patera naufraga y pierde a su madre. La potencia emocional de la historia nos atrapó de inmediato.

Decidimos adaptarlo al cortometraje, respetando su esencia, pero añadiendo un final más esperanzador, en el que la niña encuentra apoyo en su madre de acogida. Queríamos reflejar no solo el dolor del pasado, sino también la posibilidad de sanar el trauma con amor y comprensión.

¿De dónde surge el título, y si siempre fue el mismo o nació con otro nombre?

El cortometraje nació a partir del cómic de Chechu Ramírez, que tenía otro título inspirado en un poema de Lorca: “Y el mar recordó sus nombres”. Sin embargo, queríamos un nombre más conciso y evocador, que capturase la emoción central de la historia.

Elegimos Cafunè, una palabra portuguesa que describe el gesto de acariciar el pelo de alguien a quien quieres mientras se queda dormido. Nos pareció perfecta porque transmite esa sensación de intimidad, calma y bienestar que queríamos plasmar en el corto.

A partir de ahí, empezamos a trabajar también en la simbología del cabello de la protagonista: su pelo se descontrola en los momentos de mayor angustia, pero se suaviza cuando recibe cariño. Cafunè no solo sonaba bonito, sino que encapsulaba todo lo que queríamos contar.

El cortometraje está grabado en animación 2d, y que siempre habéis pensado en rodarlo así, ¿en qué hubiera cambiado si hubiera sido en otro formato?

Nos apasiona investigar y explorar cuál es el formato más adecuado para cada historia. En el caso de Cafunè, la animación 2D nos ofrecía una libertad que otros formatos no nos daban. Somos de la opinión de que cuanta más tecnología intermedia hay entre el artista y el resultado final, más difícil es preservar esa huella humana, esa gestualidad tan orgánica que buscábamos para el corto.

La historia de Cafunè gira en torno a un gesto: la caricia. Queríamos que la animación transmitiera esa suavidad, esa calidez gestual, y el 2D nos permitía plasmarlo con mayor expresividad. El 3D habría requerido más presupuesto y un equipo más amplio, y en stop motion también habría sido complejo, además de que no es nuestra especialidad.

Si hubiéramos optado por imagen real, la historia habría resultado demasiado dura visualmente, especialmente en las escenas del naufragio. Con la animación, en cambio, pudimos crear una dirección artística amable y delicada, que suavizara el impacto visual sin restarle profundidad. En contraste, nuestro corto anterior, Amanece la noche más larga, tenía un estilo más feísta porque lo requería la historia. En Cafunè, en cambio, buscamos un trazo más cálido y envolvente, que acompañara la emoción sin que la dureza del relato se volviera insoportable.

También me gustaría saber si en algún momento hubo el planteamiento de basar la historia en la adolescencia o etapa adulta

Nunca nos planteamos cambiar la edad de la protagonista. Desde el principio, tanto en el cómic original de Chechu Ramírez como en nuestra adaptación, la historia giraba en torno a una niña de 5 o 6 años y su madre de acogida.

Creemos que la inocencia de la infancia permite una conexión más inmediata con el espectador. Es más fácil empatizar con un niño y percibir la vulnerabilidad de su experiencia. Al final, lo que queremos transmitir con Cafunè es que, detrás de las cifras y estadísticas terribles que vemos a diario, hay personas reales, seres individuales que sufren traumas profundos y duraderos. La mirada infantil nos permite contar esta historia con mayor sensibilidad y sin perder su impacto emocional.

Después de visualizar el corto me resaltan dos palabras, amor y empatía, ¿no sé si en parte es lo que buscabais?

Cafunè es, ante todo, una historia de amor. Amor al prójimo, a la humanidad, a quienes han sufrido y necesitan ser vistos. Queríamos que el público volviera a empatizar con una realidad de la que muchas veces estamos anestesiados por la frialdad de los números y las estadísticas.

Por eso nos alegra que resaltes las palabras ‘amor’ y ‘empatía’, porque es exactamente lo que queríamos transmitir. Cafunè es ese gesto de cariño desinteresado, de buscar el bienestar del otro. No es un acto para uno mismo, sino para reconfortar al otro. Y en ese gesto hay una profunda empatía, que es lo que necesitamos recuperar como sociedad

¿Qué queríais plasmar con Cafunè y si el feedback del público está siendo en ese sentido el mismo?

