Hay una mirada limpia en Portales, y una mirada que imagina y dibuja transitando por lo más vanguardista visualmente, una navegación de postales, de casi diapositivas que sobrevuelan por la lente de la directora.
Portales está rodada en 16mm, y es una película que se encuentra entre las aguas del tono documental y la animación. Elena Duque ha dibujado un recorrido por el cauce del río Guadalete, en Cádiz. Un rodaje que nos lleva desde la parte más natural, mostrándonos ríos, fauna y flora, y terminando en El Puerto de Santa María, en un enclave con su propio deterioro de algo que fue imagen de la ciudad.
Portales contiene una animación casi artesanal, y con una gran simbología, juega con esas postales/imágenes a veces en movimiento y a veces en una quietud. Todo armonizado con el sonido ambiente, donde es principal protagonista el agua, y después todo lo que rodea a esos movimientos de los cauces que nos muestra. En los 16 minutos de metraje solo hay una canción, Carceleras del Puerto de Antoñita Peñuela, es la única voz que resuena en la cinta.




Elena Duque presentó Portales en la Berlinale, dentro de la sección Berlinale Forum Expanded – la parte más experimental del festival- y mañana día 26 de febrero es protagonista en Punto de Vista, Festival Internacional del Cine Documental de Navarra, dentro de la sección oficial, en el programa 6 junto con las cintas Imágenes para Nina y el árbol y Cambium. Tres propuestas donde la naturaleza es protagonista.
La directora lleva 12 años abordando la naturaleza, lo cotidiano, por medio de once cortometrajes, y este es el que más metraje posee. Ha viajado por Galicia, por Asturias, e incluso parado Madrid, donde la naturaleza no es protagonista, pero sí sus ventanas, esa parte más urbanita, pero Elena busca mucho más la tierra y la naturaleza en sus trabajos. Portales bien podía ser una extensión del que hizo del río Guadalete con Menta y Canela, en Sevilla. Ahora baja a Cádiz, y aunque no se conozca la zona, lo bueno que tiene la realizadora es que ha ido dejando fotos de los nombres por donde pasa su cámara y mira inquieta, revelando el avance tanto del agua como del tiempo.

Porque efectivamente el tiempo en sí, es otro protagonista más de Portales, ver como zonas, edificios pierden su identidad, y el vacío y deterioro es su característica, es algo esencial de lo que desea plasmar en la cinta, la evolución y la involución al mismo tiempo. El realizarlo por medio de la animación nos hace viajar por medio de metáforas de lo que fue a lo que hoy en día es, o que muchos quisieran que fuera, al mismo tiempo que otras imágenes realizan una mirada nostálgica ante esa foto o instante recreado.
Portales tiene un cierto tono hipnótico que impacta en la retina, dejando huella de esos paisajes y lugares por los que la mirada de la directora ha pasado, y donde el trazo de la animación ha buscado reflejar mucho más de lo que se ve a primera vista.

