Desde la tradición y lo artesanal Juan Saiz ha apostado para su nuevo trabajo, Tañedor, un disco compuesto por diez temas de raiz de Cantabria, su tierra natal. Juan Saiz declara que debía un LP a la música con la que creció y de la que aprendió. Artista al que siempre se le ha relacionado con el jazz, más allá de lo que él mismo quisiera encasillarse en ese estilo, por lo que Tañedor es ese punto de partida de libertad creativa desde lo personal a lo musical. Tañedor está al completo en formato físico, pero no en plataformas digitales, otra de las partes artesanales por las que el artista ha decidido apostar.
¿Cómo nace la pasión de Juan Saiz por la música?
La pasión por la música creció con los conciertos de música tradicional y grupos de folk a los que iba en mi niñez, discos que escuchaba una y otra vez. Es esta música la que me hace sentir el impulso de dedicarme a ella.
¿Entiendes la música sin la improvisación?
Sí, claro, la música puede ser de muchas formas, no tiene por qué estar ligada a la improvisación, pero para mí esto aporta un extra de vida, que hace sentir la música viva, con los músicos teniendo que estar concentrados y al límite de su capacidad. Esto es una energía que llega al espectador.
Del jazz a la música tradicional popular, ¿cómo se produce este cambio para este disco en concreto?
Es un trabajo que creo que debo a la música que me emocionó y me empujó a ser música. Es parte de mí, no es ningún cambio.
Desde un punto de vista conceptual, he de decir que yo nunca he intentado hacer jazz, solamente he hecho mi música; el jazz es el cajón en el que otros la han metido y ha llegado un punto en el que he sentido la limitación de la palabra jazz impuesta a un músico no norteamericano. El jazz es una etiqueta que responde a una conquista cultural del mundo anglo y que actúa como camisa de fuerza para desarrollar una música propia. Las programaciones de estos ciclos reniegan de todo lo que no es representativo de la imagen del jazz y hace muy difícil para los artistas que creamos nuestra propia música tener un desarrollo.
Realmente, este paso significa liberarme del jazz.

Tañedor, una mirada hacia la música de raíz, ¿cómo ha sido realizar este trabajo?
He tratado de que mi sonido personal esté presente a partir del material de la música tradicional. Para ello, he asumido la producción y la grabación en mi propio estudio, además de los arreglos de toda la música. Ha sido un camino con ciertas dificultades, pero muy artesanal, en el que espero que se note también mi sello como productor.
Supongo que realizar este disco ha conllevado un trabajo de investigación; ¿cómo fue ese proceso y cuánto tiempo te ha llevado?
El trabajo de investigación puedo decir que ya lo tenía hecho, porque he estado atento a esta música siempre. No trato de rescatar canciones olvidadas ni de hacer lo que deben hacer los musicólogos; mi trabajo es artístico, no científico. Está pensado para el público, para que se perciba como una obra.
¿Lo más fácil y lo más complicado de Tañedor?
Para mí, lo más difícil siempre tiene que ver con el ámbito de la gestión y de hacer llegar el proyecto a los programadores que deben escucharlo.
La música no es difícil; lo difícil son las personas.
El disco tiene 10 canciones, y una de ellas instrumental; ¿había más instrumentales o simplemente estas?
Hay mucho más material que no se ha publicado en este disco y más música instrumental, que es una de las representaciones habituales de la música tradicional. Pero para mí, siendo un trabajo sobre la música de Cantabria, lo esencial es apoyarse en la pandereta y en la voz.
Las letras tradicionales guardan la sabiduría popular y tienen unas formas de decir en las que está el ADN de nuestra cultura.
Es verdad que somos de etiquetar las músicas, pero después de realizar este trabajo, ¿qué tiene en común en relación con tus anteriores trabajos?
Todas las personas tenemos una esencia; espero que se refleje en todos mis trabajos. Es una forma de sentir la melodía, el ritmo, el pulso que es propia de cada uno.

¿Quiénes te han acompañado en este disco?
En este disco están los músicos habituales del proyecto: Cristina Ceballos (voz), Soltxu (voz y pandereta), Vanesa Fernández (voz y pandereta), Jaime Velasco (guitarras), Natxo Miralles (batería y percusiones) y Mario Capodicasa (contrabajo y bajo).
Además, han colaborado Esther Terán en el tema “Un soldado” y Antonio Romero y Sergio Di Finizio, ambos en el bajo eléctrico.
¿Cómo es tu forma de componer?
Para componer pienso en sonido y lo hago de una forma abstracta, visualizando estructuras energéticas; solo se trata de trasladar lo que siento en este plano al plano físico en el que estamos, poder escribirlo de alguna forma en un papel y explicárselo a los músicos. No siempre utilizo notación convencional; tiene límites muy básicos para representar el sonido.
¿Cómo te describirías en un directo?
Trato de ser yo mismo; realmente, antes de empezar, me siento concentrado y, si ya siento que estoy en el plano adecuado, todo empieza a fluir como si estuviera flotando. Si estoy en ese punto, estoy tranquilo, seguro y cómodo, y eso llega al público.
¿Influencias?
Música tradicional, música clásica europea, corrientes de improvisación europeas del siglo XX y los sonidos de la naturaleza: los pájaros y el mar.
¿Un sueño por cumplir?
Mi sueño es que mi música ayude a la gente a encontrar su esencia.
