La banda madrileña DECODE presenta su segundo LP, publicado el pasado 23 de octubre «Kamikaze», un disco producido por la misma banda y por Edu Molina de Hermana Furia, y en directo lo hará este viernes 21 en El Perro de la parte de atrás de Madrid. Hablamos con la formación para saber más de su música a espera de disfrutar mañana del concierto.

¿Cómo nace DECODE?

DECODE nace en 2017 al coincidir en las jam sessions del antiguo Bar Cheroki de Boadilla del Monte, en donde se juntaba toda la comunidad musiquera del pueblo, incluyendo alumnos de la escuela Pulso de Boadilla, de donde hemos salido todos los miembros de la banda. Algunos de nosotros ya éramos amigos desde antes, pero tocando juntos en el escenario vimos que teníamos potencial como banda y decidimos empezar un proyecto juntos.

Al principio tocábamos versiones y uno de los primeros temas en los que sentimos química real fue “Decode” de Paramore, que terminó inspirando nuestro nombre. Más allá de eso, nos gustó la idea de “decodificar” emociones y convertirlas en música. Desde entonces empezamos a escribir nuestras propias canciones y a construir la identidad sonora que hoy nos define.

Contarnos quiénes integráis la formación.

Actualmente, la banda la formamos Anuskka (voz y guitarra), Alberto Blanco (guitarra), Luigi Slim (bajo) y Enrique Calderón (batería). Cada uno viene de un lugar muy distinto musicalmente, y esa mezcla es la base del sonido DECODE.

Vuestro primer trabajo fue en 2019, Decode, ¿qué balance hacéis de ese trabajo?

Le tenemos muchísimo cariño porque fue nuestro punto de partida, aunque llegó en un momento complicado porque lo lanzamos justo antes de la pandemia y no pudimos presentarlo como queríamos porque la pandemia paralizó al mundo; también hay que decir que éramos una banda menos consolidada y con menos experiencia. Aun así, ese disco nos enseñó mucho, nos permitió crecer y nos ayudó a moldear lo que hoy es DECODE.

Acabáis de lanzar Kamikaze, ¿cómo ha sido realizar estas diez canciones y qué buscáis contar con este trabajo?

Ha sido una experiencia creativa muy enriquecedora. Cada canción de “Kamikaze” nació desde la raíz, a veces a partir de ideas muy primitivas: un riff, un patrón de batería, una línea de guitarra y voz o incluso una melodía silbada. Otras veces las ideas venían un poco más armadas, con una estructura más clara. Pero en todos los casos, el proceso creativo fue intenso e interesante.

Evidentemente, no siempre es fácil ponerse de acuerdo entre cuatro personas con influencias y visiones distintas. Hubo momentos tensos, pero también muy reveladores. Ese choque nos obligó a trabajar desde la humildad, a entrar al local “desnudos” de ego y dejar que la música hablara por sí misma. Aprendimos a escuchar, a ceder y a sentir qué necesitaba cada canción según lo que los cuatro queríamos expresar.

Ha sido un proceso muy colaborativo y emocional, donde cada tema terminó siendo la suma real de todos. Más que contar una historia concreta, buscábamos capturar ese viaje colectivo: la fragilidad, la intensidad, el caos y la belleza de crear algo juntos desde cero.

Hacéis un cambio un tanto radical, en un aspecto, el idioma, de todo en inglés a todo en castellano, ¿por qué ese cambio?

Al principio empezamos componiendo en inglés porque muchas de nuestras referencias y bandas favoritas cantaban en ese idioma. En ese momento nos salía de forma natural y nos sentíamos cómodos dentro de ese universo. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de que había algo que no terminaba de encajar.

Por un lado, la gente que venía a nuestros conciertos o escuchaba nuestro primer disco nos daba un feedback muy positivo, pero siempre aparecía la misma pregunta: “¿Por qué no cantáis en castellano?” En el fondo era un reclamo; nos estaban pidiendo una mayor cercanía. Por otro lado, algunos productores con los que queríamos trabajar también nos sugerían explorar el castellano, así que poco a poco esa idea empezó a cobrar sentido.

Al final entendimos que era una necesidad. Si queríamos llegar de forma más directa, transparente y sin filtros al público, teníamos que hacerlo en nuestra lengua. Tomamos la decisión entre todos y hoy creemos que ha sido totalmente acertada: nos ha permitido conectar mucho más con la gente, con lo que sentimos y con lo que queremos decir. Ha sido un paso natural y, sobre todo, un paso hacia adelante.

Si escuchamos las letras, es todo un estallido emocional, realizar una ruptura con todo lo que duele en este mundo, casi sin dar margen a nada positivo, o hablarlo, o en vuestro caso, ¿cantarlo es un paso a romper con todo lo negativo de la realidad?

“Kamikaze” es un trabajo muy honesto y emocional que nace desde el corazón; perfectamente le podríamos haber puesto Mellon Collie and the Infinite Sadness por su temática a veces tan profunda o cruda, si se quiere, sin ningún tipo de pose.

Son diez canciones que recorren un viaje interno lleno de emociones que van desde el sentimiento de estar bajo mucha presión, el vértigo, la rabia acumulada, el deseo carnal, la vulnerabilidad o la sensación de querer liberarte completamente y dejar que todo lo demás no te importe.

