En pocos días arranca la XXII edición del Festival de Cans, y aunque las fechas del certamen son del 20 al 24 de mayo, dará comienzo unos días antes con la proyección de Utama, de Alejandro Loayza, quien es el protagonista del Foco internacional de esta edición. Este acto será en el Centro Cultural de Porriño el sábado 17 de mayo. El día de la inauguración, el día 20, tendrá lugar la retrospectiva de los tres cortometrajes —Polvo, Dochera y El cuento de Max y Emma—, donde el director boliviano fue el encargado de la fotografía, faceta con la que comenzó su trayectoria dentro del cine.
Utama se estrenó en 2022 y ha tenido un gran recorrido internacional. En España estuvo nominada a los Goya en Mejor Película Iberoamericana en los Premios Goya 2023 y también representó a su país, Bolivia, en los Premios Óscar 2023. Alejandro Loayza, en esta entrevista, con motivo de su retrospectiva en el Festival de Cans, nos contesta a unas preguntas para conocer un poco más su cine y cómo ha sido su evolución.
¿Cómo nace tu pasión por el cine?
Creo que son muchas cosas las que se juntaron para que tenga este amor por el cine. Principalmente, pienso que tengo la suerte de venir de una familia en la que siempre se incentivó el arte. Mi madre siempre nos incentivó a leer y tomar clases de algún arte que nos gustase. Además de ello, mi padre también es director de cine, entonces siempre tuve una relación con la profesión. Absorbí mucho de su cine y seguro de cosas que él miraba. Recuerdo una vacación en la que yo tendría 14 o 15 años que la pasé con mi padre. Nos dedicamos a ver algunas de las películas fundamentales. Me veía 3 o 4 al día. Ahí empecé a entender algo de cine. Por otro lado, cuando comencé a estudiar, elegí la carrera de Comunicación Social; en ella había una materia optativa que era Fotografía. Tuve la suerte de aprenderla en 35mm, en el cuarto oscuro revelando mis propios carretes y ampliando mis propias copias. Desde ahí me enamoré definitivamente de la creación de imágenes.
Comenzaste como director de fotografía, ¿cuál es el germen para que des el salto a la dirección cinematográfica?
Al pasar tiempo en rodajes como director de fotografía, fui aprendiendo cada vez más del poder de la imagen y las posibilidades de creación. Veía a los directores trabajar y todas las posibilidades de decisiones creativas que el trabajo conlleva. En algún momento comencé a ensayar en la escritura de guion e imaginar historias que podían ir a la pantalla.
¿Qué quieres contar y transmitir con tu cine?
La verdad, pienso que lo más importante es seguir las pulsiones que vas sintiendo. A veces las historias llegan de lugares que no esperas y sin que entiendas del todo las razones. El cine es un arte muy costoso; por ello y por el alcance que puede tener, conlleva una responsabilidad. Es imposible no pensar en que tienes una herramienta que puede aportar en algo a cómo la sociedad se va moldeando. Por ello, espero siempre poder plantear cuestionamientos a aspectos de nuestra sociedad y nuestra humanidad.

Debutaste con Utama, una cinta humana y desde el corazón. ¿Cómo surge esta historia, que la podemos ver tan personal como universal?
Entre 2014 y 2017, a través de una serie de documentales, tuve la enorme suerte de conocer profundamente mi país. Un país enorme y hermoso y de gran diversidad cultural, pero también de enormes injusticias y desigualdades. Uno piensa que conoce y que sabe, pero no es hasta ver de tan cerca que uno termina de comprender. El germen de Utama se remonta a esos viajes y a la necesidad que tenía de contar una historia de un amor tan profundo que ya no necesite las palabras.
Uniste temáticas fuertes y hoy en día bastante en boga: el clima y la despoblación. ¿Ves el cine como un medio de denuncia o exposición de problemas sociales?
Sin duda, hay una enorme rueda que todos los días gira y gira y nos está llevando a la autodestrucción, en la que además estamos arrastrando al resto del planeta. Esa rueda nos tiene anestesiados y, de hecho, el cine también juega un rol para ello. Ahí la importancia de la responsabilidad de la que hablaba antes. El cine y el arte en general pueden ayudar a poner una pausa en esa rueda y que la gente se detenga por lo menos por un momento a pensar en todo lo que no está bien y en todo lo que se puede mejorar y recordarnos lo esencial de nuestra especie y lo mejor que tenemos dentro.
Sentir que lo que haces puede interesar en distintos rincones del mundo te hace tener fe en el cine, su poder y el poder de la conexión humana
Tuviste muy buena acogida a nivel internacional, pero, ¿nos puedes contar cómo fue en tu país?
La acogida en mi país fue hermosa. La gente mostró mucho amor por la película y eso es lo que más me ha llenado de todo este recorrido. Se escribió mucho sobre ella, pero no solo desde la prensa especializada y la crítica, sino también desde gente afín a la sociología, a la política o al medio ambiente. Además, la película tuvo números increíbles de asistencia a salas, algo que no es frecuente en cine de autor.
Ahora estás en el Festival de Cans, dedicándote el foco internacional, ¿qué significa para ti?
Galicia es una tierra que siempre quise conocer y de la que he escuchado mucho, y el cine hoy me está regalando la oportunidad de visitarla. Que un festival como el de Cans me dedique el foco internacional me llena de orgullo y alegría. Sentir que lo que haces puede interesar en distintos rincones del mundo te hace tener fe en el cine, su poder y el poder de la conexión humana.
Este festival tiene un gran poso humano, de buscar lo cercano y el contacto con la tierra, un punto en común con Utama. ¿Crees que este tipo de festivales es importante mucho más allá de la alfombra roja a la que estamos acostumbrados?
Sin duda alguna. Son para mí los espacios más imprescindibles. Espacios que acerquen el cine a la gente. Festivales que están bien cuidados y arropados, que se sientan parte misma del lugar. Sé que ya tiene muchos años y estabilidad y le deseo muchos más, sin perder el foco y manteniendo la esencia. Sería ideal que existiesen muchos festivales como este alrededor del mundo.
Utama se proyectará y además estarán en los coloquios. ¿Qué relevancia crees que tiene el compartir después de una película impresiones con el público?
Son encuentros sumamente enriquecedores. Lo que nos gusta del cine es poder compartir y contrastar nuestras impresiones. Así sea días después o con una llamada telefónica. Pero creo que es cuando se cierra la experiencia. Poder hacerlo en vivo, inmediatamente después de la película y con la presencia de quien la hizo, es algo que no tiene precio.
No sé si ya has terminado tu próximo proyecto, Chovoré, pero es muy distinto a tu primera película. ¿Cómo nace esta película y cuándo la podremos ver?
Chovoré tiene un largo camino recorrido y aún uno largo por recorrer. Aún estamos en la etapa de desarrollo, con un guion muy avanzado y en búsqueda de completar el financiamiento. Estimamos filmar en abril de 2026, con lo que estaría lista para distribuir en la segunda mitad del próximo año. La película nace puntualmente con eventos que desgraciadamente ocurren en Bolivia año a año desde 2019, cuando se aprueban unas leyes que permiten la “quema controlada” para actividades agropecuarias. Desde entonces nuestros hermosos bosques arden año tras año. Ese es el trasfondo de la película.
¿Un sueño por cumplir?
Tengo proyectos con los que sueño, como una fundación en Bolivia, un libro de Utama, un libro de fotografía, tener un cuarto oscuro y una casa de campo en la que produzca café.
