Del 19 al 23 de mayo tendrá lugar la edición número XXIII del Festival de Cans. El sábado 23 será el día que los cortometrajes a concurso se exhiban, y en esta ocasión nos centramos en Mon Autre Maman, el último trabajo de Fon Cortizo, director que ya ha asistido al festival en ediciones anteriores, y que en esta ocasión presenta en Galicia una pequeña gran película, corta pero intensa, con un excelente montaje que conjuga aquello de que menos es más, y que enriquece la historia que narra. Esta proyección se encuentra enmarcada en la sección Furacáns|Non ficción.

La memoria, los recuerdos, los anhelos, el amor materno-filial son el eje principal del cortometraje, pero también los cuidados, la emigración, las pérdidas. Todo está narrado desde una voz en off y unas imágenes que, entre lo experimental y lo difuso, retratan y relatan un camino a recorrer, una despedida; conjugan Mon Autre Maman.

Mon Autre Maman, un trabajo corto pero intenso, ¿cómo surge?

Es una película de poco más de dos minutos y medio, pero fusiona varias historias que me rondan habitualmente. Hay varias capas. La primera, y más importante, es la que da título a la obra. Una mujer que busca a la persona que la cuidó cuando era niña. Su otra mamá. En segundo lugar, está el contexto, ya que esa mujer que busca es francesa y quien la cuidó fue una de las muchas mujeres gallegas que emigraron a París en los setenta. De alguna manera, es un viaje de ida y vuelta. Un retrato del contracampo de la emigración.

Tus trabajos a veces hablan desde la melancolía, ¿qué es más fácil construir desde la tristeza o desde la alegría?

Cualquier emoción intensa es el mejor impulso para crear. Después, cada persona se siente más cómoda habitando unas emociones u otras. O tal vez brotan con más facilidad cuando escribes. Es cierto que en mis últimos trabajos hay temas recurrentes como el duelo o la ausencia. Sin embargo, actualmente estoy trabajando en dos proyectos de largometraje, una ficción y un ensayo documental, que caminan por territorios bastante alejados.

La cinta habla de los recuerdos, de rendir homenaje a quien aporta; es verdad que ya es algo que hiciste en Abellón, un trabajo dedicado a tu abuelo. ¿Es importante para ti los recuerdos, sobre todo los que aportan? Al final, en este sentido, es algo positivo, aunque sea melancólico.

Sí, creo que en ambas películas hay algo bastante luminoso. Una mirada al pasado que te construye. Las dos contienen también una especie de agradecimiento hacia las personas que cuidan. En el caso de Mon Autre Maman, esa memoria invisible de los cuidados habla también de desigualdades, relaciones de poder y clases sociales.

Hay un equilibrio de los recuerdos con la naturaleza que plasmas en ese viaje, ¿cómo ha sido realizar el guion, breve pero intenso?

El guion nació después de las imágenes. Filmé ese material participando en el Chanfaina Lab, en San Sadurniño. El cementerio, la niebla… Después apareció la historia. Fue como reconstruir un viaje a partir de un archivo cinematográfico encontrado. Partir de esas imágenes como si fueran ajenas, para luego imaginar la historia de quien las había filmado. En ese proceso de reconstrucción, empecé a mezclar historias reales, recuerdos y fabulaciones.

Aquí el sonido ambiente es muy protagonista, va al compás de la narración de la explicación de ese viaje, ¿cómo fue la elección de ese trayecto, y el montaje de la película?

El sonido es una construcción que trata de introducirte dentro de ese vehículo que te traslada, dentro del cementerio… Creo que esta es una de las funciones del sonido en el cine. Sumergirte. En esta película, el montaje es mucho más sonoro que visual. El peso del relato está en la voz, acompañada por ese sonido ambiente no demasiado naturalista. La imagen es el viaje. Evoca lo que está detrás de la cámara. El paisaje es espejo.

Hay una frase muy típica y tópica, uno se hace o se nace, con respecto a Mon Autre Maman podríamos decir, que los afectos no vienen sólo de la sangre, y así lo plasmas en la cinta, ¿crees en esas segundas familias que se van creando en la vida?

Creo que los afectos, sobre todo en la infancia, son absolutamente impredecibles. Las personas que pasan por tu vida van dejando su huella. Algunas permanecen, otras se desdibujan o desaparecen. Sí creo que hay una familia que eliges o que se va formando de forma inesperada. Una especie de tribu, que puede ser más identitaria y afectiva que la propia familia biológica.

