Opera23 presenta en Madrid Teatro Armónico, su último trabajo, tras su paso por el Festival de Jazz de Medinaceli. 64 minutos musicales que van desde la exploración sonora entre «Espacio» y «Gesto» y que bien puede ser un viaje musical como si de una película se tratase, ya que parece ir de principio a fin, de tener un guion totalmente concebido para que el oyente siga, y siga escuchando la siguiente canción. Pasen y lean a Vincenzo Germano, compositor, bajista y docente, que estará el próximo día 1 de febrero en el Teatro Off Latina.
De Vincenzo Germano a Opera23, ¿cómo es ese salto al sector musical?
No recuerdo ningún momento en el que se produjera este cambio, quizá porque nunca hubo una transición. Siempre he vivido la actividad musical de forma catártica, tratando de sumergirme totalmente en lo que me apasionaba.
Sin duda, hubo un momento en el que decidí que la música sería mi profesión, pero creo que fue una consecuencia natural de mi proceso. Opera23 no es un alter ego, sino una continuación necesaria. Mi nombre era demasiado italiano, así que, después de mudarme aquí, a España, necesitaba algo que fuera un poco más local, para evitar algunas s o z indeseadas o fuera de lugar.
Compositor, artista electrónico, diseñador de sonido, bajista, ¿cómo nace cada faceta artística?
Todo nace de un desorden básico, o si se prefiere, de intereses diferentes. A lo largo de los años, sólo he intentado aplicar un método a este desorden, formándome en diferentes contextos: Musicología en la Universidad, Composición y Música Electrónica en el Conservatorio, mientras que para los estudios de bajo tuve la suerte de encontrar maestros que me guiaron y marcaron profundamente.
Siempre temo los procesos formativos que, desde los primeros pasos, tienden a especializar. En mi caso, tener este desorden y la libertad de reorganizarme siempre me ha devuelto la serenidad. Simplemente intento hacer lo que me apasiona, sin ponerme muchos límites, salvo el de intentar dar lo mejor de mí mismo.
De todas las partes musicales que abordas, ¿cómo conviven entre ellas en tus trabajos?
Creo que existe una convivencia natural precisamente porque nunca he visto una frontera entre un lenguaje musical y otro. En mi proceso compositivo intento evitar la hibridación: no quiero fusionar géneros musicales. Por el contrario, me interesa la continuidad, la evolución. Y creo que puede coexistir la variedad que, por razones comerciales comprensibles, se vive como una limitación. Soy consciente de que mi propuesta no tiene ninguna pretensión comercial, pero me gustaría que esta idea de variedad se reconsiderara también en contextos pop/de consumo.
¿Sin cuál de ellas no podría Vincenzo Germano estar dentro del sector musical?
Probablemente podría prescindir de la parte práctica, tocar, conservando la actividad compositiva. Sé que parece algo muy extremo, que hace unos años me habría hecho estremecer.
Me gusta reflexionar sobre los procesos de composición, analizarlos, interiorizarlos y aplicarlos. Si tuviera que elegir entre detenerme a pensar y actuar, sin duda me detendría en la primera fase, ya que temo absolutamente cuando la acción se lleva a cabo sin pensar.
Además, no te quedas en un estilo meramente; abordas y fusionas contemporánea, electrónica y paisajes sonoros experimentales. ¿Cómo llegas a cada una de ellas y qué aporta que todo esté en tu carrera artística?
La idea del estilo es algo útil para escribir libros de historia o facilitar la búsqueda de una lista de reproducción en Spotify. No me preocupo por el estilo o el lenguaje cuando compongo; al contrario, sólo intento construir mis canciones de forma coherente con mis conocimientos y mis intenciones. Esta variedad me devuelve una visión muy amplia del mismo «problema», es como contar una historia incluyendo diferentes puntos de vista, filtrarla con otros ojos, observarla desde sus lados oscuros y luminosos.
Estás dentro del sector educativo, ¿cómo ves el sector musical creativo en estos momentos?
Me gusta estar en contacto con los compositores del futuro. Tienen un enfoque totalmente diferente al que uno podría esperar. Su implicación siempre parece mínima; lo que se denomina «umbral de atención» roza los pocos segundos. En definitiva, los adultos hacemos todo lo posible por restar importancia a las nuevas generaciones. Sin embargo, personalmente me fascinan sus composiciones y sus ideas. Esto me lleva a pensar que el presente y el futuro de la creación nunca tendrán problemas. En todo caso, el problema será nuestro, al intentar comprender lo nuevo, que ya está ahí.

Si nos centramos en «Teatro Armónico», ¿nos puedes contar cómo surge y cómo ha sido su proceso creativo?
La base de «Teatro Armónico» es el deseo de volver a la música hecha de gestos. En discos anteriores trabajé mucho con la electrónica, sobre todo con un enfoque muy lineal, basado en repeticiones mínimas, ligeras variaciones sonoras, a veces casi una contemplación del sonido. En este caso quería abandonar por un tiempo este enfoque, tratando de crear composiciones que tuvieran una fuerte característica gestual.
Me gusta pensar que el oyente puede ver las manos en un clúster de piano o ver el cuello del clarinetista antes de emitir un sonido. Este tipo de exploración la he llevado a cabo en una investigación basada principalmente en la improvisación, que es la parte central de este disco.
