Fotos de Lurdes Basolí
Tracy Sirés Neal llega con su trabajo, Peace and Gold, con siete canciones tan íntimas como universales, con una sonoridad -desde el folk y el pop armonizado por otros estilos en lo que indaga- que nos refleja sentimientos puros. Acordes simples y profundos desde la guitarra principalmente, la cual es la gran aliada de Tracy en cada una de las composiciones, que declara que son tremendamente personales y sanadoras para ella. Aquí una pequeña entrevista donde nos habla de su música y de Peace and Gold.
De gestora cultural a estar del otro lado, en la posición de artistas, ¿cómo das ese giro?
Más que un giro, fue una necesidad. Durante el confinamiento tuve miedo, un miedo profundo, existencial. Pensaba que el mundo se iba a la mierda y que yo iba a morir. Me pregunté: Si me voy, ¿qué me arrepentiría de no haber hecho? Y la respuesta fue inmediata: dedicarme de verdad a la música.
Hasta entonces, la vida—el trabajo, la maternidad, la familia—había ocupado todo el espacio. Son proyectos inmensos y hermosos, pero la música siempre había estado ahí, en un segundo plano. En mi casa siempre hemos sido muy musicales, pero nunca me había expuesto de esta manera. Sentí que ya no podía seguir postergándolo.
¿Pros y contras de haber estado al otro lado en el sector musical?
No me siento completamente en el «otro lado». Vengo de las artes escénicas—teatro, danza, circo—más que de la música. Pero desde mi trabajo en el Teatre Auditori de Granollers, veo de cerca cómo funciona el sector y lo difícil que es conseguir conciertos.
Los pros: entiendo la industria, sé cómo se mueve todo.
Los contras: exactamente lo mismo. Entenderlo me ayuda, pero a la vez me bloquea. Cuando me pongo el «sombrero» de artista, me cuesta trazar una estrategia, venderme. Y eso me incomoda. En casa del herrero, cuchillo de palo. Me da pereza y, en el poco tiempo que tengo, lo único que quiero es cantar y componer.
¿Qué significa para ti la música?
Libertad. Es mi refugio, mi manera de entenderme y de procesar lo que me pasa. Es terapéutica. A veces me pregunto si siento esa libertad porque no dependo económicamente de la música. Pero luego veo a artistas que sí dependen de ella y que siguen siendo auténticos. No sé, lo que sí sé es que, cuando compongo, me siento libre.

Acabas de publicar tu segundo trabajo, Peace and gold, ¿desde dónde nace este disco?
Este disco nace de una separación y de un proceso de duelo. De mucho dolor. De una ruptura, de no entender qué le pasa al otro, de una crisis brutal. Y todo eso realmente lo he podido sacar a través de la música. Mis momentos más terapéuticos han sido aquí en casa, con mi guitarra y mis canciones. Simplemente sacándolo todo de dentro, sin filtros, sin pensar demasiado. Es un disco que recorre todas esas fases hasta llegar a un lugar de paz y transformación. Por eso se llama Peace and Gold, como símbolo de aceptación y aprendizaje.
¿Qué quieres transmitir con tu música y composiciones de este disco?
Que el dolor no se puede evitar, hay que aceptarlo. Todo es movimiento, y en medio de las fisuras, cuando sientes que tocas fondo, si sigues bajando y bajando… de repente, pum, aparece la luz. Si solo bajas un poco, te quedas en la oscuridad.
Quería mirarme en el espejo y mostrar lo que hay, sin trampas. Por eso la portada es un retrato, donde hay una expresión que invita a pensar. Es un rostro en paz, después de una tormenta. Hicimos un proceso muy bonito con Lurdes Basolí, la fotógrafa, es una artista y me gusta su criterio y mirada.
Guillem Callejón en la producción, ¿cómo entra a formar parte del proyecto?
En el primer disco, Haiku Love, Guillem me acompañó en los directos. Me encanta su sensibilidad musical y su manera de trabajar. Me animó a seguir, me dio confianza para tocar la guitarra en directo, algo que no todo el mundo haría. Quiso que el proceso fuera lo más auténtico posible.
Queríamos que Antonio Sánchez, que también me ha acompañado en los directos, tuviera un papel central en este disco. La idea era capturar la esencia del directo. Menos es más.
