El pasado día 5 de diciembre, Brigida estuvo actuando en el mítico Café Libertad 8 de Madrid, presentando su música, su forma de vivirla y sentirla, y mostrando sus canciones desde esa forma tan suya, personal y delicada de llevar a los directos sus trabajos. Ahora os dejamos una pequeña entrevista y os invitamos a seguir a la cantante italiana, que promete estar mucho más en nuestro país.
¿Qué primer recuerdo tienes de la música y cómo entra a formar parte de tu vida?
A los seis años subí al escenario por primera vez con un coro y todavía recuerdo la felicidad que sentí cuando me asignaron una parte como solista. Después de esa experiencia, les pedí a mis padres que me dejaran estudiar piano y, desde ese momento, la música nunca me ha abandonado. En el instituto empecé a tomar clases de canto y a escribir mis primeras canciones: si de pequeña era un juego, luego se convirtió en una válvula de escape, una forma de sacar mis emociones y afrontarlas. En esa época comprendí lo importante que era para mí esta pasión y, tras terminar el bachillerato, ingresé en el Conservatorio.
Has pasado por distintos festivales en Italia, ¿qué aportan a tu carrera?
Gracias a estas experiencias, tuve la oportunidad de relacionarme con grandes profesionales del sector y conocí a compañeros maravillosos con los que sigo en contacto. En particular, guardo en mi corazón la final del Premio Pierangelo Bertoli, porque entre los artistas había un ambiente maravilloso y la organización nos transportó al mundo de un cantautor increíble como Bertoli, haciéndonos respirar los valores que inspiraron su música.
Canto jazz y pop, ¿cómo te decantas por estudiar estos estilos, y cuál crees que te representa más?
Aunque mis canciones se acercan más al pop, el estudio del jazz me ha permitido conocer el potencial expresivo de la voz y explorar cada uno de sus matices. No me gusta definirme con un solo género; sin duda es un estilo que siempre sentiré cercano a mi personalidad y que sigue siendo fuente de inspiración tanto en la composición como en la producción. Me fascinan los sonidos, las particularidades armónicas y, sobre todo, la improvisación, que hace que cada actuación en directo sea única e irrepetible: esta libertad creativa es precisamente lo que busco en los conciertos de los artistas que me gustan y lo que intento aportar a los míos.
Hace un par de años decides venirte a España, ¿qué impulsa esa decisión y en qué está influyendo en tu carrera?
Siempre había querido vivir una experiencia en el extranjero y, tras graduarme en el Conservatorio, no podía dejar pasar la oportunidad de hacer unas prácticas Erasmus: sólo iba a estar en Madrid seis meses, ¡no estaba previsto que esta estancia se alargara tanto! Esta ciudad es una sorpresa continua, me acogió con un entusiasmo y un cariño que nunca hubiera imaginado y me dio la oportunidad de vivir la música como siempre había soñado: producir mis propias canciones, dar muchos conciertos y poder crecer artísticamente colaborando con profesionales increíbles de todas partes del mundo.
¿Qué diferencias en el sector musical has encontrado entre Italia y España?
La curiosidad, la vivacidad cultural y la mentalidad abierta han sido para mí un verdadero soplo de aire fresco, algo que siempre había echado de menos en Italia y que fui a buscar a otros lugares. Gracias a estas diferencias, tengo la impresión de que aquí incluso un proyecto independiente, con todas las dificultades que ello conlleva, puede tener más oportunidades de crecer; hay más espacios disponibles para tocar en directo y muchas más ocasiones para reforzar el sentido de comunidad entre los artistas. Por otro lado, creo que las dos escenas musicales son similares en muchos otros aspectos, tanto positivos como negativos: por ejemplo, me gusta mucho que los cantautores cuiden mucho las letras de las canciones, debido a la gran tradición literaria que comparten ambos países. Pero al mismo tiempo veo que aquí también queda mucho por hacer en lo que respecta a la protección de los derechos de los músicos.
¿Qué te inspiran más, las alegrías o las tristezas?
