Amynata hace una declaración de intenciones con su música y su último Ep, Cosas Bellas, porque dice que tiene que haber mucho más de ello en este mundo. Una música delicada, con muchas tonalidades musicales, realizada con calma y poso. En esta entrevista nos habla de su carrera y de este trabajo.
¿Cómo definirías tu pasión y relación por la música?
La música es el lugar donde puedo ser sin explicarme. Es mi forma de ordenar el mundo y también de respirarlo. No es solo una pasión: es una forma de entenderme y de conectar con los demás desde un sitio honesto.
Autodidacta, ¿pros y contras al lanzarte al sector musical?
Ser autodidacta me ha dado libertad: pruebo, rompo, mezclo y vuelvo a empezar sin miedo. El contra es que a veces el camino se hace más lento porque tienes que aprenderlo todo sola. Pero también te hace muy consciente de cada decisión. Y es muy divertido.
Estás presentando “Cosas Bellas”, ¿cómo recuerdas su realización?
Fue un proceso muy íntimo. Lo hice a fuego lento, sin expectativas, buscando refugio más que resultado. Recuerdo mucho silencio, mucha escucha interna y la sensación de estar construyendo un pequeño universo propio.

¿Qué quiere contar Amynata con su música?
Quiero hablar de lo que sostiene y de lo que duele. De la raíz, del amor propio, del miedo, de los vínculos, de lo que heredamos y de lo que soltamos. Mi música intenta acompañar, no imponer; abrir un espacio donde cada persona pueda nombrar lo suyo. Y se sienta un poquito menos sola.
Cada canción es un fragmento de tu vida, dices, ¿te es más fácil expresarte desde lo personal?
Me es más natural, sí. Lo personal no siempre es lo literal: muchas veces escribo desde imágenes o símbolos que representan cómo me siento. Pero siempre parto de una emoción real.
Dentro de este segundo trabajo, ¿qué ha sido lo más fácil y lo más complicado?
Lo más fácil fue reconocer el hilo conductor: la calma, lo poético, lo que florece. Lo más difícil fue sostener la honestidad sin esconderme. También la producción, porque quería que todo sonara delicado sin perder fuerza, y eso exige mucha precisión.
Por momentos parece que recitas; hay un tono poético. ¿Cómo compones?
Compongo como si estuviera escribiendo un diario: primero dejo caer imágenes, frases sueltas, algo que me hace ruido o me sostiene. Luego voy ordenando ese caos. Tirando del hilo.
En este segundo trabajo hay más colores musicales, pero se mantiene la calma vocal. ¿Cómo ha sido la evolución creativa?
Ha sido una búsqueda de equilibrio. Quería explorar nuevas texturas —más percusión, más capas, más atrevimiento rítmico—, pero sin perder la esencia: la voz al centro, la emoción al frente y el espacio alrededor. Es una evolución natural, no forzada.
¿Nos describes un directo tuyo?
Un directo mío es íntimo y ritual. Voz, gesto, presencia. No busco artificios: busco que el público entre conmigo en un lugar más calmado, más simbólico. Son conciertos que respiran, que suben y bajan, que invitan a escuchar de cerca.
Influencias.
Me inspiran las artistas que mezclan raíz y emoción: Florence + The Machine, Aurora, algunas voces del folk contemporáneo y también referencias más cercanas a lo urbano y lo minimalista. Me influye más la sensibilidad que el género.
Un sueño por cumplir.
Poder llevar mi música a muchos más lugares, construir una comunidad real alrededor de mi proyecto y crear un show que crezca conmigo.
