XLII del Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÁS). Ayuntamiento de Sevilla. Fotógrafo: Lolo Vasco

Unas 260 personas acudieron la noche del domingo treinta de marzo al teatro Alameda en Sevilla, para hacer un viaje sensorial a la esencia de los Castrati de la mano del contratenor Manuel Ruiz (Córdoba), que nos deleitó con una selección de arias de Scarlatti, Handel y Vivaldi en el espectáculo ‘Il primo uomo’ (El primer hombre) que estaba programado dentro de la edición XLII del Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÁS).

Il primo uomo comenzó puntual, cosa que se agradece, y lo abrió la formación de cámara Iliber Ensamble, que está compuesta por tres primeros violines, tres segundos violines, dos violas, un violonchelo, un contrabajo, una tiorba y un clave que se encarga de tocar el propio director alternando con la dirección de la formación. Una gran dirección de Darío Tamayo, que supo llevar a la perfección al buen conjunto de músicos.

Se abrió el telón del Teatro de La Alameda y, antes nuestros ojos, se nos presentaba un escenario presidido por una larga mesa, en diagonal, presidida por una silla de respaldo alto, cubierta y atada por una tela y una cuerda de color rojo Caprile. La mesa estaba también cubierta con la misma tela, hasta el suelo, y parte del suelo del escenario también presenta la misma tela.

Apareció en el escenario por su parte derecha y muy lentamente el contratenor, totalmente vestido de rojo, de pies a cabeza, luciendo un cuello con volúmenes que le cubre la cabeza, dejando al descubierto solamente su rostro.

XLII del Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÁS). Ayuntamiento de Sevilla. Fotógrafo: Lolo Vasco

En toda la puesta en escena, a cargo de Antonio Ruiz, el vestuario y la iluminación eran de color rojo y blanco. El decorado escueto y sobrio, y llamativo a la vez, por los tonos rojos, en el que destaca la larga mesa, mencionada anteriormente, que hace la función de vestuario, ya que en los distintos cambios que se hacen durante la pieza algunos de ellos se realizan allí mismo, detrás de la mesa ante el público, haciendo toda la obra mucho más cercana, a la par que sencilla. No hay una búsqueda de la pomposidad, más bien todo lo contrario, sencillez para que resalte mucho más la interpretación del contratenor y la formación de cámara, y así todo termina encajando: música, actuación, vestuario y escenografía.

Manuel Ruiz sabe aprovechar esa sobriedad de escenario y esa mesa en todo momento. De hecho, en un momento de la representación se sirve de la mesa como tarima a la que se sube a cantar e introduce una parte de coreografía con un gran lenguaje gestual, con los brazos y manos, que recuerda al lenguaje de signos ensalzando su actuación, fue algo que vi como un gran acierto y muy llamativo. Esa parte fue de gran belleza sonora y visual.

La iluminación, también en tonos rojos y blancos, a juego con el vestuario y el escenario, consiguió unos buenos juegos de sombras y remarcaba los perfiles del rostro y vestuario, haciendo más intensa la puesta en escena de la pieza.

XLII del Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÁS). Ayuntamiento de Sevilla. Fotógrafo: Lolo Vasco

El vestuario confeccionado con telas con buena caída y con una creación holgada -con cola en el caso del rojo- permite al contratenor hacer del movimiento de las telas una parte más de la coreografía. El vestuario que corrió a cargo de Pablo Árbol se realizó enteramente con tejidos rojos y blancos, con algunos complementos plateados y un tocado de plumas blancas.

En la parte final de la pieza pudimos disfrutar de un momento mágico cuando el contratenor se cubre la cabeza con un velo blanco que movió con soltura sobre su rostro, consiguiendo un efecto verdaderamente sobrecogedor.

Hay momentos durante la pieza en los que el contratenor canta sentado o tumbado sobre el suelo sin notarse ninguna variación en el tono. Algo que es de agradecer dada la dificultad, ya que la posición del diafragma no es la ideal para ese desempeño.

En definitiva, todos disfrutamos de una gran representación, que nos mantuvo absortos casi los noventa minutos que duró Il primo uomo. Empecé y terminé el espectáculo en la misma postura y eso para una persona que padece del síndrome de piernas inquietas significa que la atención puesta fue constante e intensa; no huevo tregua más que para el disfrute de la actuación de Iliber Ensamble y Manuel Ruiz en el Teatro Alameda, y para que el final de la representación se celebrara con una gran ovación y el público puesto en pie.

Texto de Jesús López Barahona

MANUEL RUIZ, contratenor
CARLOS MENA, dirección musical
ANTONIO RUZ, dirección de escena
Íliber Ensemble, formación musical
PABLO ÁRBOL, diseño de vestuario
OLGA GARCÍA, diseño de iluminación
ARA GARCÍA, maquillaje y peluquería
PILAR VARO Y MAGDALENA MADUEÑO, producción
ÁNGELA GENTIL, comunicación

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