La Rinconada (Sevilla) acoge del 2 al 4 de diciembre la celebración de Mirador Sur a Escena, la Muestra Profesional de Artes Escénicas, impulsada por la Asociación de Distribución Escénica Andaluza (ADEA), el Ayuntamiento de La Rinconada (Área de Cultura) y que cuenta con la colaboración de la Diputación de Sevilla. Tres jornadas que tienen el objetivo de poner el foco en la creación contemporánea andaluza, fomentando el diálogo entre responsables de programación, distribuidoras, compañías y público.
Dentro de la programación nos encontramos con Hambre: Anatomía de una revolución y nos queremos hacer eco de la obra con una entrevista a su autora, coreógrafa e intérprete: Nieves Rosales.
Nieves Rosales se inició en la danza desde los tres años, comenzando en una escuela, ya que en su familia había ya una bailarina y con escuela. No sabría decirte ningún momento de mi vida que no haya estado relacionado con la danza. Por ello su profesión nace de la forma más natural hasta llegar a formar su propia compañía, SilencioDanza.
Entré en el conservatorio con ocho años, luego el profesional y, al terminar el superior, empecé arte dramático, dramaturgia y dirección de escena, porque sentía que tenía herramientas para coreografiar, pero me daba la sensación de que me faltaban muchos asideros. Esto me abrió un camino muy diferente, porque comencé a descubrir a directores —Kantor, Grotowski, Meyer— que utilizaban mucho el cuerpo, y me hacían estudiarme a mí misma desde otro punto, y ahí dejé, comencé a tener ganas de contar lo que yo quería, y que justo en noviembre, el 21, hemos cumplido 15 años.
¿Qué balance haces de esos 15 años? Si miro hacia atrás, me da mucha ternura porque me acuerdo de que yo tenía tantas ganas de subirme al escenario y contar lo que yo quería contar. Había trabajado para otras compañías, pero tenía tanta hambre de contar mis cosas, de encontrar mi lenguaje, que ha sido ir madurando como bailarina, pero también como persona. Entonces esos primeros tiempos me da mucha ternura que abría la agenda y prácticamente no tenía nada y lo que tenía era un amigo de un amigo, conocía y así salía todo. Cuando ya fui teniendo más presencia con un trabajo más continuo, te das cuenta de que he llegado a tener una definición de un lenguaje en escena. Empecé con mucho miedo y que a día de hoy me hace sentirme muy cómoda, que es a través del texto, por ejemplo, en la danza.
Nos cuenta que ella siempre parte de un texto; lo normal es que los bailarines empiecen a trabajar desde una idea en abstracto. Pero pienso que, al venir de la dirección de escena y de la dramaturgia, me cuesta mucho empezar desde lo conceptual, y también es verdad que a mí me ordena y me ubica mucho poder recurrir al texto, hacer mi análisis del texto y ya de ahí llevármelo al cuerpo. Ese es el trabajo que yo hago. Y para que a mí me llame un texto, fundamentalmente tiene que ser que lo lea y vea que es dinámico, que me salte casi el cuerpo desde la palabra, y que sea comprometido, porque para mí eso es fundamental también, porque siempre SilencioDanza tiene ese compromiso.

Has presentado Hambre: Anatomía de una revolución en Málaga. Sí, pero es verdad que en Sevilla será el estreno después de haberle tomado un poco el pulso en esa presentación en Málaga. Siempre hay cosas que hay que mover, cosas que se pueden incorporar nuevas y, en este caso, Hambre también se ha movido un poquito. Así que es verdad que me lo tomo como un estreno.
