En 2024, la Fundación SGAE dio a conocer el Premio SGAE de Humor Miguel Gila, teniendo como objetivo el reconocer cada año la aportación y legado de los profesionales del monólogo de humor.

En esta ocasión, los premiados son: Leo Harlem, en la categoría de honor por toda su trayectoria profesional; Manu Sánchez con su espectáculo Entregamos, como mejor monólogo de humor de la temporada 2025, y Javier Corral con su espectáculo Abrazolamp! 2 (Acorralado) en la categoría revelación. 

La segunda edición de los Premios SGAE de Humor Miguel Gila 2025 se entrega el lunes 27 en el Teatro Luchana de Madrid, y la gala de presentación será conducida por Goyo Jiménez (primer ganador de la categoría de honor en 2024). Han estado en el jurado: Manu Badenes, Eva Cabezas, Goyo Jiménez, Manel Lucas y Marta Martínez, quienes tienen una gran experiencia escénica.

En esta ocasión nos hemos centrado en Javier Corral, en su obra premiada y su carrera. Su pasión viene desde la infancia, con una primera obra en el colegio, hasta proseguir a los 15 años en una compañía de teatro amateur, que luego se convirtió en profesional, y ahí es donde él dio el salto.

Además de estar dentro de las artes escénicas, estás vinculado con el compromiso social, como docente con adolescentes. ¿Cómo vinculas las dos facetas? Siempre he estado vinculado a ello porque me ha gustado hacer teatro social y acercarme a las minorías o cosas por el estilo que me han llamado la atención. Por ejemplo, en su momento adapté un libro de Plaza y Janés que se llamaba «Mis padres no lo saben», que relataba la historia de chicos y chicas que eran gays y lesbianas y su relación con la familia. Y últimamente, y debido a una experiencia personal, pues empecé a trabajar como docente en colegios hablando sobre salud mental y prevención del suicidio, me di cuenta sobre la marcha de que, la manera que tenía de contarlo, la gente se lo pasaba muy bien. Entonces, de repente, se convirtió en algo muy peculiar porque estaba hablando de algo muy doloroso, pero lo estaba contando en un lugar muy respetuoso, pero muy cómico.

¿Sabes de esta sensación de que te están contando algo, te quieres reír, pero dices «no, no me voy a reír porque es un drama», pero a la vez, el interlocutor vuelve a decir algo gracioso y tú vuelves a aguantarte otra vez? De repente, es como que he dado con una tecla, que es una tecla en la que consigo que la gente se meta de lleno a hablar de algo tabú desde un lugar muy amable y contándolo en primera persona, porque yo lo sufrí en primera persona, un intento de suicidio. Con todos esos ingredientes hacen que lo que termina saliendo sea muy agradable, sea muy divertido y toque al corazón.

Me imagino que también para ti es un poco terapéutico, ¿no? Personalmente, muchísimo; es mi terapia psicológica. De hecho, yo desde el 2022 no he vuelto a ir al psicólogo porque me hago mi terapia. Cada día que voy a dar una charla a un colegio, para mí es una sesión de psicólogo. Y cada vez que hago la función del monólogo es lo mismo. Aunque hable de prevención del suicidio, son cosas diferentes. En teatro es todo más artístico. Hay una escenografía, hay una serie de vídeos, hay más improvisación con la gente, y me permito que haya todavía más humor, incluso surrealismo, algo de clown, un poco de todo eso. En las charlas soy más yo, que también soy un payaso, y no puedo evitarlo, pero es un poquito más serio. Siempre es serio, pero digamos que la obra de teatro es más humor.

Sabe que es un tema que a priori cuesta pensar que se pueda introducir en una comedia, y que no sabe cómo lo hace, pero que le sale de manera natural. Mucha gente piensa que se va a aburrir, y que no quiere ir por el tema que llevaría más a llorar que a reír. Pero creo que en el tiempo en el que estamos es necesario hacerlo y lo prefiero. Y eso cuesta mucho más vender con el monólogo, para que te contraten —tiene que ser muchas veces programadores que hayan pasado por ello o alguien cercano, o algo parecido como una depresión— y el público vaya; con las charlas es más fácil porque saben a lo que van.

¿Qué significa para ti este premio? Que hay un rayo de esperanza, por la temática, y porque se reconozca tu trabajo, ya que yo no soy tan conocido como Leo Harlem y Manu Sánchez. En este premio yo también sé que soy el tercero en discordia, el menos conocido y el que toca el palo más peculiar y más tabú, que es el suicidio. Con este premio me he dado cuenta de que hay gente que se para a ver los monólogos, ya que el jurado ha tenido que indagar en ellos, y yo lo hago desde el humor, una tragedia y no es fácil que eso se reconozca. Así que muy agradecido por estos premios; son reconocidos en el sector, y además que la familia Gila también esté detrás me honra mucho; es todo un referente.

Veo destellos de luz, de repente unos premios que no premien solamente un espectáculo porque vaya mucha gente o porque alguien tenga muchos seguidores en Instagram; me parece un detallazo. Me parece eso, recuperar la esperanza. Porque yo no soy especialmente conocido, si lo soy más en salud mental, con organismos como el SAMUR o el 112; el año pasado, 1500 charlas, y éste también tendré el mismo número. Soy ese perfil de persona que hace muchas cosas en la sombra, y de repente alguien lo ve y piensa que hay que hacerlo visible, como me ha pasado con este premio.

