Jasiel Nahin es un bailaor y coreógrafo nacido en Argentina y afincado en Sevilla. Desde hace dos años forma parte del Ballet Flamenco de Andalucía, un espacio donde su faceta de intérprete y creador ha avanzado. En la actualidad, está a caballo entre su labor creativa y su presencia en los tablaos de Sevilla, como por ejemplo el Teatro Flamenco Sevilla y La Casa del Flamenco.
Ha sido uno de los artistas elegidos por parte de Patricia Guerrero para la edición que ha programado de Nuevos Territorios, los días 8 y 9 de mayo. Jasiel nos habla sobre su carrera y su participación en el ciclo.
¿Cómo nace tu pasión por el baile?
Nace en casa, de forma natural. Mi madre bailaba y dirigía, así que el baile fue mi primer idioma. Crecí viéndola a ella y participando en festivales como «Hermanando Tradiciones»; no recuerdo un momento de mi vida donde el baile no estuviera presente. No fue algo que busqué, fue algo que me habitaba desde niño.
De Argentina a España, ¿cómo es ese salto?
Fue un salto de fe y de búsqueda. Argentina es mi raíz, donde hice mis primeros espectáculos como «Ritual» y donde me formé como persona. Pero España es la meca del flamenco. Venir aquí fue enfrentarme a la verdad del género, curtirme en los tablaos y empezar de cero con el respeto que esta tierra merece. Fue un cambio duro, pero necesario para encontrar mi propio camino.
Has realizado trabajos en ambos países, ¿qué diferencias has notado en tu trabajo entre ellos?
En Argentina hay una pasión muy visceral y una apertura a la mezcla muy grande. En España, el nivel de exigencia y la profundidad técnica son altísimos; aquí el flamenco se respira en cada esquina y eso te obliga a estar al 100% cada segundo. He aprendido a combinar esa garra argentina con el rigor y el respeto por la tradición que se exige en España.
Danza y flamenco, ¿cómo es esa fusión en tu trabajo, y cómo se conjugan entre ellas?
Para mí no son compartimentos estancos. El flamenco es mi base, mi latido, pero la danza me da las herramientas para entender el espacio y el cuerpo de otra manera. Se conjugan a través del movimiento honesto: uso la técnica de la danza para ampliar el lenguaje del flamenco, pero siempre intentando que no se pierda el pellizco ni la raíz.

Ballet Flamenco de Andalucía, ¿qué significa para ti en tu carrera?
Ha sido una de las etapas más importantes. El BFA es una institución de prestigio mundial y formar parte de él te da una disciplina y una visión del escenario profesional única. Es un orgullo haber pasado por ahí y haber compartido con compañeros y maestros de ese nivel; te hace crecer a golpes de realidad y de arte.
Ahora vas a estar en Nuevos Territorios, programado por Patricia Guerrero, ¿qué significa para ti?
Es una oportunidad de oro. Que alguien como Patricia, a quien admiro por su inquietud y su capacidad de trabajo, cuente conmigo para un ciclo de la Fundación SGAE que busca precisamente nuevas miradas, es un regalo. Significa que mi mensaje está llegando y que hay espacio para propuestas que quieren airear un poco el panorama actual.
¿Nos puedes contar quiénes te acompañarán y cómo entran a trabajar contigo?
Me siento un privilegiado por los compañeros que traigo. Al cante cuento con Juañares, con quien tuve el placer de coincidir en Las Carboneras; para mí es una auténtica perla, un cantaor con una sensibilidad especial. También me acompaña Gabriel de la Tomasa, que viene de una dinastía de cantaores que me encanta y que lleva ese peso de la tradición en la voz. Y a la guitarra estará Daniel Mejía «El Carqui», que tiene un toque muy personal, muy flamenco y con un sentido del ritmo increíble. Han entrado en este proyecto desde la afición y el respeto mutuo, y es un lujo apoyarme en ellos.
¿Cómo es tu forma de crear?
Sinceramente, todavía me cuesta usar la palabra «crear»; aún no me considero un creador, me veo más como alguien que busca y que prueba cosas. Mi proceso es muy de estudio, de echarle horas y de «estrujar la toalla» de ensayo. Me inspira lo cotidiano: una lectura, ver a mis compañeros o el ritual de estar en el estudio sacando pasitos. No busco grandes teorías; prefiero que el cuerpo me vaya diciendo hacia dónde quiere ir a través del trabajo duro y dejando que el sentimiento se ordene solo en el movimiento.
¿Un sueño por cumplir?
Bailar bien. Parece simple, pero es el sueño más difícil. No aspiro a grandes lujos; mi sueño es disfrutar de cada paso que saco en el estudio, seguir absorbiendo lo que la vida me ofrece y que, cuando me suba a un escenario, lo que haga sea de verdad y llegue al corazón de la gente.

