La segunda jornada de Nuevos Territorios, en la Sala Berlanga de la mano de Fundación SGAE y programado por Javier Bergia, el 18 de abril, tendrá como uno de los protagonistas a Alfredo González. El cantautor asturiano celebra este año en la música sus bodas de plata, unión que ha compaginado con el lanzamiento de libros de poemas.
En esta entrevista nos habla de su recorrido musical, del ciclo y de su participación en el mismo, además de lo que vendrá por su parte en la música y en la literatura.
¿Cuál es tu primer recuerdo musical, y cuál fue el detonante para que decidieras dedicarte a la música?
Probablemente, un piano de juguete que me regalaron mis padres cuando tenía unos tres años. Quizá ese sería el detonante para empezar a tocar el piano, por lo menos. Además de eso, el hecho de que mis padres siempre me cantaran en casa y de que mi padre fuera -y sigue siendo- cantante de una de las agrupaciones corales más conocidas de Asturias -el Coro Minero de Turón- también tendría algo que ver.
El teclado es tu gran aliado, ¿cómo nace esa unión casi inseparable en tu carrera?
Nace un poco con ese piano —por llamarlo de alguna manera— del que te hablaba en la pregunta anterior. Recuerdo que tenía sólo una octava, pero me permitía ejercitar el oído y “sacar” algunas canciones. Unos años después, no recuerdo si con diez u once años, ya me regalaron uno eléctrico -creo que era un Casio- y empecé clases con una profesora enfrente de mi casa en Turón. Esa profesora, Juli Cimadevilla, fue la primera persona que vio en mí la posibilidad de la música y la alentó.
Muchos años en la música, ¿cómo has vivido su evolución?
Todo ha cambiado mucho y no sé si para bien, pero no me gustaría ser el “abuelo cebolleta” ni pensar que cualquier tiempo pasado… Voy a quedarme con Les Luthiers, que decían que “cualquier tiempo pasado fue anterior”.
Lo que sí tengo claro es que ahora todo es mucho más individualista y más rápido; los discos duran poco, la gente -en general- ya casi no escucha canciones, sino segundos, y estamos “obligados” a subsistir en esas redes sociales que, en muchos casos, son más red que social y que están haciendo millonarios a personajes de dudosa bonhomía.
¿Cómo ves el estado de salud de la música en la actualidad?
Al igual que pienso que quizá no todo cambió para bien, sí que creo que ahora hay muchísima más música que antes. Es más fácil y más barato grabarse una maqueta y también hay millones de vídeos en YouTube que te facilitan el aprendizaje del instrumento e incluso de la composición. Lo complicado ahora es encontrar las buenas canciones entre tanta propuesta. Pero también nos obliga a estar algo más pendientes.
¿Cómo se definiría Alfredo González musicalmente?
Yo creo que los años me han quitado prejuicios y etiquetas, además de aportarme cierta distancia y reflexión. Ahora mismo sólo soy un escribidor de canciones, como le gusta llamarse a Manuel Alejandro. Un intento de escribidor de canciones bonitas.
Además, también has escrito poemas, ¿cómo se retroalimenta con la música esta faceta?
Yo suelo diferenciarlas bien cuando salen, porque si me sale una letra o una idea de letra y no viene con una música asociada, ya sé que ahí hay un posible poema.
No dejan de ser mundos muy paralelos y con convivencia fácil.
Estás dentro del cartel de Nuevos Territorios que en esta ocasión ha sido programado por Javier Bergia. ¿Qué significa para ti estar en el ciclo?
Pues es un grandísimo honor que el maestro Javier Bergia haya contado conmigo para este “Nuevos Territorios”. Me parece una iniciativa muy necesaria y un gran apoyo en estos tiempos, el hecho de que exista un ciclo así; sí, además, el que me llama es Javier, al que sigo y admiro desde que empecé a escuchar canción de autor… Miel sobre hojuelas.
¿Qué relevancia crees que tiene este tipo de ciclo para la música?
