Carlos López es un guitarrista y profesor de Estepa (Sevilla); posee una extensa carrera como músico y al mismo tiempo dentro del mundo de la enseñanza. Treinta años lleva desarrollándose en la música en distintas formaciones, con discos totalmente suyos y bandas sonoras. En 2021 publicó La otra cara, y en estos momentos acaba de publicar El rumor, un EP donde todo transita por el deleite de cada nota que se conjuga en un final donde nos regala un viaje sonoro muy íntimo y personal.
Si echas la vista atrás, ¿cuál es tu primer recuerdo musical?
Mis primeros recuerdos no vienen de la guitarra, sino de los famosos teclados Casio PT-82 que alguien me regaló; me encantaba toquetearlo y sacar melodías.
Mi primera actuación fue de muy pequeño en un patio de vecinos tocando ese pianito con unas amigas cantando “Voyage Voyage” y “Dragones y Mazmorras”.
¿En qué momento sabes que la música va a formar parte de tu vida y va a ser tu profesión?
En el momento en que pude pagarme un alquiler con ella y no buscar otros trabajos.
Y más allá de tu profesión, ¿qué significa la música en tu día a día?
Siempre digo que fui melómano antes que músico. He escuchado muchísima música a lo largo de mi vida, mucha y muy variada. Y siempre he estado atento a todo. He tenido también la suerte de tener amigos que escribían para revistas nacionales de música y podía acceder a toneladas de discos.
Desde hace unos años escucho menos porque toco y estudio más; no da tiempo a todo. También sucede que me concentro mucho más en cada disco que me gusta, hasta exprimirlo al máximo. La música para mí es algo que me acompaña, día a día, como una sombra.
Guitarrista-compositor y profesor, ¿qué aportan cada una de estas facetas a la otra?
Una pregunta muy interesante; son, a mi modo de ver, dos mundos distintos. Doy clases desde hace muchos años en una Escuela de Música en mi pueblo, Estepa, y adoro mi trabajo, pero encuentro en mi proyecto musical una vía creativa en la que puedo expresar, sin pudor y con total honestidad, pues no vivo de mi música, todo lo que me apetezca, sin prejuicios, y con un punto de vista totalmente distinto al que ofrezco como profesor.
Tienes un gran espectro musical, no te delimitas, ¿cómo profundizas en cada estilo para hacerlo tuyo?
Es difícil verse a uno mismo como para autodefinirse con un estilo propio. Para mí es un halago, es lo más difícil de conseguir; hay gente que me dice que lo tengo, pero no sé, no puedo ser objetivo en ese aspecto, dejo que cada uno me vea como quiera. En cuanto a los estilos, nunca tuve prejuicios, así que supongo que eso saldrá de manera más natural.
Te declaras indeciso; ¿podría ser perfeccionismo?
Hay una parte importante de perfeccionismo, sobre todo en lo que supone un proyecto así; estás solo, no hay nadie que te sostenga, así que intentas que todo esté bien tocado, por puro respeto a la música.
Otra cosa distinta es cuando llego al estudio a grabar; lo hago en muy poco tiempo: el primer disco en un solo día, el segundo en dos, y este en dos mañanas, y así queda. Si no lo hago así, estaría todo el rato cambiando cosas y corrigiendo errores, que los hay, y son los que al final le dan un carácter humano a todo ésto. ”La perfección te paraliza; el error te ayuda a hacer las paces contigo mismo.”
¿Eres más de inspiración o de sentarte a componer?
Hay de todo; a veces la composición ha surgido de improvisar y terminar grabándote en un vídeo, y otras son de sentarte toda una mañana y terminar solo con unas cuantas notas escritas. Pero sí, hay que sentarse y trabajar, te apetezca o no, y esperar a nadie, ni siquiera a las musas.
Alegría o tristeza, ¿qué inspira más a la hora de componer?
Quizás ninguna; en el término medio es quizás donde encuentre más disposición para ello.

«El rumor» es tu último trabajo, ¿cómo nace y cómo ha sido su realización?
Tras grabar «La otra cara» en 2021, empecé a gestar todo; tenía varias ideas y conseguí en poco tiempo tener otras diez canciones. Estuve mucho tiempo componiéndolas y tocándolas, arreglando, etc. Ya cuando estaba casi a punto de grabar, sufrí una lesión en mi mano derecha, estuve varios meses recuperándome y luego, pues, tuve que posponer todo por gestiones personales; todo hizo que se fuera dilatando. Al final opté por quitar cinco temas, básicamente por problemas de tiempo y la complejidad de los temas, y porque no los sentía como parte de esta obra. Los cinco que se quedaron para mí tienen un nexo y una historia que contar.
Cinco canciones que no son cortas, al igual que en otros discos; en éste, incluso más. ¿Qué te es más fácil, un tema corto o uno largo?
No me planteo la duración a nivel compositivo; sinceramente, no sé exactamente cuánto duran hasta que hago grabaciones en casa antes de ir al estudio.
En tiempos en que todo tienes que explicarlo en segundos, es un caballo de Troya, pero bueno, quizás el siguiente los haga más cortos, o no. ¡Que conste que para éste incluso metí tijera en algunos temas!
A la hora de un directo, ¿cómo se adaptan? No sé si entra la improvisación en tus directos.
Con tanto giro armónico es difícil improvisar; a veces cambio alguna cosa, o si me pierdo, improviso para intentar volverme a conectar.
Mientras estaba escuchando el disco, me estaba imaginando una obra de teatro clásica, incluso medieval. ¿Qué querías contar con este nuevo trabajo?
Me encanta esa visión; eso es lo bonito de la música instrumental, que cada uno escoja su propia interpretación.
Aquí viajas en solitario, ¿hay necesidad en la música de ese silencio propio para crear de una manera distinta?
Tocar solo es la manera más brutal de aprendizaje, también la más difícil. Echo de menos tocar con gente; ahora donde vivo es difícil, por eso surgió el proyecto. ”Abrazar el silencio como parte de la música es el mayor de los precipicios.”
Bandas sonoras, ¿cómo surgieron en tu carrera y cómo te enfrentas a ese tipo de creación? ¿Referentes?
Todo empezó con un mediometraje de unos amigos; el técnico que me grabó la música de la banda sonora y que me ha grabado los dos últimos discos, Joaquín Pachón, trabajaba en documentales y cine, y un día me puso en contacto con la directora Pepa Álvarez. Así hice la música para un par de documentales suyos. Luego hice alguna película por ahí. Pero no he vuelto a ello; he seguido enfocado en mi proyecto de guitarra sola.
En cuanto a referentes, no sé, es un mundo que pasé casi de soslayo, y lo hice todo, sinceramente, casi sin pensar demasiado; quizás alguna cosa de Neil Young en “Dead Man”, Ry Cooder en “Paris, Texas”, algunas cosas de Jonny Greenwood para Paul Thomas Anderson.
Último concierto:
Julian Lage en Madrid. Siempre que viene a España intento verlo en algún lugar; es tan inspirador que me carga de energía.
Último disco escuchado:
Jeff Parker, ‘Happy Today’, su último disco con su nueva banda ETA IVtet es una maravilla; la base rítmica es una locura… una obra maestra”.
Último disco comprado:
Lage Lund “Ashes”, un guitarrista con una manera tan increíble de tocar, es un Maestro, y encima a las baquetas Tyshaw Sorey, que es uno de mis compositores y baterías favoritos.
Último artista descubierto:
Clipse, su disco “Let God Sort ‘Em Out” me ha acompañado mucho.
¿Un sueño por cumplir?
Demasiados para una sola entrevista.
