La exposición Mucho que perder se podrá visitar del 24 de junio al 31 de julio en Estudio Inverso (C/ Marqués de Santa Ana, 4; Madrid), con motivo del Orgullo LGTBQ 2025, siendo su propósito una llamada de atención desde el mundo del arte al peligro de pérdida de derechos en el colectivo LGTBQ.
Las obras transitan por la pluralidad de lenguajes, cuerpos e historias se asoman a ese vértigo: al miedo de que lo que costó tanto conquistar—el matrimonio igualitario, el derecho a existir sin pedir perdón, el reconocimiento legal de las identidades, la posibilidad de amar y crear familia—pueda verse amenazado por el actual contexto europeo, donde crecen los discursos de odio y se normaliza la violencia simbólica y real contra las personas disidentes.
Os dejamos una entrevista con Marcelo Mendonça para conocer mucho más sobre Estudio Inverso y la exposición.

Mucho que perder está formada por obras de los integrantes del Estudio Inverso: Alain Cugnec, Álvaro Sonson, Cervera-Grau, Chema Perona, David Ortega, Diego Conte, Marcelo Mendonça, Mateo Fetén y Sebastián Boesmi. El estudio ha invitado a otros artistas a compartir su espacio y ampliar la exposición, por lo que también podrán verse obras originales de Cristian Camilo, Erik de Giles, Tomás Valdivieso y Víctor Algora (Zarigüeya del Infierno).
Para entrar un poco en contexto, ¿cómo nace Estudio Inverso?
Inspirados en la vibrante movida artística madrileña y el espíritu del “tête-à-tête” entre artistas y amantes del arte, Chema Perona y yo decidimos en diciembre de 2022 apostar firmemente por la creación cultural. A parte de artistas queríamos montar una especie de colectivo, un taller donde algunos artistas trabajan y comparten espacio. Así nació Estudio Inverso, con el objetivo de construir una estructura sólida: una comunidad artística que, más allá de gustos e intereses individuales, fomente el apoyo colectivo.
Nuestra visión no se limitaba a un espacio de convivencia y trabajo, sino a establecer una comunidad artística planificada, independiente pero colaborativa, en la que se generen afinidades y conexiones entre artistas, galerías y profesionales del arte en general.
¿Qué balance hacéis del tiempo que lleva abierto Estudio Inverso?
Muy positivo. En casi tres años Estudio Inverso ha impulsado numerosas iniciativas —open studios, exposiciones, performances e instalaciones— con el objetivo de tejer una red artística sólida y cohesionada.
Actualmente, el espacio de Malasaña acoge a nueve artistas de diferentes orígenes y disciplinas, y ahora damos un paso decisivo con la apertura de Estudio Inverso Carabanchel, un nuevo centro de creación con 13 espacios adicionales destinados a artistas visuales.
Este crecimiento nace de nuestra alianza —Chema y yo, como fundadores— con Flame Foundation, una plataforma con sede en Londres. Con Estudio Inverso Carabanchel queremos consolidar un lugar de convergencia artística, pensado para fomentar la creación, la colaboración y la innovación dentro del arte contemporáneo.
El nuevo espacio, de 330 m² a pie de calle, se inaugurará en junio y está diseñado con paneles móviles que permiten tanto el trabajo artístico como la exhibición de obras. La idea es ofrecer al público una experiencia cercana, con microexposiciones individuales de los artistas residentes.

¿Qué ha sido lo más fácil y lo más complicado?
Lo más fácil fue reunir artistas. Chema y yo llevamos tiempo inmersos en la escena artística de Madrid; muchos son amigas y amigos cercanos, y otros los conocemos de exposiciones y encuentros culturales.
Lo más complejo ha sido sostener el proyecto a largo plazo, manteniendo el equilibrio entre la gestión del espacio, la producción artística y la estabilidad económica. Pero la comunidad que se ha creado lo hace todo más llevadero.
Abogáis por un ambiente colaborativo, ¿es mucho más creativo?
Totalmente. Aunque cada artista trabaja en su propia línea, el ambiente del estudio favorece el intercambio constante. Nos pedimos opinión, compartimos técnicas y a veces surgen colaboraciones espontáneas. Hay un espíritu colectivo muy vivo.
Tenéis distintas disciplinas artísticas, ¿nos podéis contar por qué os decantáis por la diversidad?
La diversidad fue siempre parte de nuestra visión. En el estudio conviven artistas de pintura, escultura, diseño, collage, instalación, performance…
Lo único que buscamos es que el enfoque sea desde lo visual. A partir de ahí, la riqueza de perspectivas y lenguajes ha ido dando forma al grupo.

Ahora tenéis la exposición Mucho que perder, ¿cómo ha sido la elección de las obras?
Queríamos que la exposición hablara del momento actual del colectivo LGBTQI+. Las conversaciones en el estudio nos llevaron a pensar colectivamente sobre esto, y fue Mateo Fetén quien propuso el concepto y redactó el texto curatorial. Todos conectamos con la idea desde nuestras experiencias.
En el contexto político actual, ¿se plantea este acto, y este año la celebración del Orgullo, como mucho más necesaria?
Sin duda. Creemos que cada gesto cuenta, y el arte tiene esa capacidad de amplificar voces y abrir conversaciones. Desde nuestro lugar, intentamos que lo que creamos tenga también un impacto político y social.
Tenéis en el estudio a nueve artistas, ¿cómo han entrado cada uno de ellos?
Al principio invitamos a artistas amigas y amigos, pero con el tiempo Estudio Inverso fue generando su propia energía. Mucha gente nos contacta por redes o a través de otras personas del entorno artístico.
Por eso mismo abrimos Estudio Inverso Carabanchel, para seguir creciendo sin perder el espíritu comunitario.




En esta exposición estarán cuatro invitados, ¿cómo ha sido esa elección?
Invitamos a artistas cuyo trabajo admiramos y que están comprometidos con la causa LGBTQI+. Son voces necesarias que aportan nuevas miradas y fortalecen el discurso de la muestra.
¿Qué nos vamos a encontrar en la exposición?
Cada artista ha trabajado desde una preocupación concreta relacionada con lo que podemos perder: el matrimonio igualitario, los derechos laborales, la visibilidad, la seguridad.
Hay pintura, fotografía, diseño, instalaciones… cada obra es una alerta poética sobre las amenazas reales que enfrentamos como colectivo.
¿Un sueño por cumplir?
Como artistas, soñamos con un país que apueste más por la cultura. La reducción del IVA cultural sería un paso importante para dignificar nuestro trabajo.
Eso nos permitiría dedicarnos más plenamente a la creación y, al mismo tiempo, enriquecer el tejido cultural del país.
