Los cortos, cortos, son ese arte que no siempre se encuentra, pero Alberto Lobelle nos dará la oportunidad en el Festival de Cans de poder ver su último trabajo, As entrañas saben o que a razon non entende; poco más de cinco minutos, para mostrarnos lo cotidiano, en un plano fijo, y donde el director ha dejado pasar la vida en pocos minutos y ver qué nos puede enseñar.
El Monte Pindo está siendo observado; 627 metros de altura a escasos dos kilómetros del mar son el foco de lo grabado, sin mayores pretensiones de ver cómo el tiempo pasa frente a sus laderas y cómo una cámara fija deja ver que una grabación azarosa acaba siendo toda una experiencia vital. Una imagen que dio a la intuición la razón.
Es bueno simplificar para poder también transmitir a veces, igual, más profundidad. Es una virtud ser sencillo.
¿Cómo nació tu pasión por el cine, por la dirección? No sé, es difícil la pregunta, o la respuesta más que la pregunta. Sí que me acuerdo de ver mucho cine cuando era pequeño con mi abuelo, cuando ponían un cine muy guay en la primera y en la dos, de cine clásico. Me acuerdo de ver mogollón de cosas que molaban, y después, más adelante, decir: «No, si esto yo lo había visto ya y tal». Pero después, cuando era adolescente, como el cine que había no me llamaba nada. Yo iba para ingeniero, dejé la carrera por la mitad y después empecé a ver más cine de nuevo y me di cuenta un poco de que lo que se ponía en la tele a mí no me decía gran cosa, pero que sí que había mucho cine que sí que me molaba y me pareció un medio de expresión muy interesante, para aprender, descubrir y mostrar también otro tipo de realidades y expresar también los niveles de matices que hay también en la vida, que creo que es para lo que sirve muchas veces el arte.
¿Y si te preguntara qué es lo que quiere contar Alberto con su cine? Bueno, a lo mejor no es contar, sino mostrar. Sí, a mí me gusta mostrar, o por lo menos la intención de que si nos dejamos llevar por las cosas y nos paramos a observar, el mundo nos puede regalar mucho, mucha belleza, misterio e incluso ciertas respuestas para vivir de manera, no sé, más tranquila, mejor relacionada con el entorno, con los otros. Me parece que es una herramienta también de búsqueda y de encontrar un lugar en el mundo en cierta forma.
El Monte Pindo de fondo, el agua moviéndose, que parece que nos acuna, las nubes que nos hacen viajar alto; parece casi un cuadro en movimiento, pero con el monte fijo, protagonista, y cuando piensas que solo el director está retratando la naturaleza, comienza una conversación y, además, una barca avanza al paso del vaivén del oleaje… Realmente As entrañas saben o que a razón non entende, es cautivadora en su duración, te embauca en su sencillez y en la naturalidad de esa conversación que no te esperas, y que está de voz de fondo aderezando el paisaje.
Este trabajo nace de casualidad, porque yo estaba buscando localizaciones para otro trabajo, y con el tiempo lo ha rescatado. Estaba probando incluso también con los formatos de grabación, porque, por un lado, no tenía muy claro cómo grabar también el monte, pero me parecía que en panorámico en este caso sí que funcionaba muy bien, por la forma que tenía. Igual que, por ejemplo, el trabajo del Pico Sacro era 4:3, por la cumbre, y porque es una montaña como muy definida y muy triangular, el monte en otro formato, no sé si habría sido igual de apropiado. Muchas veces las propias formas de lo que ruedas ya te marcan un poco la relación de aspecto de lo que tienes que hacer, lo que tienes que usar para ello.
El audio, ya te digo que es el de cámara. No es el mejor posible, porque a veces entran las olas y es complicado. Y ese paisano que te dice que la primera vez que fue al mar fue su primer Día de Reyes. Sí, él empezó con 11 años y me gustaba mucho a mí el diálogo que se crea, claro, con las distintas capas temporales que hay. Por un lado, tienes la montaña, que es como algo casi eterno, y después están nuestras vidas, pero está el presente de ese barco, es otro tiempo ya, y como que retrocedemos décadas cuando este marinero empezó a ir al mar y, no sé, me gustaba mucho ese tipo de de profundidad que hay, en ese mismo plano.