El ser famoso no está en su foco, ni en su camino; quiere realizar su trabajo, algo que le llene, y lo encontró hablando de temas duros bajo el humor, y que admite que le sale de manera innata. Afirma que cuando cayó en barrena, por distintas situaciones en 2020 y en 2022, es cuando fue al psicólogo, y tras diez sesiones el facultativo fue quien le dijo: Oye, Javier, hablando contigo me he dado cuenta de que tu forma de expresarte, tu forma de comunicar y tus herramientas podrían ayudar a otras personas. ¿Tú te ves en ese papel?». Y yo: «Uy, pues a ver, algo he hecho, pero no, o sea, un modo de vida no lo voy a plantear». Y ahí empecé porque él empezó a llamarme para ir a colegios, luego al SAMUR, el Colegio de Médicos de Madrid o el Colegio Oficial de Psicólogos de Valencia, y de repente era como «estoy haciendo cosas muy potentes, pero no de lo que yo conocía, sino de otras cosas. Estoy ayudando a la peña, me estoy ayudando a mí mismo». Y como en esa época todavía no había conseguido estar al cien por cien, lo que hacía era decidir escribir la segunda parte de Abrazolamp; es un monólogo que hice hace 15 años, y lo que escribí me salía guay, pero memorizar no podía porque tenía una depresión muy gorda. Entonces lo que hacía era memorizar una frase por día con el objetivo de, en un futuro, cuando estuviera bien, poder hacerlo. Y efectivamente pasó el tiempo; de repente ya tenía memorizada una hora y media de monólogo, e hice un taller de clown con Pepe Villuela, quien me preguntó a qué me dedicaba, se lo conté, le flipó, me contactó con el Teatro del Barrio y estrené el monólogo del Teatro del Barrio, con la suerte de que lo estrené el día 10 de septiembre, que es el Día Mundial del Suicidio, y lo peté.

Todo ese proceso creativo y de tener actuaciones le dio la firmeza emocional para sentir que valía para ello y que además podía ayudar a gente. Aunque es consciente de que es complicado que su obra tenga cabida por su temática y por no ser extremadamente conocido. El tabú existe, y el suicidio está, y ya le gustaría a Javier que dieran más prioridad a hablar de ello, como se habla de otros temas sociales.

Siempre hay alguien que se queda en el teatro y te dice: «Yo he pasado por lo mismo». Y ya con ser una persona a la que la puedas ayudar, merece la pena. Hay que hacer un gran trabajo personal para valorar eso, pero es suficiente. Es suficiente con que una persona diga: «Ya no lo voy a hacer», o «Me has cambiado la vida», o «He visto que tú has salido adelante después de todo lo que has pasado, y yo creo que también puedo» Pues ya estaría.

¿Es el arte educativo? Muchísimo, muchísimo. Y yo me estoy dando cuenta todavía más, porque podía tener dudas o podía pensar que era algo aislado lo del humor, pero desde que estoy yendo a los institutos con los chavales, cada vez que termino la charla, se les pasa a los chavales una hoja para que ellos pongan lo que quieran. Ahí puede ser un dibujo, puede ser, pues vaya mierda, puede ser qué maravilla lo que diga, pero la mayoría dice que les ha servido mucho, que se han reído mucho, que no sabían que se podían reír con este tema. Te encuentras con 50 personas, y a lo mejor hay como 6 que te dicen: «También he querido morir, no puedo más, no se lo puedo contar a nadie, ¿me puedes ayudar? Y cosas por el estilo que te rompen el alma». Es un porcentaje alto, por eso estoy seguro de que el arte y el humor funcionan para muchas cosas, y para llegar a las personas que tienen un dolor dentro, y ayudar a que salga.

Si nos centramos en Gila, ¿qué similitudes te ves con Gila? Pues probablemente similitudes de cosas que percibo que pasó Gila, pero nunca contó, y que lo contaba desde el humor, que no sabemos si las pasó, por ejemplo, no sabemos si las pasó putas o no, pero yo creo que sí. Creo que es un tío que debió pasarlo muy mal y que su manera, como en mi caso, de salir adelante era confrontándolo con el público y haciéndolo desde el lugar que mejor sabía hacerlo, que era desde el humor, pero también era un tipo muy peculiar. Cuando me lo pongo, y también cuando lo veía de pequeño, yo no me carcajeo con Gila. A mí lo que me provoca es una ternura extrema y, cuanto mayor era, más ternura me provocaba. Y no sé, su humor era como campechano, como cotidiano, a la vez un poco surrealista también. Bueno, yo ahí es donde enlazo con Gila y probablemente con este premio y por eso mi propuesta ha parecido atractiva. Tampoco buscaba la fama; le llegó, e intentaron hacer de él un producto y no lo consiguieron; era llano, de la gente, de lo cotidiano, y eso era muy bonito. Leo Harlem también habla desde lo cotidiano, y Manu Sánchez es como tu vecino de al lado, por lo que empatizar con él es muy fácil.

Creo que Gila vivió una guerra real y física de una época dura de España y otros, como en mi caso, yo viví una guerra personal e interna. Son guerras que antiguamente no se valoraban, ni se sabía que existían. La mía es de querer vivir en un mundo que es tan sumamente complejo, duro, difícil, que todo me afecta tanto, que es duro, pero hay que seguir adelante a pesar de todo.

Pensaba terminar la gira ya en 2025 de la obra por la que ha sido premiado, pero le han llegado nuevos bolos, y los hará en Canarias y Badajoz. Además, está escribiendo un monólogo donde se centra en la neurodivergencia y las altas capacidades, algo que le han diagnosticado hace poco. Y con sus chavales, porque dice que le dan la vida y ve cómo no son como la sociedad piensa, que tienen mucho que contar y aportar; simplemente hay que darles su espacio y voz.

¿Un sueño por cumplir? Que pueda seguir manejando mi paciencia, mi calma y mi tranquilidad durante toda mi vida. ¿Cómo te quedas?

Pues me quedo con su positividad y con el propósito de asistir a ver sus obras.

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