Del primer disco a este veo que hay una luminosidad distinta en las letras, aunque dices mostrar las fases de un duelo, pero las veo más vitales en sonido, hay más mezcla de estilos, pero sin perder la personalidad, ¿querías indagar en otros sonidos?
Esto que comentas, también me lo han comentado antes. ¿Podría ser que esta luminosidad, no es porque hay más verdad o más intensidad emocional?
Creo que para mí el segundo disco es una evolución, un paso más… Hay cierta maduración…Al final, la música es un reflejo de lo que somos. Creo que no era tanto una cuestión de querer explorar nuevos horizontes, sino que tenía muchas ganas de ser yo. No tenía en mente ningún estilo en concreto. Lo que realmente quería era que el disco sonara más auténtico, más honesto, más real. Lo más fiel a mí.
Aquí también estás con la guitarra, que según he leído para ti es importante, ¿Cómo decides que en el segundo disco sea parte de ti misma, de tu esencia?
La guitarra ha sido un elemento clave en este disco. Hemos jugado mucho con las guitarras, el pedal de Guillem, pero también con la mía. La guitarra para mí es fundamental porque es como compongo, es mi pequeño refugio. Quizás en este disco le he querido dar un papel más protagonista, porque así es como nacen mis canciones.


Podríamos pensar dicho lo anterior que compones con la guitarra, pero no sé si es así, ¿cómo es tu forma de componer?
Siempre empieza con la guitarra. Me siento, toco y dejo que fluya. No pienso: Voy a escribir sobre esto. Simplemente toco, canto sin entender lo que digo, y poco a poco las palabras empiezan a cobrar sentido. Es como caminar a ciegas y descubrir el camino sobre la marcha.
Cuando arranca, se acelera: las melodías encajan, la estructura se construye casi sola y, en unas horas, la canción está ahí. La acepto tal como es, sin forzarla demasiado.
Mis letras son directas, sin demasiada poesía. Me gustaría trabajar más la parte literaria, jugar más con las palabras. Pero, por ahora, las canciones me salen así, con inmediatez.
A veces, cuando escucho mis discos, me pregunto: ¿Cómo lo he hecho? Y me entra vértigo, porque realmente no lo sé.
Dices que para ti la música es sanadora, y entiendo que sí, cuando hablas en este disco del proceso del duelo, pero además comentas que componiendo te has conocido más a ti misma, ¿qué es lo que más te ha sorprendido descubrir de ti?
Que tenía pánico a la soledad. Miedo al vacío.
Y lo más irónico es que, cuando por fin estuve sola, conecté conmigo misma. Descubrí que canto, que tengo melodías dentro de mí. Necesitaba sacar la tristeza, la rabia, todo eso que había estado reprimiendo.
Me costó mucho aceptar la realidad. Me resistí durante demasiado tiempo. Y ahora, en cambio, siento que quizás tengo demasiadas ganas de ver las cosas tal como son.
Pero claro, la realidad a veces es muy dura. Es fácil caer en la idealización, en pensar que todo está bien cuando en realidad no lo está.
¿Cuáles son tus referentes musicales?
Joni Mitchell, Laura Marling y, en los últimos años, Madison Cunningham. Madison me tiene fascinada. Es una guitarrista increíble, canta increíble y escribe con una verdad que me atrapa.
Las tres tienen ese equilibrio perfecto entre melodía, letras y guitarra. Pero si tuviera que elegir una, sería Madison. Su forma de construir melodías y letras es brillante.
¿Un sueño por cumplir?
¡Uff! No lo sé… Ahora mismo no tengo grandes expectativas. Me siento como muy satisfecha, en paz. Pero si puedo soñar a lo grande… Me encantaría hacer una residencia de creación con Madison Cunningham, aprender de ella, componer juntas. Ya ves, yo soñando a lo bestia.
Créditos técnicos:
Música, letra, voz y guitarras: Tracy Sirés Neal.
Guitarras, pedal steel, bajo, sintetizadores, programación y producción: Guillem Callejon.
Percusión y efectos: Antonio Sànchez.
Grabado en el Estudi Tres Ceps por Guillem Callejon y Provença 115 por Joel Condal.
Mezclas: Joel Condal.
Fotografía: Lurdes Basolí
