Sí, ya se ha convertido en un clásico para La estrategia del caracol terminar con el resumen de JAZZAHARA, que este año llegó a su sexta edición con un cartel tan ecléctico como versátil, algo que siempre buscan, variedad en cada actuación, que cada concierto tenga su seña de identidad y podemos decir que así fue.

El arranque fue a cargo de Triplanetas, Daahoud Salim al piano, Julián Sánchez a la trompeta y Bori Alberto al contrabajo. Y no pudimos comenzar mejor; Julián ya es un habitual del festival con otras formaciones, y Daahoud Salim era la primera vez en el festival, pero bien es verdad que está siendo un año muy fructífero para él, porque con distintos formatos ha recorrido muchos festivales y ha hecho gala de su versatilidad musical, de su creatividad y de su fuerza escénica.

Efectivamente, estábamos en Cádiz, en Zahara de los Atunes, pero la música de Triplanetas, su concierto y la forma de arrancar nos llevaban totalmente a la cuna del jazz; hubiéramos podido pensar que estábamos en Nueva Orleans, como si de una película se tratase, con el trío donde la diversión sonora y personal de cada uno iban fundiéndose, donde la suavidad de la tonalidad de trompeta se iba uniendo progresivamente al piano y al contrabajo. Nos hicieron viajar por sonidos andalucís, sambas… todo desde lo más contemporáneo hasta lo más clásico, pero siempre con la impronta del respeto al jazz como base.

Además, en Triplanetas se puede resaltar la fluidez que existe en el trabajo escénico entre los tres artistas, en su habilidad para comunicar y con una gran solvencia de narrar, además de tocar, el motivo de cada tema. Para ello, Daahoud Salim mostró su humor, su empatía y su gracia. En contraposición, Julián Sánchez reemplaza esa timidez en la presentación con la elegancia en su toque de trompeta, mientras que Bori contribuye con su habilidad para ensamblar todo en uno, con una actuación positiva en términos de musicalidad y presentación en el escenario. Lo que se podría denominar un trío bien avenido.

En esa primera jornada del viernes 31 de octubre, las tornas se volvieron internacionales y Theo Croker, el trompetista, compositor y productor americano nominado a los premios Grammy, presentó su último trabajo DREAM MANIFEST. En la entrevista previa al festival nos comentó que iba a utilizar samples a través de un procesador de efectos y una mesa de mezclas de DJ y que nos iba a dar un concierto lleno de introspección, que define completamente lo que pudimos disfrutar esa noche.

Este concierto fue un juego sonoro; Theo Croker estuvo en todo momento metido en su mundo musical y creativo, probando con los teclados y samples, y entre tanto nos regalaba su virtuosismo con la trompeta, ese instrumento que dice con el que no podría estar encima de un escenario, y que tanto le representa. Una hora que transitó entre el jazz clásico y el soul. El trompetista americano parecía entrar en éxtasis, absorto totalmente a lo que ocurría entre el público, total atención por nuestra parte, centrado en su improvisación, en su creación instantánea, pero sin dejar de lado a su banda: Idris Frederick al piano y teclado, Miguel Russell a la batería y Eric Wheeler al contrabajo. Su actuación fue de más a menos en potencia, pero ganó en armonía musical, que lo logró con la compenetración que hicieron en cuarteto.

La tarde de la segunda jornada de JAZZahara fue a cargo de Anggie Obin Quartet. Un proyecto sonoro donde la tierra tiene mucho que ver, donde los sonidos de raíz de Anggie son protagonistas, y posteriormente los traslada a la música de jazz, como soporte más actual, con el acompañamiento de piano, contrabajo y batería, Toni Vaquer, Juan Pastor y Enric Fuster, respectivamente.

El inicio emulaba la selva totalmente, la naturaleza, y de ahí ese aporte de raíz de la flautista panameña. Atravesó su actuación desde el swing al jazz hasta llegar a la rumba, todo sin perder la armonía del cuarteto, incluso con canciones sin acordes iniciales que iba desarrollando poco a poco, improvisación propia del jazz, que hizo de su paso por JAZZahara una singularidad donde la impronta de cada uno de ellos dio su toque especial, y destacar al contrabajista que destacó tanto en el conjunto como en sus solos.