Cuando empecé, escribir era sobre todo una vía de escape de la realidad y eran principalmente los acontecimientos negativos los que me empujaban a hacerlo; con el tiempo, la música se ha ido integrando cada vez más en mi día a día y cada canción es un reflejo del momento que estoy viviendo. Me gusta contar cada matiz, pero sin duda el dolor empuja a la reflexión de una manera diferente a la alegría y, para un artista, puede ser un motor creativo más potente.

¿Cómo es tu forma de componer?
Hacer música es un proceso instintivo para mí; a menudo tengo melodías en la cabeza que grabo en el teléfono y ahí es donde empieza todo; otras veces, en cambio, surge de la necesidad urgente de contar una historia y entonces son las palabras las que se posan sobre una serie de acordes al piano. A veces escribo en grupo y lo encuentro muy estimulante, sobre todo porque te ofrece la oportunidad de salir de tu zona de confort y experimentar. Por ejemplo, cuando me ha tocado escribir sobre un beat, los resultados han sido sorprendentemente diferentes de lo que suelo cantar.
¿Qué quiere contar Brígida con su música?
Hace unos años escribí una canción titulada Kintsugi, que toma su nombre de la antigua técnica japonesa de restauración de cerámica que rellena las grietas de las vasijas con oro. Para mí es una metáfora del poder curativo de la música y siempre marca el comienzo de cada uno de mis conciertos, porque declara la razón más profunda por la que escribo: la necesidad de contar las luces y las sombras, transformando incluso la fragilidad en algo bello o, al menos, en algo de lo que aprender. En una sociedad cada vez más anestesiada ante el dolor, creo que es importante contar y celebrar cada matiz de la esencia humana. Compleja y contradictoria, sin duda… Pero también extremadamente fascinante.
Maggio, inspirada en una historia real, y que has grabado en formato Live Session, ¿cómo nace esta canción y cómo decides llevarla a este formato?
En la canción «Maggio» hablo de una conexión especial que desafortunadamente nunca se convirtió en una historia de amor. La escribí una tarde de primavera, después de ver a una pareja de ancianos sentados en un banco, inmersos en un atardecer. En ese momento me pregunté: «Quién sabe dónde estaríamos si, además de las rosas, mayo nos regalara también la valentía de amarnos». Creo que estar divididos entre la búsqueda continua de una pareja y la dificultad de comprometerse seriamente en relaciones estables es un conflicto interno típico de nuestra generación. A veces tenemos el oro en nuestras manos y no somos capaces de cuidarlo. O a veces es sólo idealización, pero nunca lo descubriremos, porque nos rendimos antes de lanzarnos. Preferimos quedarnos en la superficie, dejar todo en suspenso, negándonos la posibilidad de descubrir si al final se esconde un tesoro en esos abismos. Creo que son dinámicas muy comunes en la sociedad actual, en la que predomina el amor «líquido», como bien describe el filósofo Bauman. Precisamente por la actualidad del tema, decidí publicar «Maggio» unos meses después de componerla, sin producción, sólo con piano y voz, tal y como nació: quería que el texto fuera el protagonista y, al mismo tiempo, devolver la magia del directo. De hecho, el vídeo forma parte de un concierto organizado para celebrar mi primer año en Madrid. Los videómaker cuidaron cada detalle de la ubicación para crear una atmósfera íntima que enmarcara mi música y lograron capturar a la perfección la emoción de cantar la canción por primera vez ante un público.
¿Qué nos encontraríamos en un directo tuyo?
¡Siempre me han encantado los conciertos en directo! En ese contexto, desaparece toda superestructura, no importan los números que tanto se persiguen hoy en día y el artista se desnuda con su alma en el escenario. Me encanta poder mirar a los ojos a las personas que te escuchan para comprender las emociones que suscita la música, contar la historia que hay detrás de una canción y reír, bromear y emocionarse juntos. Cantar en el extranjero es un entrenamiento continuo, porque al encontrarme ante una barrera lingüística evidente —todas mis letras están en italiano por ahora— me ha empujado aún más a abrirme y buscar el contacto humano con el público incluso antes de empezar a cantar. Canto mis canciones con el piano y mi voz, ¡tal y como nacieron!
¿Un sueño por cumplir?
Llevar mi música por todo el mundo… Pero, mientras tanto, empiezo por Italia y España.
