SEIS CITAS CASUALES

Memoria y Utopia: Harlan County USA (Barbara Kopple, 1976): En este excelente trabajo de la documentalista norteamericana no hay huella de la estética setentera más replicada y recordada. Este largometraje muestra un retrato crudo y sin concesiones sobre la huelga llevada a cabo por un grupo de mineros de una pequeña población de Kentucky llamada Brookside, para mejorar sus condiciones laborales contra la empresa Duke Power y la connivencia mantenida durante años por UMW (el sindicato de mineros). Kopple maneja mucha información a lo largo del relato desarrollado con multitud de puntos de vista si bien con una capacidad en su exposición que resulta nítida para el espectador. Se narran hechos escabrosos incluso criminales que ponen en solfa el sistema americano. Una lucha activa donde la implicación de las familias de los mineros tuvo un papel muy relevante a la hora de organizar y canalizar las protestas. Hay una escena magnífica en la que un minero y un policía hablan entre ellos sobre las reclamaciones justas que piden los trabajadores en huelga donde se aprecia claramente la comprensión lógica entre ambas partes, ausente completamente con los poderes y representantes de la citada empresa minera. La directora capta siempre los detalles más significativos para tener en cuenta las posturas de todos los implicados. Como sucede en otras situaciones similares la violencia acaba estallando teniendo sus inevitables consecuencias. El acuerdo final establecido satisface a medias a todas las partes, en menor medida a los mineros implicados cuya batalla tiene una victoria amarga. Una obra maestra del cine documental premiada con el Oscar de su modalidad y que pudimos apreciar en una estupenda copia restaurada. Destacar que gran parte del equipo de esta película es femenino y la película otorga gran importancia al papel que tuvieron las mujeres durante las respuestas. El vigente artificio woke brilla por su ausencia ante la honestidad que prima tanto en su discurso como en sus imágenes. Una lección ausente en muchas obras similares actuales.

Memoria y Utopía – Una árida estación blanca (A Dry White Season, Euzhan Palcy, 1989): cine denuncia como se entendía antaño desde la perspectiva de producción de un gran estudio (MGM) que en su momento se saldó con un inesperado fracaso en taquilla. Este último dato sorprende, tanto por la temática tratada como por su entonado reparto. La película narra la toma de conciencia de un profesor blanco de historia, cuya vida acomodada le impide ver la represión ejercida por el apartheid sudafricano y las consecuencias terribles que tendrá en algunas personas de su entorno. El film es honesto si bien palmario en su toma de postura pero resulta de una efectividad intachable a la hora de mostrar una situación político-social concreta e irrebatible que critica sin exceso de subrayados. Tiende a una cierta ingenuidad impostada aunque maneja muy bien el conflicto interno y externo de sus protagonistas. A Marlon Brando le bastan unos pocos minutos para hacerse con todo el interés del film en un papel de evidentes reminiscencias wellesianas que le valió una nominación al Oscar. Destacar también la presencia del entrañable actor sudafricano Zakes Mokae y en papeles menores, una desaprovechada Susan Sarandon y el siempre eficaz Jurgen Prochnow. En definitiva, una obra aceptable que llegó en un momento propicio tras la estela de películas con una temática similar y mayor calado popular como Grita libertad (Cry Freedon, Richard Attenborough, 1987) y Un mundo aparte (A world apart, Chris Menges, 1988) no siempre recordadas en su justa medida.

Memoria y Utopía – El Giro (Mandabi, Ousmane Sembéne, 1968): el segundo largometraje del cineasta senegalés resulta una obra esclarecedora de la situación social de su país en los años sesenta. Un retrato costumbrista bien perfilado que utiliza la sátira para señalar los principales problemas a los que se enfrentan una serie de personajes en su vida diaria. La vida apacible de Ibrahin quien vive de apariencias sin trabajar con sus dos esposas y sus hijos queda trastocada al recibir un giro postal de un sobrino suyo que trabaja en París. A partir de aquí, un sinfín de vicisitudes para poder conseguir el dinero donde los puntos en común con la comedia mediterránea resultan esclarecedores y en donde la mirada picaresca del director va ampliando las carencias vitales de todos las personas que van apareciendo a la llamada del dinero. Un film divertido y sagaz que invita a conocer a unos de los cineastas más importantes en la historia del cine africano. En otros tiempos, el festival hubiera realizado una retrospectiva completa con su obra o al menos un pequeño ciclo como el que le dedicó la Filmoteca española en febrero de 2023 que desafortunadamente no pasó por aquí.

