Les imatges arribaren a temps de Jaume Carrió es un viaje por el tiempo y la memoria de la forma de transmitir y contar historias visualmente hablando, y lo hace relacionando la DANA de hace un año en Valencia con episodios ocurridos con anterioridad.

Hay un poso de melancolía por la evolución de las formas de realizar cine y de contar a través de las imágenes, además de dejar constancia de un hecho que servirá de legado para otras generaciones.

En estos momentos se encuentra dentro de los seleccionados en la categoría de Cortometraje Documental Goya 2026. Os dejamos una entrevista donde nos habla de su cine, de su mirada y de sus trabajos.

¿Cuál es tu primer recuerdo del cine, y qué es lo que propicia que te dediques a ello en estos momentos?

Siempre que intento recordar quién era yo de pequeño, me veo rodeado de estímulos relacionados con el cine. Sin que mi familia fuera especialmente cinéfila, no solíamos faltar al Blockbuster de turno, al cual teníamos que ir en coche, ya que no vivíamos en la ciudad. Recuerdo también que mis amigos venían a buscar películas en VHS a casa como si de un videoclub se tratara. De ahí nace mi fiebre por el coleccionismo en formato físico. Ya de adolescente me di cuenta de que me gustaba más quedarme en casa haciendo sesiones dobles y no tanto pasar tiempo en la plaza del pueblo matando las horas. Un día entendí, seguramente más tarde que pronto, que todas esas historias que tanto admiraba podían salir también de mí, así que busqué excusas para poner en práctica todo lo que había visto como espectador. Mis estudios y mi tiempo libre se centraron en la creación audiovisual en cualquiera de sus maneras de existir, con especial atención a la parte más narrativa del lenguaje audiovisual.

Woody & Woody, mejor cortometraje de animación, ¿qué significó para ti ese premio?

En ese momento lo sentí como un sueño que no me tocaba estar viviendo y me forcé a despertar rápido y volver a la rutina. Tener los pies en el suelo ha sido siempre una manera de entender mi manera de vivir y mi manera de crear. No dejaba de ser irónico que, después de centrar mi obra exclusivamente en la ficción, llegara este reconocimiento con el primer y único cortometraje de animación que he hecho. Esto me lleva a reflexionar, otra vez, ya que tres cortos de ficción después, que han sido lamentablemente ignorados, vuelvo con un corto documental (primero y único) y resulta ser, ahora mismo, candidato a estos próximos Premios Goya.

Si hablamos de ‘Les imatges arribaren a temps’, ¿nos podrías decir cómo surge este trabajo?

Después de meses de rutina laboral, recibo una invitación por parte del Ayuntamiento de Esporles (mi pueblo, en Mallorca) para crear un contenido audiovisual con la finalidad de hacer una gala de recaudación de fondos para ayudar al pueblo valenciano a recuperarse tras la DANA. Se me da muy mal aceptar encargos, pero esta vez acepté. Debo reconocer que las imágenes de la DANA, y la proximidad del suceso, me hicieron reflexionar como nunca antes lo había hecho con catástrofes similares. La llamada constante en mi cabeza de un material propio que grabé 18 años antes fue el detonante del proyecto.

Después de finalizar tu cortometraje, ¿qué recuerdos más se te han venido de las fechas que mencionas en el documental, o de las personas de las que hablas en él?

Tal y como digo en el tráiler, que más que un avance acaba siendo un prólogo del corto: “Tengo la sensación injustificadamente egoísta de que lo he vivido”. Yo no estuve en Valencia, pero la claridad y proximidad del manejo del lenguaje audiovisual me han dado una experiencia que los informativos nunca han podido dar, provocando así incluso recuerdos no vividos. Hace ahora 18 años, en Mallorca llovió tanto que el torrente de mi pueblo se desbordó. Cogí mi cámara doméstica para grabar muy pocos minutos de lo sucedido. Aunque no soy capaz de recordarlo, seguramente tuve que cargar la batería de la cámara unos minutos antes de usarla y buscar alguna cinta virgen o borrable para poder grabarlo. Esto no hubiera pasado hoy: no habría buscado ni cámara, ni cinta ni batería; habría sacado el smartphone de mi bolsillo y ya lo tendría.

Para los que hayan visto el corto, todo empieza con unas declaraciones de mi padrino en el informativo regional. No soy capaz de recordar que él saliera en las imágenes que yo mismo grabé, pero sí recuerdo, de ese día, que la cinta con el material bruto la entregó mi hermana a unos periodistas que vinieron a documentar los hechos, pero debieron llegar tarde y se quedaron sin las imágenes más impactantes.

