Madrid en Danza y la Sala Cuarta Pared acogerán los días 24 y 25 de mayo el nuevo espectáculo de Isabel Vázquez, Zambra de la buena salvaje. Una vuelta a los escenarios a sus 60 años, y lo hace en solitario encima de las tablas, dirigida por Alberto Velasco, con la dramaturgia de Ruth Rubio y la producción de Elena Carrascal.

Posteriormente, estará actuando en ciudades como Mérida, Murcia, Castellón, Palencia, Zaragoza, etc., entre otras, esto en el 2025, pero seguirá de gira en el 2026, y más emplazamientos para este año. Hablamos con Isabel Vázquez para conocer más sobre su vuelta, su obra y su carrera.

Muchos años en la danza, ¿qué recuerdos tienes de tus inicios y qué te lanzó a elegir este arte como tu profesión?

Siempre me recuerdo bailando. En casa, en el cole, haciendo coreografías… Cuando me lo empecé a tomar en serio, la cosa se complicó porque en casa consideraban que la danza no era una carrera profesional, así que tuve que compaginarla con estudios universitarios y no fue fácil. Decidí dedicarme profesionalmente a ello porque realmente era lo único que me hacía sentir bien y por llevar un poquito la contraria, también.

Vuelta a los escenarios, ¿qué determina la decisión de volver?

Pues el deseo de seguir pisando el escenario que nunca se va, aunque quieras convencerte de lo contrario. Y, por otra parte, un poquito de reivindicación. Faltan mujeres de mi edad en la escena, bailando. Y creo que aún tenemos mucho que contar y aportar.

¿Podríamos decir, a colación de la frase del violoncelista Pau Casals, que lo mejor está por venir?

Lo creo absolutamente. Eso lo heredé de mi padre, que jamás perdió la curiosidad y las ganas de aprender.

¿Cómo nace este nuevo proyecto, Zambra de la buena salvaje?

Zambra, como todos mis espectáculos anteriores, nace de la necesidad de contar lo que me preocupa, lo que me mueve como ser humano. Zambra trata el tema de la autocancelación, la domesticación, el dolor por querer encajar… y todo eso ya rondaba mi cabeza hace años. Pero considero que es un tema que afecta más a las mujeres de mi generación. Por eso decidí contarlo en primera persona.

¿Cómo nace este nuevo proyecto, Zambra de la buena salvaje?

Zambra, como todos mis espectáculos anteriores, nace de la necesidad de contar lo que me preocupa, lo que me mueve como ser humano. Zambra trata el tema de la autocancelación, la domesticación, el dolor por querer encajar… y todo eso ya rondaba mi cabeza hace años. Pero considero que es un tema que afecta más a las mujeres de mi generación. Por eso decidí contarlo en primera persona.

“De todo lo que soy, ¿qué es inherente a mí y qué ha sido impuesto?” Surge por casualidad o por algún acontecimiento esta pregunta que da vida a tu nueva obra.

Es una pregunta que me hago desde siempre. Vengo de una familia muy tradicional y creo, como supongo que la mayoría, que he adoptado preceptos de otros como si fueran míos. Pero no lo son. Y siempre me he sentido rara, diferente. En mi familia, me refiero. Una especie de Jekyll y Hyde.

La resistencia colectiva es protagonista en Zambra de la buena salvaje. ¿Crees que es y será siempre el apoyo y salvación para cualquier lucha?

Absolutamente. Es el único poder social que tenemos para intentar cambiar y transformar las cosas.

¿Cómo ha sido el proceso creativo?

El proceso ha sido, por una parte, muy tortuoso porque ha coincidido con la pérdida de mis padres en menos de un mes y todo el terremoto emocional que conlleva quedarte huérfana. Pero, por otro lado, ha sido precioso. De crecimiento, conocimiento y transformación personal y arropada por un equipo de ensueño.

¿Qué ha sido lo más complicado y lo más fácil de llevar a cabo la obra?

Todo ha sido complejo y sencillo a la vez. El espectáculo ha brotado de una manera bastante natural. El trabajo con Ruth (dramaturga) y Alberto (director) ha sido de intercambio y enriquecimiento mutuo. Lo difícil siempre es plasmar en palabras y en movimientos lo que tienes en la cabeza. Pero en este caso, Zambra se parece bastante a lo que había imaginado.

Zambra. ¿Por qué has elegido esta danza ancestral?

Realmente lo eligió Ruth. En sus obras siempre elige un palo del flamenco para nombrarlas. En este caso eligió la zambra porque fue un baile que se prohibió durante la Inquisición, que se bailaba descalza. Este baile resumía muy bien el tema que queríamos tratar. Pero no bailo ninguna zambra…

Realizas la obra por medio de un monólogo, ¿cuál es la razón de elegir este formato? Elegí hacer un solo porque realmente creo que era el mejor formato para contar lo que quería. Quizás funcionaría también si fuese un espectáculo coral. Pero llevo diez años con espectáculos de gran formato, con muchos intérpretes en escena, y necesitaba un poco de recogimiento.

En cuanto a la temática, ¿crees en la importancia de hablar de cara a las nuevas generaciones de lo pasado en torno a las mujeres y los grandes silencios de la sociedad?

Bueno, no creo que lo que voy a hacer sea tan importante como para transformar a nadie, pero sí es cierto que las nuevas generaciones, afortunadamente, se han criado y las hemos educado de otra manera. Son mucho más libres, no tienen ese sentimiento de culpa heredado de la religión y está bien que sepan que hace apenas unos años las cosas eran muy diferentes. Sobre todo para las mujeres.

¿Lo mejor está por venir para la mujer creadora?

Eso espero. Pero no creas que soy muy optimista.

Muchos años en la danza, ¿cómo has vivido su evolución y la tuya al mismo tiempo?

Sí, 40 años en la danza. Tuve la suerte de vivir como intérprete los años 90, que en España fueron estupendos con respecto a la Danza. Había muchas compañías; vivíamos de ello. Ahora los bailarines tienen que compaginar muchos proyectos para sacar un minisueldo y eso es agotador y muy complicado para girar. En los últimos años hemos visto cómo desaparecen compañías, festivales, programas de formación. Es desolador ver cómo nuestros bailarines jóvenes tienen que emigrar para poder trabajar. Yo me siento afortunada porque siempre he podido vivir de mi profesión. Ha habido épocas donde he tenido que impartir clases para poder vivir. Fueron unos años de muchísimo aprendizaje y me dio la oportunidad de conocer a muchos bailarines maravillosos con los que trabajo actualmente. Creo que he sabido adaptarme bien a los cambios de fuera y sobre todo aceptar y convivir con los cambios que se producían en mi cuerpo.

A la hora de crear, ¿qué te es más complicado, la forma o el fondo?

Yo el fondo siempre lo tengo bastante claro. Darle forma a lo que quiero contar es lo realmente complicado. Encontrar el lenguaje apropiado, los textos correctos, la coreografía, la música. Ahí para mí está el trabajo duro, pero, por otra parte, apasionante. No sé si la vuelta es solo con este proyecto o más. Espero que Zambra de la buena Salvaje no sea una raya en el agua. Por ganas no quedará.

¿Un sueño por cumplir?

Muuuuuchos….

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