¿Qué buscamos cuando elegimos una película, qué valoramos de la misma para que digamos esta sí que nos gusta? Cada persona un mundo, y mundo por matices en esas elecciones.

En muchas ocasiones, cuando terminas de visionar una película, piensas qué es más importante, el fondo o la forma; la conjunción de ambas partes sería lo totalmente crucial para ser una cinta más que interesante, pero ambas partes por separado puede que también puedan tener ese calificativo.

Si nos centramos en Coraje, me quedo con el fondo de todas todas; hay muchas capas que el director gaditano, José Manuel Rebollo, ha querido afrontar, y no es fácil llevarlas de manera conjunta. Esta película, con respecto a su anterior trabajo, Sola, tiene algunas similitudes, aunque a priori no lo parezca. Hay personajes donde la soledad es su forma de vida, algo que también estaba en Sola, cuyo título ya lo marcaba. Aquí en Coraje la soledad está en muchos rincones, en la joven que no sale de casa por miedo, por enfermedad, por la sociedad, y la soledad de una artista que vive casi en su sueño lo que desea frente a la vorágine de la cultura. Soledad del sector cultural, sobre todo los más emergentes y cine independiente, ante los estamentos públicos que deben apoyar la cultura.

La pasión de Loli por el cine hace que compagine su trabajo de cocinera con pequeños trabajos en cortometrajes y en una escuela de teatro. Su mayor deseo es pasar de secundaria, como ella piensa que es, a protagonista de un largometraje. Ahora puede que su ilusión se cumpla, ya que surge una película de Mateos Ramos, Una historia sobre la vida cotidiana de un monstruo en Cádiz. Pero, ¿se cumplen siempre los sueños?

Mucha crítica en Coraje al sector, a su inestabilidad laboral y salarial, pero no a quienes están detrás ni delante de una cámara, sino a quienes dejan al borde del abismo la creatividad de la cultura y la dependencia de sostenerse a sí mismos sin apoyos. Hace mucho hincapié en la precariedad del sector, de los directores, actores… del conjunto de quienes trabajan para sacar adelante un trabajo cultural o en la eterna lucha de dejar un mero secundario, aunque es verdad que todo se podría hacer extensible a toda la cultura en general; lo único que el cine en muchas ocasiones es más visible, puesto que lo pueden plasmar en pantalla, ya sea grande o pequeña.

Es una apuesta muy arriesgada por parte de José Manuel Rebollo, en el momento de cartelera y plataformas que vivimos, ese viraje de formato cinéfilo que ha dado en esta cinta, Coraje, pasando de un drama/terror a una puesta, aquí, dramática cómica. Que el fondo es bueno, no lo dudo, y lo aplaudo, pero la forma, personalmente, me dejó fría; no me llega a llenar como deseo que lo haga una película. El hecho de recordar una frase, una secuencia o que una interpretación me resalte, creo que es importante y aquí solo el fondo se queda como poso. No encuentro equilibrio formal ni visaul entre ambas; todo lo contrario, es como si estuvieran a años luz una de otra, más viniendo de haber disfrutado su trabajo anterior.

Puede que el director haya querido mostrar la forma como metáfora de la crítica a la industria cinematográfica que sostiene Coraje, pero eso es algo que solo él puede afirmar. Pero sí, hay que tener coraje hoy en día para seguir apostando por una pasión como es el cine.


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