Jiménez con Jota ha presentado su último trabajo, EP, «Sí, Soy». Después de Moscatelito, el dúo vuelve más cargado de intenciones: nada de agradar, quieren contar desde la experiencia y con sonidos cada vez más experimentales, pero sin dejar de lado lo tradicional, que es de dónde parte y lo que nunca quieren abandonar, pero reivindicar que la diversidad sonora no está reñida. Pasen, lean y, además, escuchen:
¿Cómo va esa evolución y experimentación, que me decíais en la entrevista por Moscatelito?
Con Sí, Soy hemos dado un paso adelante. Si Moscatelito fue una especie de impulso inicial, una forma muy genuina de abrir camino y mostrarnos tal cual éramos, este segundo EP ha sido más deliberado: nada es casualidad. Hemos profundizado en nuestro sonido, afinado las formas y tomado decisiones más conscientes, tanto en lo musical como en lo narrativo.
A nivel sonoro, hay más riesgo: sintetizadores más crudos, estructuras todavía menos previsibles y electrónica más protagonista. Y aunque en Moscatelito ya hablábamos desde lo vivido, en Sí, Soy nos hemos permitido ir todavía más al hueso: abordar temas más íntimos desde lugares más expuestos.
¿Cómo fue la acogida de Moscatelito?
Sabíamos que teníamos algo especial entre manos. Moscatelito era nuestro primer experimento, pero teníamos muy claro lo que queríamos decir y cómo. Ver cómo conectó con públicos tan distintos —desde amantes de la copla clásica hasta gente de la electrónica más underground— fue increíble. Nos dio gasolina para seguir y nos reafirmó en que hay espacio para nuestro sonido, con nuestras propias reglas.
Tal y como decía Marina en la otra entrevista, buscáis varias cosas, pero despertar emociones, este disco, me lleva a una reivindicación muy femenina; no sé si es lo que buscabais.
Yo, en realidad, nunca me he sentido especialmente femenina. Puede que lo sea sin darme cuenta, o que haya aprendido a rechazar ciertos códigos que siempre me parecieron una desventaja. Pero lo que sí tengo claro es que este EP nace de una herida. Ser mujer no es fácil —ni siquiera en los contextos más privilegiados—, y muchas de las cosas que cantamos en este disco tienen que ver con esa carga, con lo que se espera de nosotras, con lo que nos callamos y con el momento en que decidimos no callarlo más.
¿Cómo ha sido la realización de «Sí, Soy»?
Fue un proceso cuidado, con mucho cariño y esfuerzo. Grabamos en varias fases a lo largo de algunos meses, y eso nos permite dejar respirar las canciones, probar cosas nuevas, afinar detalles. Aunque llegamos al estudio con una visión clara, también nos damos libertad para romper lo previsto si algo nos lo pide.
Además, desde el principio teníamos claro que queríamos tocar diferentes palos. Aunque hay un hilo conductor emocional muy claro, cada canción explora un registro distinto: desde la copla más desnuda hasta bases más electrónicas o latinas. Queríamos mostrar todo lo que somos capaces de hacer sin perder coherencia, como un pequeño muestrario de nuestro lenguaje sonoro. Al final, Sí, Soy ya nos quemaba en las manos. ¡¡Teníamos muchas ganas de compartirlo!!


Vivencias personales, con amigas. ¿La realidad es ese argumento que da componer música, pros y contras de utilizar lo vivido en una canción?
Para nosotros, la música más sincera es la que transmite lo vivido. Escribir desde lo personal da mucho vértigo, pero también es lo que nos mueve. El riesgo es que te desnudas, y eso te deja vulnerable. Pero el regalo es cuando conectas con alguien que escucha tu historia y dice: “Esto también me ha pasado a mí”. No hay nada igual.
En un mundo tan saturado de estímulos, contar una historia de verdad —una que no esté pensada para gustar, sino para decir— es un acto político. No queremos entretener sin más: queremos que quien escuche se quede pensando, sintiendo, incluso incómodo si hace falta.
A la hora de componer, ¿cuál de las cuatro canciones ha sido más complicado de llevar a cabo?
Cada canción tiene su propia complejidad. Hay temas que, según nacen, te llevan directo a una estrofa o un estribillo que funciona casi sin pensarlo. Y hay otros en los que te encuentras dándole vueltas durante días hasta encontrar ese hook que lo hilvana todo.
Ojalá Tengas Suerte pasó por bastantes versiones: algunas más cargadas de ritmos drum bass, otras con un enfoque más minimal, hasta que dimos con un hook instrumental que rompía con todo y nos llevó a otra tonalidad. A veces no se trata de controlar la canción, sino de escuchar por dónde quiere ir. Y cuando lo ves claro, no hay marcha atrás.
Decís que más que nada queréis contar, ¿cada vez más necesario en nuestra sociedad?
Sin duda. En un mundo tan saturado de estímulos, contar una historia de verdad —una que no esté pensada para gustar, sino para decir— es un acto político. No queremos entretener sin más: queremos que quien escuche se quede pensando, sintiendo, incluso incómodo si hace falta.
No sé si lo que pretendéis es ir cada vez más experimental y hacer más mezclas de sonidos; este EP así me lo parece.
Nos encanta que lo digas. Nuestro sonido es experimental casi por naturaleza. Pero no experimentamos porque sí, sino porque es la forma que tenemos de contar lo que sentimos. Si un beat roto o una cuerda clásica nos sirve para decir algo con más verdad, lo usamos. No hay reglas, sólo lo que funciona para emocionar.
¿Tenéis gira este verano?
Este verano vamos a tomarnos un pequeño respiro. Después de todo el trabajo con Sí, Soy, necesitamos un momento para respirar, cuidar el proyecto y coger impulso. Aun así, habrá alguna fecha muy especial que anunciaremos pronto. Y ya estamos cerrando la agenda de cara al otoño, con ganas de llevar estas canciones a nuevos escenarios y seguir explorando nuevas formas de presentarlas en directo.
Si alguien no ha ido a vuestros directos, ¿cómo lo describiríais?
Es música que se entiende a la primera, contada en primera persona y sin filtros. No es folklore de escaparate, son historias que atraviesan. No hace falta saber de copla ni de electrónica: sólo venir con ganas. Si entras, vuelves. Seguro.
