La eterna pregunta en el arte escénico es si se transmite mejor la alegría o la tristeza, y todo es tan subjetivo que también dependerá tanto de la persona que lo muestra como de quien lo recibe. Los estados de ánimo son como una montaña rusa, y lo sabe bien Jesús Carmona, reflejándolo en sus últimos espectáculos, en una trilogía, El Salto, Baile de bestias y Super-viviente, que no fue creada ad hoc, pero que acabó teniendo un hilo conductor y el sentir más profundo del artista.

Un escenario casi vacío acompañado de un piano, pocas luces y un artista que transita entre la música y el baile, y que combina los altos y bajos de cada nota, para que su baile dance al son, mostrando la incertidumbre en su rostro. Porque si hay algo a destacar de Super-viviente, es que Jesús Carmona no solo baila, realiza una actuación en toda regla. Una forma de narrar y contar con su gestualidad y movimientos, que llega desde el minuto uno y que se combina a la perfección con ese escenario que refleja la soledad del artista/persona y el enfrentamiento a sus sombras y miedos. Esta parte está excelentemente llevada por parte del diseño del diseño de escenografía

Al fondo, la banda que acompaña a Jesús Carmona en este espectáculo, y que marca con su potencia musical la misma que ejerce el bailaor con su interpretación: Juanfe Pérez al bajo, Bastian Iglesias a las teclas y al theremin, y Manuel Masaedo a la batería. No nos abordan con música nada convencional, nos llevan por sonidos tan estridentes como cautivadores, dando paso a cada movimiento/zapateado del bailaor, todo bien ejecutado para que el envoltorio de la música sea natural, que no exceda, pero sí que recubra al artista que está en total soledad escenográfica..

Decir que Carmona se desnuda emocionalmente en el escenario sería querer hablar de que se conoce al artista, y simplemente conocemos su parte artística, pero sí es verdad que tras la entrevista que tuvimos días antes del estreno nos esperábamos algo muy emocional, y nos comentó que esa era su apuesta soltar lastre y mostrarte tal y como ha tenido estados emocionales y psicológicos. Podemos decir que las expectativas se superaron con creces. Carmona se enfrenta al abismo del vacío interior, se rompe bailando, corriendo, revolviéndose en el suelo, tocando con intensidad y emocionalidad las teclas, subiendo y bajando del piano, queriendo gritar, pero sintiendo que no sale, rompiendo la jaula. En definitiva, llevando a cabo una lucha interior, que sale a flote en una total, y gran, performance, que dura 80 minutos y que no da tregua.

En esta sociedad donde la fragilidad es síntoma de debilidad total, Carmona la utiliza como arma para plasmar y reforzar la personalidad, para poner en bandeja un debate, sin querer hacerlo, pero logrando que te sumerjas en su carisma dolido, en sus luchas internas reflejadas en esos pies de micros y micrófonos que relatan voces, en esa jaula, donde uno se querría esconder, pero de donde también quiere salir. Empatizar con su interpretación es muy fácil, porque te lleva por derroteros certeros, duros e impregnados de mucha verdad.

¿Se puede disfrutar de un espectáculo donde el dolor emocional es uno de los protagonistas? Rotundamente sí, y Super-viviente demuestra que la cultura es un escaparate de la sociedad actual, que los artistas apuestan por reflejar el día a día, incluso los suyos, y eso demuestra una capacidad de valentía y de creatividad brutal, porque es fácil crear desde la ficción, pero no tanto dejarse ver al descubierto en escena. Super-viviente es mucho más que un espectáculo, es un viaje emocional donde la cultura y el arte cobran vida.

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