Abres Teatro Armónico con «Luis Ocaña y Gaspar Noé», un tema que va de menos a más, como cada uno de los personajes que dan pie al título, y que son tan dispares como cercanos en forma dentro de cada una de sus disciplinas. ¿Por qué estos dos nombres y por qué abrir con este tema el disco?
Soy un gran amante del ciclismo y de su historia. Lo considero un deporte real, auténtico. Luis Ocaña es la máxima expresión de esta autenticidad, una figura extrema en todo. Un semidiós.
Hay tantas contradicciones en Ocaña que lo hacen coherente en todo. Parece salido de una tragedia griega. Y me gustaría que Gaspar Noé, un explorador de los excesos, dirigiera una tragedia basada en Luis Ocaña. La mía es sólo una pequeña contribución sonora, no pretende ser una narración ni una banda sonora. Me imagino esta tragedia y creo que debería sonar así.
El disco tiene un atrayente; cada tema comienza con un sonido totalmente diferente y en su conjunto tiene un arco musical que hace de ello un conjunto narrativo que avanza y calma al oyente. ¿Cómo ha sido crear esa estructura?
Me alegra que exprese este punto de vista porque me doy cuenta de que este disco es denso, a veces áspero.
Desde un punto de vista conceptual fue fácil organizarlo, pero desde el punto de vista compositivo y de realización creo que es el proyecto más complejo en términos de tiempo y esfuerzo que se puede hacer. Como he dicho antes, el hecho de tener una variedad de enfoques es una reacción natural a la intención de querer observar el proceso compositivo desde diferentes ángulos. Lo que es complicado, y siempre me pregunto si lo he conseguido bien, es mantener un punto de vista coherente, independientemente de si hay un bajo eléctrico, un sintetizador o un clarinete.
La estructura se creó por sí sola en el momento en que solo tuve que hacer una selección, y añado que mucho material ya grabado y listo para su publicación se quedó fuera del disco por cuestiones de tiempo. Había un gran riesgo de llegar a un disco de 95 minutos. Estoy de acuerdo con no hacer música comercial, pero quiero respetar el tiempo de quienes quieran escuchar el disco completo.

Electrónica, improvisación contemporánea y tradición jazz escandinava, ¿qué diferencia te ha dado esa parte escandinava con respecto a otros proyectos?
Me encanta la cultura nórdica, desde la pintura hasta la arquitectura y, por supuesto, la música que proviene de esas tierras. Me gusta especialmente su enfoque de la improvisación y cómo han hecho suyo el jazz, un lenguaje que, desde el punto de vista antropológico, no debería tener una fuerte vinculación con la cultura nórdica.
Sin embargo, el jazz procedente del norte siempre tiene una fuerte caracterización, un sonido distintivo y una clara intención de no imitar el swing procedente de Estados Unidos. El resultado es un vínculo más profundo con melodías que, de alguna manera, están relacionadas con la tradición popular, espacios armónicos abiertos, que respiran. Creo que es algo que forma parte de su bagaje: conseguir transmitir una fuerte connotación nacional a través de elecciones mínimas y elegantes. Es una sensación que también tengo cuando escucho a compositores del pasado como Jean Sibelius o Carl Nielsen.
El día 1 de febrero estaréis en directo, ¿qué nos vamos a encontrar en esa actuación?
Espero que lo que has definido como «arco musical» se pueda vivir plenamente y que esa intención de narrar el gesto musical pueda emerger. Además, y ésto me alegra mucho, habrá un aspecto visual que añadirá un nivel adicional de profundidad. Yo también tengo mucha curiosidad por ver qué pasará y comprobar las reacciones.
Moisés P. Sánchez, Iván García y Ludowic dentro del proyecto, ¿cómo entran a formar parte de este?
Cada uno de ellos representa la excelencia en su campo de acción. Como decía antes, el disco se basa en una investigación sobre la improvisación, entendida no solo como un componente del jazz, sino como una práctica que se extiende a muchos lenguajes. Creo que Moisés P. Sánchez es actualmente una de las máximas figuras del jazz, pero no solo eso. Al igual que Iván García, es una auténtica expresión del universo de la música clásica contemporánea.
LudoWic, de quien me honro en ser amigo, es un genio holandés, expresión de la investigación en materia de música electrónica/experimental. Cada uno de ellos tiene la función de mantener el equilibrio en este juego de visión y contravisión. A través de su forma de tocar los respectivos instrumentos, son ellos quienes dan sentido al álbum.
¿Cómo es tu forma de componer y cuál es tu forma de inspiración?
Aunque lo que voy a decir mata la idea mitificada de la composición, yo compongo de forma muy metódica y fría. Intento no dejar espacio al llamado enfoque creativo, en el sentido de dejar que las cosas fluyan.
Por el contrario, trato de controlarlas y, a veces, de forzar las ideas. Sé que muchos compositores tienen enfoques decididamente opuestos, pero en mi caso no funcionarían. Escribo proyectos, me encanta crear mapas mentales y, cuando me siento creativamente perdido, me gusta analizar estos escritos para entender dónde está el problema. Y en mi caso funciona. O mejor dicho, no sé si funciona en términos de resultado final, pero a mí me satisface.
¿Un sueño por cumplir?
Tocar este disco en directo en Copenhague, una ciudad en la que estudié y donde me prometí no volver a visitarla solo como turista.

