Imposible que Averno dure más de 66 minutos, porque son extremadamente trepidantes no solo para el espectador, sino para cada uno de los bailarines, que no tienen un segundo de descanso, en una obra desgarradora en su simbología y en su forma de expresión.
Averno de la Compañía Marcat Dance ha sido protagonista el pasado fin de semana, los días 29 y 30 en el Centro Danza Matadero de Madrid, bajo la dirección de Mario Bermúdez Gil. Ya tuvimos entrevista hace un año y medio, cuando la obra abrió Cádiz en Danza 2024.
Un escenario totalmente sobrio, siete bailarines con vestimenta totalmente apagada en tonalidad y unas luces que van buscando la movilidad de los siete. No hay ni trampa ni cartón, son ellos solos ante el espectáculo en sí, y los espectadores; ante un espacio, podría decirse, desolador, siendo un protagonista más, como la sociedad, con ese reflejo de la soledad del ser humano ante la lucha de lo individual y lo colectivo. Una batalla que cada vez cobra más sentido y sonido, el cual resonaba potentemente con su banda sonora, con una música fuerte, machacante por momentos, pero que iba muy acorde con todo lo que acontecía en el escenario.

Una enorme representación entre lo colectivo y lo individual, su dualidad y lo que une y desune. Está muy bien reflejado, y resalta, en las coreografías, donde siempre hay una persona que se va quedando fuera de la misma y realiza otra danza, parándose y comenzando a recrear otras formas, todo de una manera muy sutil, y de una manera constante los bailes, intercalando lo colectivo y esa parte del individuo, donde además cada bailarín explora su cuerpo y su forma interpretativa.





Está todo llevado de una manera tan sigilosa y tan natural, al mismo tiempo, que nunca sabes quién va a destacar en la soledad expresiva dancística. La obra está dividida en segmentos narrativos, comenzando en lo colectivo, en la unión, para ir intercalando partes de lo individual, reflejando ya en una de ellas la lucha del cuerpo a cuerpo, que representa la supervivencia del ser humano, encarnado en esa persona. Termina en una lucha conjunta, mostrando lo que podría ser la muerte o el esfuerzo del cuerpo y la mente, que, aunque parece ausente, se muestra en ciertos movimientos.
Todo estaba totalmente coordinado, y nada se salía del patrón que no quisieran contar, porque los entrelazamientos de los bailarines dibujaban la lucha del ser por sobrevivir, por destacar, por ser solo uno dentro de un todo.

Fotos de Jesús López Barahona durante la representación en Cádiz en Danza 2024
Coreografía y dirección Mario Bermúdez Gil | Bailarines Mario Bermúdez, Catherine Coury, Marilisa Gallicchio, Javier de la Asunción, Andrea Pérez, David Eusse y Raúl Melcón | Directora de ensayos Catherine Coury | Composición y diseño musical Jose Pablo Polo | Dramaturgia Isabel Vázquez | Diseño de vestuario escénico Moisés Nieto | Diseño de iluminación Mamen B. Gil | Dirección de producción y técnica Mamen B. Gil | Distribución Danzas del Mundo Management Claudia Morgana / Comunicación: Ángela Gentil