Estos son sentimientos más comunes de lo que se puede pensar, porque no todo es tan fácil ni tan bonito como la gente quiere aparentar; a veces las cosas duelen, pero también a veces en la vida tenemos momentos de extrema alegría que nos gusta expresar en canciones. En Kamikaze nos dimos la licencia de hablar de todo sin filtros, mostrar lo que hiere y lo que impulsa, lo que te rompe y lo que te hace seguir adelante. El disco es un recorrido entre el caos y la catarsis, una caída y un renacer.

En la producción tenéis a Edu Molina, ¿cómo entra a formar parte del proyecto?

Cuando empezamos a plantearnos grabar un segundo disco, teníamos claro que necesitábamos un productor que encajara con la visión sonora que queríamos desarrollar. Conocíamos el trabajo de Edu Molina, especialmente por su banda Hermana Furia, y nos encantaba ese rollo guitarrero con tintes stoner que le caracteriza. Sentimos que su enfoque podía encajar perfectamente con lo que estábamos buscando, así que decidimos ponernos en contacto con él para enseñarle nuestra propuesta.

Edu se vino un día a vernos trabajar en el local de ensayo, y desde esa primera toma de contacto notamos que había buena conexión y que entendía muy bien lo que la banda necesitaba. A partir de ahí comenzamos a trabajar en sesiones de producción, dándole empaque a los temas y explorando nuevas posibilidades para las canciones.

Tenemos que decir que Edu es un productor extraordinario. Ha sabido sacar lo mejor de nosotros, respetando siempre nuestra esencia y dándonos absoluta libertad creativa. Se integró tan bien en el ambiente interno de la banda que en muchos momentos parecía un miembro más. Su aportación fue absolutamente clave para llevar nuestro sonido a un lugar mucho más sólido, robusto y definido.

¿Qué ha sido lo más fácil y lo más complicado de este trabajo?

Lo más fácil fue dejar fluir la emoción, porque las canciones nacieron de un lugar muy real. Eso siempre nos ha salido de manera natural. Pero lo complicado vino por varios frentes. Tal como mencionamos en “Hasta que amanezca”, muchas veces sentimos que el tiempo no juega a nuestro favor: los cuatro tenemos trabajos, responsabilidades y vidas muy demandantes fuera de la música, y encontrar huecos para componer o trabajar juntos es un reto constante. Solo la organización y el hecho de coincidir los cuatro ya supone un esfuerzo enorme.

A nivel creativo, también tenemos la particularidad de que funcionamos de manera totalmente colaborativa. Todas las decisiones importantes se toman entre los cuatro, y eso hace que el proceso sea más complejo que cuando compones solo. Diferentes visiones, diferentes sensibilidades… a veces cuesta llegar al punto en común. Pero a la vez, ahí está la magia del grupo. Con el tiempo hemos aprendido a escucharnos, a entendernos y a respetar el espacio creativo del otro. Y gracias a eso, cada vez las cosas fluyen mejor y las canciones terminan siendo mucho más ricas y completas.

Ha sido un disco de fondo, porque lleváis mucho tiempo sacando singles. ¿Cómo se trabaja en la banda para hacer una apuesta de ir lentamente en una sociedad en la que vivimos tan rápido, y sobre todo en la música?

Con paciencia y convicción. Sabíamos que “Kamikaze” necesitaba su tiempo. Vivimos en una época donde todo parece inmediato, pero nosotros preferimos construir algo sólido antes que algo rápido. Publicar single a single nos permitió que cada canción encontrara su espacio y que la gente entrara en el universo del disco de forma natural.

¿Influencias?

Cada uno de los 4 venimos de influencias muy diferentes que van desde el rock alternativo al soul, las cuales inconscientemente se van trasladando a nuestra forma de componer y de crear. Como bandas de referencia, nos fijamos mucho en bandas como Paramore, The Warning, pero tenemos alguna influencia también de bandas más introspectivas como Radiohead y de ritmos más contundentes como Royal Blood o Queens of the Stone Age.

¿Cómo es vuestra manera de componer?

El proceso empieza muchas veces con una “semilla”, por ejemplo, un riff, una idea de voz y guitarra, una base rítmica, incluso una idea de un tema ya más estructurada o maquetada. Al llegar estas ideas al local, comenzamos a trabajar primero en la parte de la estructura, después hacemos más foco en los arreglos, después en las letras, pero de forma general, a todas estas ideas les aplicamos el filtro del sonido de Decode, que es lo que nosotros internamente llamamos “decodificar” las canciones.

En este proceso, cada uno aporta su bagaje y su forma de sentir, con lo cual el producto final siempre es una construcción hecha entre cuatro, y el punto de partida siempre es la emoción. Una cosa que sí tenemos muy clara los cuatro es que, a la hora de crear, todos los egos se quedan fuera y nos centramos en lo que es lo más importante, que es la canción; si la semilla mueve algo dentro de nosotros, sabemos que vamos bien encaminados.

¿Para vosotros qué es más complicado, y qué es más importante, la forma o el fondo de una canción?

Más allá de que nuestro proceso muchas veces es empezar un tema desde la parte armónica, en realidad creemos que fondo y forma se retroalimentan mutuamente, o sea que cuando la emoción es honesta, la música se refleja mejor y viceversa.

¿Un sueño por cumplir?

Poder llevar nuestras canciones a cada vez más lugares, tocar en escenarios junto a grandes bandas que admiramos y seguir creciendo como banda sin perder nuestra esencia.

Queremos también aprovechar para invitar a todos a que nos sigáis en Instagram en @decodeband, donde estaremos publicando novedades y noticias de la banda, e invitarlos a todos a que nos acompañéis este viernes 21 de noviembre en la sala El Perro de la parte de atrás de Madrid en nuestro concierto de lanzamiento.

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