Si por algo se caracteriza Etnosur es por el titular que la propia Anna Milman nos ha dado, siendo ella una de las protagonistas de esta edición de 2025. Con raíces en Ucrania y alma andaluza, Anna Milman se está convirtiendo en toda una referencia del violín. Con tintes del folk, el pop alternativo y los sonidos eslavos, su directo es un viaje personal que aúna tradición y modernidad. Es verdad que actualmente no tiene muchas composiciones publicadas, pero eso no ha mermado el hecho de haber atraído las miradas tanto de crítica como de público, tanto por su gran sensibilidad que transmite emoción, delicadeza y pasión al mismo tiempo.

Ella misma nos habla de su música y de lo que será su paso por Etnosur el próximo día 18 de julio en la Plaza del Ayuntamiento (Escenario Radio3).

¿Cómo nace tu pasión por la música?

Pues esto se lo debo a mi familia. Mis dos padres acabaron el conservatorio superior en Moscú. Mi padre es el crack del violonchelo y mi madre una gran pianista. Además, en mi familia la vena artística se lleva muy por dentro. Mi abuelo, aunque no es músico, es poeta… Vamos, que somos unos intensos y, gracias a ellos, soy quien soy hoy en día.

Violinista, ¿cómo recuerdas esa elección?

Pues, es una anécdota que siempre que la cuento, la gente se ríe. Yo empecé en una academia de música a cantar en el coro y a estudiar teoría musical. Un día, mi padre me preguntó, ¿qué instrumento quieres tocar? A lo que yo contesté, la guitarra o el saxofón. Mi padre me dijo que imposible, que si me dedicaba a la música, tenía que tocar un instrumento de verdad… (Ya sabéis, cosas de la URSS) Entonces mi padre me dijo: «Vas a tocar el violonchelo». A lo que apareció mi madre por ahí gritando que el violonchelo es muy grande para una niña. Seguidamente, dijo que tocaría el violín. Y nada, desde ese día hasta hoy, ¡el violín me acompaña a todos lados!

Has tocado muchos estilos musicales, ¿qué hace que Anna quiera abarcar tanto? ¿Es una forma de investigar sobre ti misma?

Llamadme friki, pero una de las cosas que más me gusta en esta vida es aprender y siento que cada género tiene algo que enseñarme sobre quién soy, de dónde vengo y qué quiero contar. Creo que la fusión de todos estos géneros es un espejo de mi identidad y con los que puedo describir mis vivencias y raíces. Es una herramienta para poder comprenderme mejor.

Folk, el pop alternativo y los sonidos eslavos, y los llevas desde el clásico a la más actualidad musical, ¿cómo realizas ese viaje tuyo para hacerlo llevar al público?

Es algo muy emocional, pero como pone en la puerta de una de mis escuelas (Escuela Superior de Música Reina Sofía): “Nulla ethica sine aesthetica”.

Me nutro de mi formación clásica, que me da una base técnica fuerte, pero el corazón siempre me lleva a reinterpretar estas raíces. Me gusta mucho crear puentes entre lo ancestral y lo moderno. En realidad, lo que pretendo es que el público no solo escuche la música, sino que sienta que está viajando conmigo por la paranoia que me he creado en la cabeza de lo que es esta vida y lo que significa la música en ella.

¿Crees que hay límites en la música a la hora de entrar en géneros musicales?

Difícil de responder esta… Realmente, si nos ponemos técnicos, todo está ya inventado… pero lo que también creo es que los límites son los que nosotros mismos nos ponemos. De lo que estoy segura es de que la música es libertad y tenemos la libertad de sentirla como queramos. Además, creo que la música es capaz de romper barreras que ya no son solo sonoras, sino culturales también.

Eres una persona muy activa en redes sociales, ¿qué pros y contras hay en ellas?

Las redes son una gran herramienta para conectar, compartir y construir. Me encanta saber que mis videos inspiran, emocionan y hacen reír. Pero también tiene una parte muy exigente. La continua exposición, los algoritmos, las tendencias… Hay que saber llevarlo para no perder el foco artístico. Yo aún estoy regulándome, ya que no tenía tantos seguidores hasta hace poco.

¿Cómo es tu forma de componer?

Pues tengo TDAH, así que suele ser bastante caótico todo. No suelo hacerlo nunca de la misma manera. Un día me levanto y digo: «Voy a hacer un R&B». Otro día, me veo la entrevista de Rubinstein (uno de los más grandes pianistas de la historia) y digo: «Me encanta esta frase, voy a hacerle una canción». Por cierto, así nació la canción “Transición”, que la tengo subida en Spotify y YouTube.

A la hora de componer, ¿qué te resulta más complicado, la forma o el fondo?

Ya te digo, soy un desastre. A veces, tengo claro lo que quiero transmitir, pero no sé de qué forma hacerlo, y otras, tengo una base guapa, pero me pierdo en el concepto. Me gusta ese proceso. Es como esculpir algo que tengo dentro de mí.

¿Qué quieres contar con tu música?

Que no hay sólo una manera de ser, sonar o sentir. Que nuestras raíces pueden ser heridas o fortunas, pero siempre tienen algo que contar. Quiero hablar de resiliencia, libertad, identidad, mezcolanza… Quiero que la gente se emocione, baile, llore, ría… conectar con la gente de alguna manera muy visceral.

Vas a estar en Etnosur, ¿qué significa para ti?

Pues me emociona muchísimo. El EtnoSur es mucho más que un festival. Es un lugar donde se celebra la diversidad, la mezcla, la identidad. De verdad que es un gran honor para mí estar allí y también un gran paso en mi proyecto. Es visibilidad, pero sobre todo, la oportunidad de conectar con un público curioso y abierto a cosas diferentes.

¿Qué nos vamos a encontrar en ese concierto?

No solo va a ser un concierto. Será un viaje por la historia de la música desde mi perspectiva y una experiencia sensorial. Habrá música que conecta culturas, géneros, emociones intensas y, sobre todo, mucha honestidad.

Además, tengo la gran suerte de que me acompañan dos músicazos que, para colmo, son dos de mis mejores amigos. A la guitarra y al bajo estará mi Dieguito Catena (@Diegocatenaoficial) y al beatbox y mesa de DJ, mi Luisillo (@Soundb3).

¿Un sueño por cumplir?

Me encantaría que este proyecto siguiera creciendo y llevarlo por escenarios internacionales con un equipo que vibre en la misma onda. Compartir estos momentos de escenario y viajes con amigos y artistas de nivel. Y ojalá, inspirar a otros artistas a romper moldes y crear desde su propia verdad.

¡VIVA LA MÚSICA Y EL ARTE MILMANIACOS! ¡MUCHA SALUD Y FELICIDAD PARA TODOS!

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