En estos tiempos de individualismo, como comentábamos antes, y de festivales veraniegos con carteles idénticos, que haya un ciclo de cantautoras me parece casi un milagro. Desde Fundación SGAE llevan muchos años apoyando a gente que no está tan “en el candelero”, no sólo con conciertos, sino también con becas y otros tipos de apoyo, y eso es algo que tenemos que agradecer.
No es la primera vez que estás actuando en la Sala Berlanga, pero en concreto, ¿qué nos encontraremos en el concierto del día 18?
Si no recuerdo mal, creo que es mi tercera vez en la Berlanga, y en las otras dos ocasiones estuve acompañado de gente muy querida (Fabián y la Banda del Norte, y mis compañeros del proyecto “Entre al amor y la sombra”, homenaje a Ángel González), así que los recuerdos que me voy a encontrar en la palestra serán vívidos y hermosos.
Para esta vez, como hace tres años que no canto en Madrid, haré un concierto especial recordando todas las vidas que llevo en el mundo de la canción de autor.

A la hora de componer, ¿de dónde nacen tus canciones?
Siempre me gusta decir que los creadores somos ladrones. Mi única destreza es encontrar una canción donde no la has encontrado tú, de tu propia conversación, en una noticia de periódico, una frase de cine.
Yo me paso el día apuntando ideas y, aunque alguna venga de mí, la gran mayoría son robos a mano armada.
Tristeza o alegría, ¿desde dónde se tiene mejor inspiración?
Yo trabajo mucho por encargo y ahí, ya estés triste o alegre, tienes que ponerte un traje y cumplir; pero cuando las canciones salen para mí… lo habitual es la tristeza. Cuando uno está alegre, prefiere salir a tomar algo con buena compañía.
¿Qué ha marcado tu tierra en tu carrera musical?
Mi compañero de batallas, Pablo Moro, decía que no se compone igual desde Turón que desde California. El clima condiciona el modo de ser y de vivir. Mi lengua, el asturiano, en la que escribí muchas canciones, también me ha influido muchísimo. Todo lo que me rodea —considerando, además, que casi siempre he vivido en pueblos o ciudades asturianas— es una marca.
Has tenido muchas colaboraciones con otros cantautores, ¿qué significa para ti el realizarlas?
Compartir es vivir, se dice, ¿no? En el escenario a veces está uno muy solo… Y también las colaboraciones le dan otra vida a las canciones. Yo tengo la suerte de haber hecho muchísimas amigas y amigos a lo largo de estos casi 25 años en los escenarios, y esa amistad hay que mostrarla cantando. Podría decir que he cantado con casi todos mis ídolos: Nacho Vegas, Ismael Serrano, Quique González, Guadi Galego… Y eso ya son hitos que me llevaré conmigo.
¿Cuáles son tus influencias?
¡Cada día son más! Pero hay clásicos que se me siguen notando -o me gustaría que se notasen-, como Jorge Drexler, Fito Páez o Violeta Parra. Y, si hablamos de construir canciones, siempre tienen que estar ahí los Beatles.
¿En qué proyectos te encuentras en estos momentos?
Ahora mismo tengo alguna canción por publicar de mi proyecto SÓLO; también estoy trabajando en lo nuevo de Silvia Quesada y formo parte de las bandas Pequeño Club Imposible, Muñeco Vudú y Fabián y la Banda del Norte.
Por otra parte, estoy rematando un par de libros de poesía, uno en español y otro en asturiano, y también pergeñando algo que me hace mucha ilusión, la historia del café Libertad 8.
Último concierto: ¿Al que fui? El comienzo de la última gira de Nacho Vegas en Mieres, al lado de mi casa actual.
Último disco comprado: el de Santi Campos (pero me lo regaló; gracias, Santi).
Última canción escuchada: “Tan feliç” de Ferran Palau.
¿Un sueño por cumplir? Que me vuelvas a entrevistar dentro de 20 años y siga pudiendo decir que vivo de la música.