Con Cafunè queríamos romper esa anestesia emocional que nos provoca la sobreexposición a noticias sobre migración. Llevamos años escuchando cifras y estadísticas sobre naufragios, pateras y desplazamientos forzados, pero a menudo hemos dejado de ver a las personas detrás de esos números.

El feedback que estamos recibiendo nos confirma que el corto está logrando su propósito. Muchas personas nos han dicho: ‘Me habéis hecho pensar, me he dado cuenta de que ya no registraba esta realidad como debería’. Y eso es lo que buscábamos.

También era fundamental para nosotros que Cafunè no tuviera una lectura política. No se trata de ideologías ni de debates partidistas, sino de recordar que quienes emprenden un viaje tan extremo lo hacen porque no tienen otra opción. Nadie se lanza al mar con su familia en una patera si no está huyendo de algo mucho peor. Queríamos poner en primer plano esa realidad y devolverle su dimensión humana.

¿Cómo ha sido el trabajo de la animación?

El proceso de animación de Cafunè ha sido intenso y complejo, con tres años de trabajo y la implicación de un gran equipo.

Todo comenzó con el story, en el que trabajamos durante varios meses con Chechu Ramírez, creador del cómic original. Luego pasamos a la fase de layout, donde se definen los encuadres y la animación base. Justo en ese momento, nuestro equipo de animadores venía de trabajar en Tiny Toons Looniversity para HBO Max, así que la transición hacia el cortometraje fue bastante fluida.

Uno de los mayores retos fue la búsqueda del estilo gráfico. Queríamos una línea muy expresiva y un acabado pictórico, pero tras varios meses nos dimos cuenta de que la dirección artística inicial no funcionaba. Decidimos replantearlo desde cero, hasta que dimos con el enfoque adecuado gracias a la intervención de los hermanos Grangel en el diseño de personajes, unos grandes de la industria internacional; y de Almu Redondo, artista excepcional ganadora de un Emmy.

Para el ink & color, contamos con un equipo increíble procedente de la Universidad CreaNavarra y el Club de Marketing de Navarra, supervisado por nuestro estudio. Y finalmente, la fase de composición, liderada por Marcos García, nuestro director de fotografía –al que cariñosamente llamamos ‘el suricato de Platypus & Wombat’–, fue clave para dar cohesión visual al proyecto.

En animación, la imagen final nunca es exactamente como la imaginaste al principio, pero tras mucho esfuerzo conseguimos el acabado que queríamos. Fue un proceso duro, pero estamos muy orgullosos del resultado.

¿Qué ha sido lo más fácil y lo más complicado a la hora de llevar a cabo el trabajo?

Lo más fácil, sin duda, ha sido trabajar con nuestro equipo. Ellos nos entienden, tienen paciencia con nosotros y, lo más importante, nos acompañan en cada paso del proceso. Es un equipo que sabe escuchar e interpretar nuestras ideas, y eso hace que todo fluya más naturalmente.

Lo más complicado, sin embargo, fue encontrar ese estilo final, ese final frame que visualmente nos representara y que transmitiera la emoción que queríamos. Tuvimos que pelear bastante, supervisando el arte con varias personas, hasta que por fin encontramos el camino.

Proyecto premiado y avalado por Amnistía Internacional, ¿qué significa este reconocimiento para vosotros?

El reconocimiento de Amnistía Internacional fue sumamente importante para nosotros. Estamos abordando un tema delicado, muy complejo, que requiere un enfoque muy cuidadoso para no herir sensibilidades. El hecho de que Amnistía Internacional nos haya avalado, que nos haya dado su sello, fue un respaldo crucial. Fue como esa ‘patada de ahora sí’, como si nos dijeran, ‘lo estáis haciendo bien’. Ese respaldo nos dio la confianza para continuar con el proyecto y contarlo con la certeza de que estábamos en el camino correcto.

¿Nos podéis contar como está siendo este viaje emocional con el cortometraje, y todo su paso por los festivales?

Estamos profundamente emocionados por el recorrido que ha tenido Cafuné. En menos de un año, el cortometraje ha pasado por más de 140 festivales, obteniendo varios premios destacados. Los galardones más significativos para nosotros han sido el de la Mención Especial en el Festival de Málaga y el Premio Loterías en el Festival de San Sebastián. Además, la nominación al Goya ha sido un honor que nos llena de orgullo. Lo más gratificante de todo este proceso es ver cómo, después de tantos años de trabajo, la película está siendo recibida tan positivamente. Ver que Cafuné está funcionando tanto a nivel nacional como internacional, con premios en países como Rusia y Armenia, nos confirma que nuestra historia está conectando con la gente de una manera universal.