Mon Autre Maman también marca el hecho de que estamos hechos de recuerdos, que nuestro disco duro, la memoria, busca mucho en la infancia, ¿importante el balance de los recuerdos del pasado para llegar al presente y forjar el futuro?

Fundamental. La infancia es el campamento base. Y también es importante cómo los recuerdos mutan. ¿Cómo reescribimos el pasado o lo borramos? La memoria es presente, y desde el presente reelaboramos el pasado. Hace poco trabajaba en el montaje de la película Plaza Mayor de Marcos Merino, que elabora una profunda reflexión sobre la memoria personal y colectiva. Muy recomendable.

Aquí la música es muy tenue, ya que la voz en off es protagonista, pero también está creada por ti, ¿cómo fue esa faceta?

Sí. No es la primera vez que hago la música. En Abellón también era mía. Me da un poco de pudor acreditarme como compositor y, a veces, utilizo seudónimos. No soy músico, pero me gusta cacharrear con sintetizadores y con algunos instrumentos. Tanto en Abellón como en Mon Autre Maman tenía claro que sólo era necesario un apoyo musical muy discreto. Una especie de nota pedal o bordón que armonizara con el sonido ambiente. Me divierte mucho esta parte. Aunque, si pudiera, trabajaría siempre con una orquesta como la que hizo la banda sonora de mi primera película: 9 Fugas.

¿Qué te aporta la voz en off en tus trabajos, y en éste en concreto, donde está presente en todo momento?

La voz es fundamental en Mon Autre Maman porque es una especie de correspondencia o diario personal. La voz nos guía. Es un relato personal.

No llega a tres minutos, y lo divides en dos partes, en el minuto 1,09 aparece el título, con una parte mucho más experimental que plasma en cierta forma lo desconocido por la protagonista, ¿cómo montas en dos partes Mon Autre Maman?

Pues fue un proceso inconsciente durante el montaje. Pensando sobre ello, ahora me doy cuenta de que, en esos casi tres minutos, hay tres actos. Como en casi cualquier historia. Esta construcción de las historias en tres actos es algo que tenemos tan interiorizado que sale inconscientemente. La primera parte, antes del título es el primer acto. Es la mirada al pasado. Después del título llega el segundo acto, donde el relato se vuelve presente. Por último, el tercer acto es una rapidísima resolución que supone el paso final hacia el futuro.

Ya has tenido recorrido por otros festivales, ¿cómo está siendo la acogida?

Muy buena. Creo que conecta muy bien. Siempre provoca cierta sorpresa lo rápido que cuenta la historia, sin sentirse apresurada. Y, al mismo tiempo, se siente una historia profunda, de toda una vida.

Ahora vuelves a Cans, ya estuviste el año pasado con Abellón, ¿cómo recuerdas la experiencia?

Cans es un gran punto de encuentro para el sector en Galicia. Ineludible. Siempre es una experiencia increíble. Y, ya que hablamos de familias, todo en la organización es cercano y cálido. Se siente familiar, al mismo tiempo que es profesional. Y muy divertido.

¿Qué significa para ti volver al festival?

Es el estreno del corto en Galicia. Es un momento muy bonito, en el que sabes que mucha gente cercana va a verlo. Me siento muy arropado por el festival. Participé en el festival con casi todo lo que he hecho. Este es el tercer cortometraje que estreno en Cans y también tuvimos una proyección muy especial de mi largometraje: 9 Fugas.

Es un festival que no sólo apuesta por trabajos gallegos, sino que también lo hace por el formato cortometraje, y por sus coloquios y trato directo con los cineastas y actores, ¿qué importancia crees que tiene este tipo de festivales para vosotros, el público, la industria y la cultura en general?

El circuito de festivales es imprescindible, sobre todo en un momento en el que hay tantísima oferta. Es también muy importante para el mundo del cortometraje y del cine más arriesgado. A pesar de la diversidad de ventanas donde puedes acceder a horas y horas de contenidos, hay un cine que sigue siendo invisible. Los festivales son fundamentales para dar visibilidad, para crear comunidad. También para que las películas dejen de ser contenidos y se conviertan en algo más personal, en experiencias compartidas por el público, cineastas e industria.

¿Próximos trabajos?

Ahora mismo, estoy escribiendo un largometraje de ficción titulado Fosa Atlántica y este otoño rodaré un largometraje documental que espero que se estrene a finales de 2027 o principios de 2028. Y, como deseo, me gustaría volver sobre la historia de Mon Autre Maman, algún día. Con otro planteamiento, tal vez un largometraje de ficción, una road movie sobre esa búsqueda de los afectos de la infancia y esa huella emocional de la emigración.

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