Alberto se sincera y además dice que es honesto, por su parte confesar que la conversación no concuerda con la grabación del propio plano; es de otro momento distinto. Era de un plano justo anterior que había rodado, en el mismo sitio y todo. Pero a mí me funcionaba así. Me parecía más real mezclar todo, ese audio anterior con este plano, así que realmente sí que hay una creación, pero creo que al final también el tema de qué realidad y qué ficción, me parece que debe estar ya bastante superado y, como decía Godard, en toda ficción hay documental y en todo documental hay ficción. Creo que es más real el corto como está ahora que si se hubieran mostrado distintos momentos del bruto que he grabado, porque cuando empiezo con los planos que he grabado, igual en el coche… al final creo que se habría diluido un poco la idea.
Nos cuenta que esa aparición de ese marinero hizo encajar todas las piezas con todo lo que le contó, esas coincidencias con las edades, porque dice que tuvo ese flashback e incluso muchos matices metafóricos, con esos barcos que pasaban delante de la cámara mientras grababan y hablaban. Es una conversación muy natural, y me gustaba ese juego de capas, sobre todo de temporalidades, y de ver también a veces cómo las rutinas que tenemos son algo casi permanente también. En cierta forma, piensas incluso en la gente que está yendo ahora mismo en ese barco que pasa por delante de la cámara. Comparas las condiciones laborales de antes y de ahora, y que antes con 11 años iban al mar; igual ahora, por suerte, ya no es así. Por ello también me parecía que era muy potente, porque en el Día de Reyes empezar con 11 años y es una buena bofetada. Te han quitado el regalo de Reyes. Es como crecer de golpe casi. A las nuevas generaciones se lo podíamos enseñar.
Sabe que el mundo del cortometraje los festivales es un circuito muy complicado, por ello estar en el Festival de Cans para él es todo un orgullo, por haber sido elegido y por ser en su tierra natal. Muchas veces no te escogen porque ya has estado en otros festivales, o por la temática. Con Pico Sacro, que es un largometraje, me decían que era una peli que ahora mismo no estaba de moda ya por el estilo, pero yo no hago pelis porque estén de moda. No me parecería, de hecho, nada honesto hacer una peli distinta por el simple hecho de que se hacen así ahora o de poder entrar en cierto circuito o algo, no me parece lógico ni ético.
En 2017 recibió el Premio por la mejor fotografía en Documenta por Paisaxes da Capelada. Para mí fue una gran alegría porque es una cierta forma de reconocimiento. ¿Quién no quiere que le reconozcan el trabajo que ha hecho? Pero, por un lado, me siento un poco un intruso porque yo no soy director de foto pero, por otro lado, también me gusta, precisamente, no ser directoe de foto y poder hacer algo así porque creo bastante en la política de hazlo tú mismo y que a veces la técnica está muy bien saberla, aunque también cuando uno busca la verdad y lo que le remueve por dentro puede sacar cosas muy interesantes independientemente después del resultado técnico.
Queda evidente que la relación del cine de Alberto Lobelle con la naturaleza es algo constante en su cine, y dice que le viene de ser gallego. Me gusta ir solo a hacer mis trabajos, de primeras, porque creo que uno se relaciona con el lugar de forma muy distinta cuando va solo que cuando va acompañado, se presta más atención. Como que te abres más al lugar y es una gran parte del relato. Para mí las pelis también son una especie de viaje que te cambia un poco por dentro es un sitio que te gusta, que te llama donde quieres pasar tiempo y ese sitio deja cosas dentro de ti que en cierta forma te cambian.
Puede que su siguiente trabajo, que no sabe si saldrá y si será largo o corto, cambie de rumbo, sin el paisaje de por medio como protagonista. Me gustaba ahí un poco retomar el tema que había empezado en Den Pobedy: Victory Day la peli sobre Ucrania porque creo que a veces como que la gente va muy por delante de los políticos y me parece muy interesante el tipo de relaciones que se crean a veces entre gente de distintos países cuando están viviendo fuera de su país por ejemplo; me parece muy interesante. Es pasar un poco más a lo social y ver lo que todos tenemos en común, quitando fronteras. En el fondo es un poco lo que te decía, que me gusta poder plantear que la realidad es muy compleja. Me parece que es una forma también de ser más humilde y de estar en el mundo, ver que los seres no podemos sacar conclusiones muy precipitadas, porque estamos condicionados por la clase social, por el entorno, por el lugar, el país y por mil cosas más.
Alberto admite que el cine requiere de su tiempo, de su poso de dejar asentar ideas, tanto delante como detrás de la pantalla, por quienes realizan las películas como los espectadores. La rapidez de hoy en día nos hace consumir el cine de una forma muy distinta a lo que me gusta, y creo que las películas necesitan su tiempo de digerir para sacar su esencia.