Me he dado cuenta, mirando hacia atrás, de que, además de tener el compromiso con las obras que durante estos 15 años he tenido como centro la figura de la mujer en relación al poder; cómo se ha relacionado con el poder de manera horizontal, vertical, cómo se la ha visto en sociedad. Cada obra era distinta, pero sí que tenía eso en común. Hambre, pues vino a conmemorar estos 15 años, y ha venido con una historia muy malagueña. Encontré un texto de Raquel Zugasti, que habla de esas mujeres malagueñas de 1918 que salieron a la calle y que gracias a ellas se organizó esa primera huelga nacional. Y es que en España, y fundamentalmente en Málaga, que es donde sucede el movimiento, pues no tenían para comer después de la Primera Guerra Mundial; era tan precaria la situación y tan doliente que las mujeres se organizan entre ellas, mujeres que no sabían casi ni leer ni escribir, y fueron capaces de organizarse en masa en Málaga y trasladar ese movimiento a otras ciudades de España. Me parecía que la historia era muy potente y que tiene mucho que ver con el momento en el que estamos ahora.
Nos comenta que, aunque para muchos les resulte extraño el traer una obra de 1918 ahora, ella le ve un paralelismo interesante y preocupante, por los conflictos bélicos que nos rodean y nos afectan directamente. No es raro que hace unos años una familia pudiese mantenerse con un sueldo, bueno, más o menos bien, y hoy esa misma familia tampoco es raro encontrársela en un comedor social. Así que no estamos tan lejos de ese momento, y a mí eso me mueve muchísimo.
Ojalá recordásemos más de dónde venimos, y tuviésemos más conciencia, porque entonces evitaríamos repetir muchos momentos de la historia que han sido terribles. Porque si no, no se entiende de otra manera.
En este trabajo ha cambiado su forma de llevarlo a escena, al cumplir 15 años quería realizar un montaje que tocase más de cerca su tierra, nos comenta, y creyó que sería buena idea el que hubiera una dirección externa, y de ahí que esté como coreógrafo-director Daniel Doña.
Él se ha encargado de la dirección de escena y yo de la coreografía. El trabajo con él ha sido muy fácil, porque lo tenía muy claro cuando yo le conté la historia y le pasé toda la información que yo había hecho de dramaturgia y demás. Eso a mí me facilitaba mucho la creación coreográfica. Luego entró también en el proyecto Daniel Blacksmith, que es el músico que ha compuesto toda la pieza, y con él el trabajo también es sencillo y se adapta muy bien a mi manera de entender la danza, a mi movimiento. Se han ido colocando todas las piezas del puzle de Hambre y, sinceramente, ha sido un proceso sencillo, entendiendo que un proceso nunca lo es; lo he disfrutado mucho. Creo que es un proyecto en el que he invertido quizás más horas que en ninguno, porque a todos los proyectos les he echado mucho tiempo. Los pienso, los repienso, pero con Hambre, quizás por la responsabilidad de que estuviese dirigido por otra persona y que su nombre estuviese tan vinculado, eran horas y horas ensayando y viendo, reestructurando, escuchando música; ha sido muy intenso el proceso.
Aparte de la responsabilidad, a medida que avanzas, ¿el nivel de exigencia, incluso vuestro, es superior? Sí, absolutamente; además, en Hambre yo quería también que coreográficamente hubiese un cambio y también a nivel musical, porque yo he ido llevando una tendencia musical a lo largo de este tiempo; en Hambre quería cambiarla, quería como que estos 15 años fuesen el paso para abrir una etapa nueva. Entonces es verdad que, aparte de la responsabilidad de que Dani estuviese dirigiendo, era también el hecho de: ¿cómo va a funcionar esto?, ¿seguirá gustándole a la gente que lleva tanto tiempo viendo mi trabajo?, ¿estaré cómoda? Me surgían muchas dudas, pero realmente, una vez hecho el montaje, yo estoy muy contenta; creo que es lo que yo quería hacer.
Si tuvieras que, por ejemplo, lanzar una invitación para que alguien fuera a ver tu espectáculo, ¿cómo describirías hambre? Pues diría que Hambre es un espectáculo que habla de nosotros, que habla de lo que nos pasa hoy y que lo hace desde el cuerpo y desde la palabra, porque para mí es importante que quien venga a ver Hambre salga, por supuesto, emocionado, pero que también salga sabiendo lo que ha visto. Me gusta que la gente entienda lo que está pasando en el escenario y en la danza a veces es difícil de entender, por eso yo les diría que no tuviesen miedo, porque hay gente que se acerca a la danza como muy tímidamente porque piensan que no lo van a entender. Que se lancen, que vengan a verlo.

