Hace poco teníamos entrevista con Miguel Otero y Raquel Pavón por su LP «Through That Garden Gate», ahora nos centramos en el último EP de Miguel Otero, Faint Glow, que se compone de cuatro temas, donde la música instrumental nos lleva por derroteros de relax, de sentarse y escuchar para deleitarse, incluso esa portada que evoca el contemplar la naturaleza en sí, y el poder de la misma sobre nosotros, para buscar un silencio vital.
¿Cómo nace tu pasión por la música y en concreto por la instrumental?
Desde bien pequeño recuerdo mostrar sensibilidad hacia las bandas sonoras de películas, videojuegos, series, por los libros de arte que había en casa y los vinilos de música clásica, que casi era lo único que se escuchaba los fines de semana. Así que supongo que es una mezcla de haber nacido con esa sensibilidad y haber crecido en un entorno bastante estimulante en lo artístico de una forma natural, aún siendo muy academicista.
De ahí, paso a estudiar con ocho años guitarra clásica en el conservatorio y eso hace que se vayan estructurando muchos conceptos desde muy pequeño. Y ya con quince años, cuando me compré una guitarra eléctrica, descubrí a compositores como Mike Oldfield, que tenían un discurso instrumental parecido a la clásica, pero con sonidos y texturas más atractivos.
¿Cómo te describirías como compositor y como pianista?
Me considero un compositor, como muchos otros, que parte de la espontaneidad y el diseño sonoro para buscar la belleza; el timbre de un instrumento combinado con la interpretación de ciertas notas o armonías y que de otra forma no transmitirían lo mismo es principalmente lo que me inspira.
Pianista no soy, sólo estudié piano un año durante la carrera y enfocado exclusivamente a la pedagogía musical. Pero, como muchos músicos, nos sentimos atraídos por cualquier instrumento y el piano, por su fisonomía, suele ser una herramienta muy útil para componer y tener una visión más global de la composición.
¿Con cuál de esas facetas artísticas no podrías vivir?
Creo que cualquier persona con sensibilidad artística no se sentiría realizada sin crear nada artístico, así que seguramente si no pudiera tocar ningún instrumento o componer, estaría pintando, esculpiendo o haciendo películas para personas sin audición.
Tengo una trayectoria en la música porque es lo que más he desarrollado, por el contexto, pero no es algo tan determinante como la admiración por la búsqueda de lo bello como forma de expresión, dando igual la disciplina que sea.
Faint Glow, tu último trabajo, ¿en qué te has inspirado?
No suelo inspirarme en nada en concreto; es decir, compongo a la vez que grabo ideas y sonoridades, y voy cerrando o descartando canciones según esté emocionalmente en ese momento y así voy dando forma a un concepto.
Por ejemplo, durante la grabación de este último EP estaba muy sensible al recuerdo de la luz en ciertos momentos y lugares, y sentía que reflejaban el estado emocional en el que me encontraba.
Supongo que es uno de los trabajos que Noray Records te había encargado. ¿Cómo se trabaja desde el formato encargo?
Normalmente, los encargos me los tomo como un momento para cerrar y descartar ideas que ya he estado desarrollando; dar forma en un tiempo limitado a lo que estás creando en ese momento.
¿Se trabaja mejor desde la improvisación o desde unos parámetros marcados, o realmente tú donde te sientes más a gusto?
Normalmente, es la mezcla de los dos: la improvisación son los bocetos en los que se sustentarán parámetros que me voy marcando mientras desarrollo la pieza.
Parámetros marcados como la estética, efectos que utilizo o timbres que surgen de la propia improvisación.

En otra entrevista me decías ésto: “Hay que escuchar y estudiar mucho para tener una mente y oídos abiertos e interpretar qué sucede y qué podemos aportar”. ¿Es más necesario cuando se trabaja en equipo o en solitario? ¿El escucharse a uno mismo es otra parte necesaria e importante de la creación?
Escuchar y estudiar, que es prácticamente lo mismo, es esencial en cualquiera de las dos situaciones, tanto en solitario como en equipo o en cualquier ámbito.
La principal diferencia entre trabajar con alguien o solo, en mi caso, es que cuando estás componiendo algo con otra persona surgen diferentes puntos de vista que, tú solo, o no los ves o estás ocupado peleándote contigo mismo en otros aspectos. Trabajar en equipo me da mucha más seguridad en la toma de decisiones.
¿Qué te inspira más a la hora de componer: la alegría o la tristeza?
En general, soy una persona muy nostálgica, que revive momentos del pasado casi con cierta distorsión enfermiza. Es mi personalidad, por lo que todo lo que me inspira está relacionado con contextos pasados que conecto con el presente, así que es una mezcla entre alegría y tristeza, no una de las dos de manera determinante.
Cuatro temas, dos de ellos no llegan a tres minutos, y los otros dos pasan de 5, y son canciones que incitan a la relajación y la reflexión. ¿El tiempo es algo que se piense mucho a la hora de componer, o depende de lo que fluya el tema?
Suelo pensar en la duración cuando la canción está al 85% aproximadamente y le he dado una estructura sólida que ayuda al discurso musical. Así, con una perspectiva más global, puedo sentir si esa narrativa llega a ser muy repetitiva o escasa en desarrollo. Y actúo en consecuencia.
Si con «Through That Garden Gate» fantaseabas con llevarlo a una iglesia o capilla, ¿con este trabajo con qué fantaseas?
Como con cualquier trabajo, que alguien encuentre en las piezas el acompañamiento que busca en ese momento.
¿Descríbeme un directo con este EP?
Creo que es un EP para ser escuchado en un entorno con buena iluminación natural, de pie o sentado en el suelo y rodeado de cuadros impresionistas.
Si lo unimos con la pregunta anterior, diría que serían directos en pequeñas salas de museos.
¿Cuán crítico eres con tus trabajos después de publicarlos, y me gustaría saber si eres de guardar canciones en un cajón y posteriormente sacarlas?
No suelo ser muy crítico una vez publicado el trabajo porque me lo suelo tomar como si fueran fotografías de un momento concreto que reflejan lo que era cuando las compuse. Así que, me gusten más o menos, no suelo tener un sentimiento de que lo podría haber hecho mejor o peor, sino más bien como algo identificativo propio, como cuando te reconoces en una fotografía de hace veinte años.
Guardo muchísimas ideas en el cajón que normalmente son piezas que no supe cómo seguir desarrollándolas y que forman parte de bocetos de los discos o EPs que voy componiendo. Es parte de mi proceso creativo: intento no forzar las ideas hasta la obsesión, así que cuando algo no sale, empiezo otra idea de nuevo.
Lo más importante en mi proceso es el tiempo, la pausa y la tranquilidad, y no producir por producir. Así que no me obsesiono si algo no está funcionando, por lo que mi carpeta de bocetos es bastante grande.
Al final voy buscando la belleza, y para eso tienes que pasar tiempo sin instrumentos, interactuando con personas, dando un paseo o yendo a un museo. Es entonces cuando salen ideas de forma natural delante de un instrumento.
¿Un sueño por cumplir?
¡Que todo siga como hasta ahora!