Carlos y yo estamos actualmente muy enfocados en la dirección de nuestro largometraje, por lo que no hemos podido asistir a la mayoría de los festivales. Sin embargo, el solo hecho de que Cafuné haya llegado tan lejos y haya sido tan bien recibido es todo un privilegio.

En vuestros trabajos están implícitos el miedo, la infancia, la humanidad en general. ¿Por qué estos aspectos, entre otros, como base, para contar historias?

En nuestros trabajos, siempre abordamos temas que nos preocupan profundamente. Creemos que estamos viviendo en una era de grandes cambios, una era donde, paradojalmente, la humanidad se está individualizando cada vez más. La conexión virtual va reemplazando la interacción analógica, cara a cara, lo que genera una desconexión entre las personas. Este fenómeno, a su vez, está relacionado con el miedo, que es un tema recurrente en nuestros proyectos.

En nuestros cortometrajes, como Amanece y Cafuné, tocamos estos aspectos, porque son temas que, en cierta forma, emergen cuando tratamos de explorar la humanidad en sus diferentes formas. Ambos cortos forman parte de una tetralogía, que continúa con Skizo y Tesla, y que explora el cambio de era desde distintas perspectivas.

En Amanece lo vemos desde un enfoque macro, como una galería de pinturas al óleo en la que el espectador observa lo que está ocurriendo en el mundo y debe decidir si toma partido o no. Es un análisis racional de la situación. En Cafuné, nos centramos en lo emocional, mostrándole al espectador que, aunque el mundo esté mal, con grandes y pequeños gestos de amabilidad y empatía, podemos mejorar la vida de los demás.

En Skizo abordamos el origen de la maldad y cómo esta pervierte la sociedad, mientras que Tesla reflexiona sobre el arrepentimiento, ese sentimiento de no haber tomado una decisión a tiempo. Todos estos cortometrajes, aunque abordan temas diferentes, comparten una misma visión sobre el momento histórico que vivimos.

¿Próximos trabajos?

Actualmente, estamos inmersos en varios proyectos emocionantes. En primer lugar, estamos trabajando en la producción de un largometraje de animación 3D para público familiar titulado DinoGames. Es una coproducción entre España y Bélgica, y tenemos un equipo espectacular. El diseño de personajes está a cargo de Estudios Grangel, conocidos por su trabajo en películas como La Novia Cadáver, Hotel Transilvania y Madagascar, quienes también participaron en Cafuné. Esperamos tener la película lista para finales de 2026.

Además, seguimos avanzando con el tercer cortometraje de nuestra tetralogía, Skizo, que es una animación 2D. En este proyecto, estamos implementando un nuevo flujo de trabajo tecnológico para agilizar los procesos, y estamos probando el rodaje en plató virtual, lo cual nos entusiasma mucho.

También estamos trabajando en otro cortometraje más pequeño, Ega y Evariste, que tiene un enfoque más infantil y explora las relaciones intergeneracionales entre niños y abuelos.

A la par, estamos muy volcados en nuestro Laboratorio de Inteligencia Artificial, Profesor Octopus, donde estamos llevando a cabo una gran cantidad de proyectos, no solo en el ámbito audiovisual, sino también en diversas industrias. En particular, estamos desarrollando Emotional Films, un concepto innovador de largometrajes o productos audiovisuales que cambian en tiempo real según el espectador, teniendo en cuenta factores como su expresión facial, edad, geolocalización o emociones.

Estos son los proyectos más inmediatos en los que estamos trabajando, aunque hay más cosas en el horizonte. La intersección entre la tecnología y las emociones está abriendo nuevas puertas para nosotros.

¿Un sueño por cumplir?

Si hablamos de sueños por cumplir, la nominación a los Goya ya es un gran logro, pero ahora mismo el sueño sería conseguir el Goya y, por qué no, llegar a la Shortlist de los Oscars. Eso sería increíble, pero ya veremos qué sucede. Sin embargo, más allá de eso, tanto Carlos como yo tenemos el sueño de crear un formato innovador, algo que nos permita narrar historias de una manera completamente diferente y que, ojalá, revolucione el mundo del cine. Eso es lo que más nos motiva en este momento.

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