No nos han educado en la danza, ya nos cuesta, y al teatro, pues la danza es como una suerte de encuentro si alguien viene. Al final la danza es muy subjetiva, depende mucho de la persona, de quien te esté mirando. Pero yo intento siempre ponerlo todo de mi parte para que esa persona, cuando salga del espectáculo, quizás no lo ha entendido todo, tampoco es necesario que lo entienda todo, pero sí que ponérselo relativamente fácil para que vuelva, para que no se vaya del espectáculo diciendo: «No me he enterado de nada, no voy a volver a ver danza». Yo eso lo tengo muy presente y me gusta tenerlo presente; quiero que se vayan diciendo: «Oye, pues mira, quiero volver». La danza es el primer sistema de comunicación que tenemos. Cuando no tenemos la posibilidad de hablar, el hombre se comunica con el cuerpo, y en el momento en que surge la palabra, nosotros olvidamos el cuerpo y ya no nos entendemos, y en eso seguimos. Recuperar la herramienta comunicativa del cuerpo es muy importante. Es cierto que el hecho teatral ya en sí mismo es subjetivo, porque es que depende de tu formación, de las veces que tú hayas visto danza, de cuánto te toque o no el tema, etc. Pero si somos capaces de recuperar un poquito esa herramienta de comunicación que es el cuerpo, yo creo que seríamos hasta mejores como sociedad, porque el cuerpo lo hemos perdido. Estamos en el cuerpo, pero en una forma muy superficial; lo vemos en las redes sociales.
¿Qué significa estar en el festival que vas a estar en Sevilla, Mirador Sur a Escena? Primero me hace mucha ilusión. Cuando me dijeron que iba a estar en el festival, me pareció una oportunidad también de reubicar cosas de Hambre. Y luego me gusta mucho porque, cuando se crean festivales nuevos, estar en esas primeras ediciones también tiene su magia. Porque cuesta tanto que surjan iniciativas nuevas relacionadas con las artes escénicas, que de verdad te digo, cuando me llamaron para decirme que habíamos entrado la obra, me hizo una ilusión tremenda porque creo que es importante estar en esos espacios. Además, es que no es sólo el momento de hacer el espectáculo, también es compartir, tener esa posibilidad que de normal no tenemos, que tengamos la posibilidad de hablar con los programadores, con los distribuidores, con los propios compañeros; esa red que se crea en esos días, de verdad que es maravillosa. Ojalá hubiese más espacios así.
¿Un sueño por cumplir? Te voy a decir lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Para mí, un sueño por cumplir sería tener un Max. Es de esas cositas que cuando eres niña lo ves en la televisión y te dices: «Me gustaría estar ahí un día», no sólo por el premio, sino por lo que significa la noche de los Max, y lo que significaba para mí el hecho de verlo con mis padres, todo un recuerdo.

Coreografía e Interpretación: Nieves Rosales
Dirección Escénica y asesoramiento coreográfico: Daniel Doña
Dirección musical: Daniel Blacksmith
Diseño de iluminación: Fran Burgos
Vestuario: Carmen Trujillo
Zapatos: Osuna
Cartelería e Imagen: Paco
1918. La primera revolución femenina. Un grito de dolor y hambre que resuena por las calles de la ciudad y se extiende a todo el Estado español. Un capítulo de nuestra historia que merece ser recordado. El pasado y el presente se entretejen a través de las mujeres luchadoras.
“Un trozo de pan duro y baila el perro… pero yo no bailo, muerdo”.
Compañía: SilencioDanza
Autora: Nieves Rosales
Género: Danza
Procedencia: Málaga
Duración: 50 minutos
