Como si de un cuento se tratase Ana Asensio nos presenta a una niña que no vive acorde con la sociedad de ese momento, como muchas otras, y que refleja la necesidad de investigar sin la necesidad de imposiciones. No hay alardes ni artificios en la cinta, todo se plasma con naturalidad y es un ejemplo de esas propuestas que llegan y transmiten con la mera interpretación y la sencillez de lo narrado.
Corren los años 80 y Elena a su corta edad se tiene que enfrentar a diferentes situaciones muy nuevas para ella, la muerte de su abuela, hacer la primera comunión, conocer a gente nueva e ir siendo consciente de cómo es la convivencia su hogar. Ella no conoce de diferencias sociales, solo de empatía y de la necesidad de explorar más allá de sus cuatro paredes.
La curiosidad es uno de los leitmotiv de La niña de la cabra, más allá del título y que podamos pensar que todo gira en torno a esas dos niñas, hay una mirada inquieta ante diversos acontecimientos, la religión ante todo, y cómo desde una mirada neutra y desafiante se muestran las preguntas que una niña de 8 años se puede hacer ante un acto impuesto y no deseado. Frente a ese no deseo, vemos el anhelo por querer recordar las pérdidas y buscar inquietudes en la novedad, más allá de lo diferente, indagar en personas que aporten nuevas experiencias a su vida. Todo con la total vitalidad en la mirada de la infancia, de no tener filtro ante las acciones, algo que empuja a vivir todo desde la inocencia que aporta mucho más que el asentir a todo lo impuesto.

La sociedad en sí está también retratada en la película, con esos tonos ocres en los interiores, y la familia trabajadora e intentando salir adelante con un modelo establecido, las creencias impuestas y la mujer con un poder de decisión no demasiado boyante, aunque aquí parece que todo quiere cambiar, aunque lentamente.
Además, están retratados los miedos a lo diferente, y al clasismo, algo contemplado desde los adultos, nunca desde los niños, pero sí que es verdad que se ve plasmado en ellos mismos en las situaciones escolares. Y esto lo matiza la directora muy bien desde lo vivido en la familia y extrapolado a los hijos, esas diferencias que se marcan entre compañeras y un cierto toque de bullying, de hoy en día al que en su momento no se daba importancia. El personaje de Elena lentamente, a medida que avanza el guion, va rompiendo esas normas, casi obligatorias, y con una indisciplina natural va quitando capas de lo que le es impuesto, y al mismo tiempo busca una paz interior que no encuentra en su casa, donde la indiferencia es la norma entre sus progenitores.
La aventura es protagonista durante el tramo de la película, buscando la individualidad e imaginación en sus personajes principales, esas dos niñas que intercambian muñeca por pulseras en un acto de amistad, sin prejuicios ni egoísmo en sus actos, solo el hecho de estar en una edad donde el desconocimiento da apertura de mentes sin pensar en lo que les rodea, solo su intuición.
Realmente La niña de la cabra es un retrato de una sociedad y época, y una indagación de cómo encontrar y aportar amor en todos los ámbitos de la vida de una persona.

