@Adrian OFFdelCampo
Hoy en día no es nada fácil colgar el cartel de sold out en la cultura, y mucho más cuando una representación se realiza durante varios días seguidos en un mismo espacio. Afortunadamente, en algunos casos se logra, y uno de ellos es la artista Rocío Molina, que ha llenado, e incluso tenido que ampliar fechas, con su último trabajo: Calentamiento.
La bailaora no sólo se queda en la danza, trasciende el género, desde el flamenco a lo contemporáneo, desde lo teatral o lo performático, e introduciendo la música como un arte más en cada representación. Su evolución cada día es más vital; sus composiciones traspasan lo establecido por los cánones más puristas de cada uno de los estilos y géneros que representa. Esta característica suya es algo de agradecer, el no estancamiento y dejar fluir su capacidad de transmitir y crear en un escenario. Así lo pudimos ver en su actuación el pasado mes de abril en el Teatro Central de Sevilla.
Las puertas de la sala se abrieron a las 20:00 y, al entrar, ya se encontraba Rocío en el escenario estirando en su esterilla mientras sonaban las Grecas. Sobre el plató, solo una silla de aluminio, típicas de las de terraza, y un cubo con los lados de espejo.
A las 20:30, Rocío comienza su puesta en escena con un calentamiento de piernas con un incesante taconeo que dura 35 minutos; que lleva haciendo desde los 7 años. Mientras desarrolla ese calentamiento, conecta con el público narrando las distintas fases del mismo, los cambios de ritmo, la corrección de las imperfecciones, el sentir el cuerpo y la mente en una preparación de lo que está por venir: Ya se advierte en el sudor que empapa su camiseta, pero sin perder el humor y haciendo parte activa al público del diálogo.
Cuando José Manuel Ramos-Oruco hace presencia en el escenario, se ve esa conexión que da el tiempo de compartir escenario acompañando a Rocío, ambos sentados, uno frente al otro, en un romance de taconeo y palmas.

Posteriormente, el cubo de espejos que hay en el escenario se ilumina interiormente, quedándose translúcido. Esta iluminación nos deja ver lo que parece el almacén de una caseta de feria con sus pilas de sillas y, entre ellas, Ana Polanco, Ana Salazar, María del Tango y Gara Hernández, las cuatro cantaoras que, junto con Rocío, cantan y bailan distintos palos flamencos en este reducido espacio. El hecho de que se realice en una dimensión limitada nos hace ver la compenetración entre todas las artistas.
Si lo que habíamos visto hasta el momento ya era digno de elogiar, lo que se nos viene encima es una desaforada Rocío a los mandos de una batería, acompañando el cante y los bailes de las cuatro cantaoras, una de las cuales toca el clarinete en una especie de fin de fiesta desenfrenado en el que Rocío tira al suelo una gran pila de sillas de aluminio con el consecuente estruendo y que utilizan para hacerlas sonar —como si de otro instrumento del espectáculo se tratase—, para a continuación colocarle encima un alto número de ellas, de las cuales se va desprendiendo mientras taconea. Un símil total de liberación.
Sin parar de taconear y con su vestido rojo, van saliendo el resto de las artistas que han acompañado en el escenario a saludar y, al ya retirarse, la bailaora malagueña sigue taconeando entre aplausos hasta que todo el público abandona la sala. Ella prosigue hasta que la fiesta, la suya, la que han desprendido todos en las tablas, ha terminado, como ella desea.
En definitiva, Calentamiento es un acontecimiento escénico, un encuentro íntimo que transita por el ensayo, la performance, pero sobre todo es Rocío en estado puro y en constante evolución. Un retrato de la vida, de lo positivo y lo negativo visto desde su óptica, relatado y retratado por su arte escénico.
Su próxima representación tendrá lugar dentro de Cádiz en Danza, cerrando el festival en el Gran Teatro Falla el sábado 13 de junio .

ELENCO ARTÍSTICO
Baile: Rocío Molina
En escena:
Ana Polanco
Ana Salazar
María del Tango
Gara Hernández
José Manuel Ramos “Oruco”
EQUIPO TÉCNICO
Dirección y Coreografía: Rocío Molina
Codirección y textos: Pablo Messiez
Dirección musical: “Niño de Elche”
Diseño de Iluminación: Carlos Marquerie
Colaboración escénica: Cabo San Roque
Diseño y confección vestuario: Roberto Martínez
Espacio sonoro y técnico de sonido: Javier Álvarez
Dirección Técnica: Carmen Mori
Técnico de luces: Rafael Gómez
Regiduría: María Agar Martínez
Fotografía sesión de fotos: Adrian @OffdelCampo
Dirección de Arte sesión de fotos: Roberto Martínez
Muah sesión de fotos: Sarah Kceres
Vestido rojo sesión de fotos: Fernando Claro
Fotografía: Simone Fratini
Diseño gráfico: Julia Valencia
Comunicación: Ángela Gentil
Traducción al francés para subtítulos: Christilla Vasserot
Construcción prisma: Grafidec Eventos
Distribución en Francia, Bélgica, Luxemburgo y Suiza: Daniela Lazary
Dirección de producción & Distribución Cía.: El Mandaito Producciones
Producción: Danza Molina
Desentumecer los músculos. Comunicar calor a un cuerpo. Enardecer a alguien. Excitarlo sexualmente. Enfervorizarse.
Estas, entre otras, son palabras que el diccionario elige para definir la palabra “calentamiento”.
Todas, resuenan en la nueva obra de Rocío Molina.
Apenas comenzar ¿o es que ya había empezado? Rocío nos cuenta que antes de empezar con el calentamiento hará un calentamiento previo al calentamiento, para empezar a calentarse antes de empezar.
Este abrirse al infinito del comienzo es el de la vida diciéndole a la muerte que no es que le tema, es que ni siquiera ha empezado a andar el camino.
Y como cada principio entraña un final, este Calentamiento no dejará de moverse en círculos buscando el alivio. Lo encontrará a veces en la calma, a veces en el trabajo, a veces en el placer, a veces en el dolor, a veces en soledad, a veces en compañía.
Pero siempre, siempre, siempre, en no dejar que la fiesta termine.