Creo que antes de comenzar a dirigir estuviste como montajista, ¿cómo ha sido esa labor aquí, para plasmar ese mensaje desde lo individual a lo colectivo, y viceversa?

Realmente no empecé como montador; simplemente es el único departamento en el que me siento profesional sin que el espíritu del impostor me posea. Aprendí a montar resolviendo los puzles que mi incompetencia como realizador me llevaba a filmar. Pasé varios años practicando con material no profesional grabado con mi propia cámara, posteriormente con encargos de todo tipo: vídeos corporativos, vídeos de bodas, piezas para informativos, y finalmente llegaron algunos trabajos documentales no dirigidos por mí.

Sea como sea, he pasado más tiempo montando mi propio material que el material ajeno. Eso me ha convertido en un creador que no es capaz de ver la línea que separa el proceso de rodaje del de montaje, ni la labor de la directora de la de la montadora. Cuando dirijo, reescribo y monto, y cuando monto, dirijo y reescribo; no conozco otra manera de trabajar.

Les imatges arribaren a temps es especial en ese sentido, ya que es la primera película que hago que no se ha rodado, y cuyo guion y dirección se construyen gracias al montaje. Es un lienzo en negro en el cual pude narrar a base de montaje; al fin y al cabo, el cine es montaje, y este corto representa para mí la esencia de la narración cinematográfica.

Al mismo tiempo, ¿cómo has vivido los cambios en el sector, y en qué han influido en tu carrera?

Soy una persona que empieza a narrar con imágenes en movimiento cuando el cambio al digital ya es una realidad. En ese sentido, no soy ese cinéfilo romántico que se vuelve creador y echa de menos el fotoquímico sin poder explicar por qué. Abrazo la tecnología digital como si lo de antes hubiera sido un trámite para conseguir la libertad que tanto aprecio como creador.

Dicho ésto, tengo un respeto absoluto por el lenguaje que ha construido el cine durante poco más de un siglo. Eso me lleva a no banalizar el lenguaje audiovisual y a no saltarme las normas de la gramática audiovisual simplemente porque “se puede”. En ese sentido, los formatos de pantalla han sido uno de mis intereses no compartidos por otras compañeras cineastas que, mucho me temo, han banalizado este momento clave y de importancia narrativa a la hora de poner en marcha muchos proyectos. Si los que nos dedicamos a ésto no intentamos hacer un uso riguroso de la elección del formato de pantalla, ¿cómo vamos a pedirle a la sociedad, que seguramente no se ha formado audiovisualmente, que entienda cuándo debería hacer uso del vídeo en vertical y cuándo no?

¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de realizar este trabajo?

Aplicar uno de mis principios favoritos, con los que predico continuamente en mi papel como profesor, pero que rara vez aplico a la hora de trabajar: el menos es más. Es un corto que dura exactamente seis minutos, y en el que la pantalla pasa casi más tiempo a oscuras que llenando de luz cada uno de sus píxeles. En el que el concepto es el propio acabado del corto, y su austeridad se convierte en fuerza y en belleza.

En este sentido, suelo trabajar con equipos de gente más bien propios de la ficción de largometraje, y con procesos de producción también largos para lo que es el formato corto. Aquí afronté la ejecución del corto de manera solitaria y en tan solo cuatro días.

¿Crees en la importancia de estos documentos para que otras generaciones puedan conocer lo que pasó años atrás?

El ser humano se ha convertido, sin saberlo ni pretenderlo, en cronista audiovisual, accidental y colectivo, de nuestra era. Puede que el egocentrismo nos mueva a documentar nuestras vidas, pero ese material está ahí para la posteridad. Y a la vez que hacemos saber a nuestro entorno todo lo que vivimos, generamos una labor de documentación que no tiene precio. Aun así, esa sobreacumulación de recuerdos puede que le reste valor al propio material archivado, y puede que se pierda por exceso entre teras y teras de recuerdos registrados sin intención trascendente.

¿Cómo estás viviendo esta carrera de fondo de cara a la presentación del cortometraje en festivales, y de cara a los Goya 2026?

Estamos en el momento en que el corto es como es, y ningún premio, reconocimiento o crítica podrá cambiarlo. El trabajo está hecho y ahora toca conseguir que exista. Esta campaña no es fácil de hacer desde Mallorca. Me gusta crear desde la isla, y eso tiene sus limitaciones; la insularidad me inspira, pero también dificulta que en un momento como éste pueda darme a conocer entre los profesionales de la península.