¿Qué poder decir de la actuación de Juanfe Pérez y esos tres artistas que estuvieron con él en el escenario abriendo y cerrando la noche del día 1 de noviembre? Totalmente indescriptible esa presentación de Prohibido el Toque, que realmente lo que tenía que estar prohibido es no escuchar ese disco y ver un directo suyo. Flamenco rock, pasión y mucha, muchísima calidad musical en ese concierto. Posiblemente irrepetible, ya que en otros momentos acompaña otra voz. Con decir que terminaron su función, ya que fue todo un espectáculo, con una versión de Frank Zappa, está todo más que contado.

Juanfe Pérez quiso agradecer al festival el riesgo de programar un proyecto como el suyo, una fusión de flamenco rock, nada habitual en eventos de jazz, pero que tenía esa particularidad del propio festival de tener siempre artistas andaluces, pero también con el sello propio y donde cada uno de ellos tiene una personalidad muy potente; los cuatro destacan con su instrumento de base, y saben fundirse en uno al son de ese bajo que marca cada una de las notas. Arriesgaron y ganaron al público; unas interpretaciones al límite, llegan a entrar en un estado de embriaguez musical que transmiten a los asistentes. Una noche que se bordó con la autenticidad de un proyecto a seguir, y a cuatro artistas que no hay que perder de vista; ojo con la cantaora, Alicia Morales, que tiene su proyecto propio, con David Sancho, que está más que solicitado entre proyectos de jazz, soul y rock, y la potencia de la percusión de Kike Terrón, asiduo en silencio de muchos grandes artistas. No me olvido de Juanfe Pérez, gran creador, para él, para otros, y artífice de múltiples proyectos que no hay que perderse, porque su verdad musical está latente en cada uno de ellos.

Si nuestro clásico es terminar el año con este humilde resumen, el de JAZZahara es hacerlo con un concierto matutino con un aperitivo previo a cargo de SoHo´S

Posteriormente se subió al escenario Jéssica Pina en formato trío con batería y teclados, Eron Gabriel y Anderson Ivo, y ella a la voz y a la trompeta. Si nos habéis leído bien, veréis que este año en ninguno de los cinco conciertos ha habido ningún saxo, dando lugar a la visibilidad de los distintos formatos jazzísticos que son posibles en estos momentos.

Siempre digo que cada certamen tiene un momento, una actuación donde la elegancia es la marca de la casa, y en esta ocasión fue por parte de Jéssica Pina con su voz aterciopelada, con su saber estar escénico y con gran potencia musical con la trompeta, muy armónica, compenetrada con la batería y los teclados.

La artista portuguesa sentía cada tema; su cara, sus gestos, sus movimientos nos llevaban por el derrotero de cada sonido que recreaban, con una musicalidad de soul que dibujó casi todo el concierto. Mucha pasión en ese trío, mucho estilo y ganas de transmitir, en una mañana donde el sol salió en Zahara de los Atunes acorde con ese concierto para cerrar el festival de una manera espléndida, sonora y visual, porque Jéssica con su sencillez llenó de presencia escénica y musical esa mañana. Tuvieron una fluidez en el trío en cada tema, que destacó; nada era individual, abogaron por esa colectividad que es la música, el jazz, el soul y los sonidos más cálidos que brotaban de la voz de Jéssica, sintiendo cada nota y trasladando esa sencillez a la par que la energía que desprendió en todo momento. Escalofrío fue uno de los temas que interpretaron, que lo presentaron para representar a Eurovisión por Portugal.

En definitiva, cinco actuaciones muy dispares, cinco viajes sonoros, pero todo con gran personalidad y calidad musical, algo que volvemos a agradecer a JAZZahara, por aportar, por traer a España artistas que en muchas ocasiones no son tan accesibles y que merecen tener cabida en un escenario.

Fotografías de Jesús López Barahona

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