Punto de encuentro: ¿Cara o cruz? (Testa o croce?, Alessio Rigo de Righi, Matteo Zoppis. 2025): Un western italiano dentro de un certamen como el vallisoletano puede parecer una rareza. En el cuadernillo del festival ya se advierte de que es una reinterpretación personal del cine de género lo cual se consuma en el visionado. En términos cormanianos, es un film con un buen comienzo y un buen final, la parte central da igual. En otras palabras, la película va perdiendo interés en su desarrollo ante los caprichos que van acumulando sus autores durante narración. Podríamos equipararla en algunas de sus propuestas a los films del oeste de Monte Hellman a los que nunca se acerca en resultados. Por lo demás, resulta interesante la reflexión sobre las historias recreadas y los sucesos reales (ficción vs historia), la figura de Buffalo Bill (estupendo John C. Reilly) como testigo inesperado del relato (dividido en cuatro capítulos), algunos apuntes históricos que dan sedimento al entramado y la presencia del gran Gianni Garko en un papel hecho a su medida. Un film meramente correcto donde priman sus curiosidades sobre su irregular pulso narrativo. A priori, se podría pensar  en un trabajo en paralelo a los que hizo en los años setenta el cineasta Richard C. Sarafian si bien la película acaba transitando por unos  cauces completamente diferentes. Habría sido más interesante programar el último film del trotamundista y siempre combativo Alex Cox, Dead Souls (2025), otra crónica alternativa del oeste rodado entre Arizona y Almería que adapta un cuento de Nikolai Gogol.

Seminci – PUFA: Alpha (Julia Ducournau, 2025): segundo encuentro entre los dos festivales vallisoletanos. Si el año anterior se eligieron dos obras muy afines al género fantástico como fueron la fulgurante MADS (David Moreau, 2024) y le estupenda Azrael (E.L.Katz, 2024), en esta ocasión se ha recurrido a dos interesantes disidencias. De hecho, la tercera película de Julia Ducorneau podría haber formado parte de varias de las secciones dentro del certamen. Recibida con frialdad y diversidad de opiniones en su paso por el altivo certamen de Cannes, Alpha (2025) refuerza el personal discurso fílmico de su autora en un estimulante drama de madurez  centrado en una adolescente que sufre un progresivo desarraigo personal, enfrentada a un entorno hostil donde un virus transforma a los contagiados en figuras de mármol que acaban con su vida. Su conflictiva relación familiar con su madre (doctora en un centro médico desbordado por la pandemia), la marginalidad que vive en su entorno escolar y la presencia de un misterioso tío adicto a las drogas concentran un pequeño microscomos tenso, desbocado e insalubre que acaba estallando en una huida sin fin por la supervivencia. Un film interesante con una estructura narrativa que maneja distintos tiempos alternados en una misma secuencia, con apuntes emocionales vibrantes, determinadas alegorías  y diversos elementos audiovisuales un tanto redundantes por su carácter impostadamente manierista. En resumen,  una obra poderosa en lo visual, irregular en su trazado y más lograda a mi entender que su provocativa y petulante Titane (2021). Destacar el trabajo actoral de Mélissa Boros, Tahar Rahim y Golshifteh Farahani.

Seminci – PUFA: La sonrisa del mal (La valle dei sorrisi, Paolo Strippoli, 2025): El tercer largometraje del cineasta italiano acomete una trama de terror religioso-parapsicológico con derivas al drama costumbrista y al relato de misterio. Sus formas son más cercanas al thriller que al horror y se aprecia la influencia de Stephen King o alguna de sus ilustres descendencias como Misa de medianoche (Midnight mass, Mike Flanagan, 2021). Lo más interesante es el retrato que propone de una comunidad sanada y sometida a un culto irracional  entorno a un personaje con aparentes poderes manejado a su antojo por inquietantes figuras. El resultado es una obra interesante aunque irregular, demasiado alargada para lo que cuenta y con un clímax redundante que patina en algún aspecto. Con todo es una obra que no se debe desdeñar y que invita a seguir a una de las nuevas voces del cine fantástico transalpino como bien ha demostrado en A Classic Horror Story (2021) y Piove (2022).

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