La mayoría de creadores de películas cortas no consumimos películas cortas, y ese hecho, más allá de poder considerarse hipócrita, dice mucho de las posibilidades del corto por ser visto: plataformas de streaming, sí; festivales, también; pero lo que hace falta es educar al espectador a apreciar el cine en formato corto, y dejar de entenderlo como un trampolín para acceder a algo más largo, y no necesariamente más grande.

Has recibido el premio a la mejor dirección, ¿qué importancia tiene que además sea en un festival específicamente de documentales?

No deja de ser irónico que haya recogido dos premios a mejor dirección (Alcances y Cartagena) con un corto que no ha tenido ni rodaje. Vuelvo entonces a poner en valor una manera diferente de entender el trabajo de dirección, pues en este caso he podido dirigir sin moverme de la estación de montaje.

Alcances es, sin duda, uno de los festivales de documentales más prestigiosos de España. Aún recuerdo la alegría que supuso para mi productor, Joan Bover, recibir la selección en este festival. Son esos pequeños momentos en los que entiendes que todo ésto vale la pena, que todo esfuerzo tiene su recompensa, y que, sea como sea, el cine, si es compartido, siempre es mejor.

¿Qué aporta tu faceta de profesor de cine a la hora de dirigir tus trabajos?

Es algo casi paradójico, ya que mientras dirijo, suelo tener muy en cuenta todo lo que predico en clase, pero en clase no suelo hablar de mi manera de dirigir, ya que en el rodaje soy muy de confiar en mi intuición, algo absolutamente vacuo desde el punto de vista de la teoría del cine. En clase soy empírico, y en rodaje me arriesgo más de lo que sería capaz de confesar a mis alumnas.

Sea como sea, este corto que ahora nos ocupa es, sin duda, el más didáctico que he hecho nunca, y algunas alumnas que han visto el corto me han dicho que la experiencia es como asistir a una de mis clases, pero por suerte sin los chistes malos con los que interrumpo mis propias clases magistrales.

¿Crees que es buena esa amplitud de mirada en el cine?

Como espectador, soy muy de seguir figuras autorales. Cuando detecto un patrón en una filmografía concreta, suelo agradecerlo, ya que conecto con esas miradas únicas que me dejan sus gafas de ver para poder, por un momento, entender el mundo como esas cineastas. En mi caso, me he forzado durante años a no repetir fórmula. Solamente hago cine para poder plantear alguna pregunta nueva o para poder probar algo más de ese lenguaje que nunca tendré dominado. Reutilizar aciertos es algo que no me interesa, ya que para levantar un nuevo proyecto, por pequeño que sea, tengo que estar completamente convencido y enamorado de lo que planteo.

Aun así, y es feo que lo diga yo, me gusta pensar que el espectador que ha visto varias de mis películas es capaz de reconocerme en esa manera de entender las historias.

¿Próximos proyectos?

No suelo tener proyectos a la vista, ya que para mí esta fase de distribución me ocupa tanto o más tiempo que el propio proceso creativo. Y entre proyectos personales, lo que suelo hacer es centrarme en la postproducción de historias ajenas que, a veces, consigo hacerlas un poco mías. Ahora mismo tengo varios frentes abiertos: dos cortometrajes de ficción y un largometraje documental, en los que podré firmar, de manera orgullosa, el montaje.

¿Un sueño por cumplir?

Intento no ponerme objetivos inalcanzables. Soy tan pragmático que difícilmente mis expectativas me juegan una mala pasada. Si puedo seguir contando las historias que quiero, siempre que quiera, el sueño de sentirme realizado haciendo cine se mantendrá vivo. El formato corto me permite experimentar sin tener que dar explicaciones ni responder ante las fuentes de financiación, y con ello sentirme realizado haciendo lo que más me gusta.

Como deseo, me conformo con saber que Les imatges arribaren a temps ha conseguido conmover a quien lo haya visto, ya que otra cosa no pretendía el día en que empecé a juntar las piezas.

Productora / Production Company: Far Visuals, S.L.
Dirección / Direction: Jaume Carrió
Intérpretes / Cast: Jaume Carrió
Guión / Script: Jaume Carrió
Producción / Production: Joan Bover
Montaje / Editing: Jaume Carrió
Sonido / Sound: Rubén Pérez

Lugar de rodaje / Shooting Place: Esporles, Mallorca.
Año de producción / Year of production: 2025
Género / Genre: Documental
Duración / Running time: 6 min.
País / Country: España

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