Afro Blue nació en 2022 y este año llega a su quinta edición. Un festival que recoge estilos como el jazz, soul, funk, blues y otras músicas de raíz afroamericana, y que con tesón se está convirtiendo en un referente en estas músicas. Posee una programación que se desarrolla durante dos días (Jardín de los Zuloaga y la Iglesia de San Juan de los Caballeros), y que cada año sorprende, ya que no son artistas que podamos disfrutar habitualmente en España.
Este año, uno de los protagonistas es Pajaro Sunrise (proyecto del compositor, productor y multinstrumentista Yuri Méndez, un artista independiente que cuenta en su haber nueve álbumes y además es creador de distintas bandas sonoras para cine y televisión). Su música transita entre el folk introspectivo, pop, música de autor y la electrónica, además de insertar toques de soul y ciertas tonalidades de country; en definitiva, un amplio espectro musical que nos hará bailar el próximo día 6 de junio en Segovia.
De Yuri Méndez a Pajaro Sunrise, ¿cómo es esa transición?
Pajaro Sunrise ha acabado siendo más o menos un seudónimo con el que publico las canciones que escribo, así que no creo que la diferencia sea muy grande. En algún momento pensé usar mi nombre, Yuri Méndez, para publicar canciones en castellano, pero parece que siempre acabo volviendo al inglés, así que por ahora todo sigue igual.
¿Cómo nace tu pasión por la música?
No creo que haya un momento concreto. Recuerdo la sensación al escuchar música en casa de mis padres, los discos de la casa de mis primos siendo un niño o los primeros discos que me compré o que me regalaron, y siempre fue lo mismo. Con 13 o 14 años decidí que quería dedicarme a escribir canciones y el resto ha sido un aprendizaje continuo.
20 años en solitario, ¿cuál es el balance y la progresión en tu carrera?
Lo fundamental para mí es que en cada momento he podido hacer lo que he querido, que no es poco… En gran parte gracias a haber aterrizado en un sello, Lovemonk, con personas estupendas que muy pronto se convirtieron en amigos. Y en gran parte gracias a otros músicos que he ido encontrando por el camino, especialmente Javier Jiménez (Saint Malo), que lleva estando ahí, ayudándome y formando parte de Pajaro Sunrise desde 2009. Antes de todo ésto, grabé un disco con una multinacional, la extinta V2, que me sirvió para conocer todo lo que no quería hacer y lo que no quería ser; el resto ha consistido en evitar volver a verme en una situación parecida.
¿Nos podrías decir qué significa la música para ti en todos los ámbitos de tu vida?
Supongo que es una vocación, y una vocación se superpone con el resto de tu vida, se funde con ella. Por eso no distingo la música del resto de aspectos de mis días: a veces me agota, a veces me motiva, pero a estas alturas no es algo a lo que pueda renunciar ya. No sabría quién soy sin escribir canciones, grabarlas y publicarlas.
Compositor, cantante, productor y multinstrumentista, ¿cómo se conjugan y se retroalimentan cada una de las facetas en tu música?
El objetivo es hacer música y todas esas cosas, que pueden parecer papeles diferenciados desde fuera, son parte del mismo proceso para mí: medios para lograr escuchar lo que espero de una canción. Si para eso tengo que aprender a mezclar mejor, cantar de forma distinta o descubrir cómo funciona un Moog, busco el modo de conseguirlo y no le doy muchas más vueltas.
¿Cómo es tu forma de componer?
No tengo una sola forma de componer. Es verdad que la mayoría del tiempo consiste en crear una sesión de Pro Tools y grabar improvisaciones con el instrumento que tenga a mano, que luego desarrollo si hace falta, pero también a veces escribo canciones al modo tradicional con una guitarra o un piano. Creo que el repertorio de recursos de una persona es limitado, al menos el mío, y por eso variar en la forma y probar cosas nuevas me ayuda a no repetirme.
¿Eres de dejar canciones en el cajón, o cuando estás componiendo y no entran en un disco, las descartas directamente?
No suelo rescatar lo que no termino en el momento, pero tampoco es una norma. A veces hay alguna canción que, por el motivo que sea, no entró en un disco y entra en el siguiente. Pero, como mucha otra gente, también tengo de vez en cuando la sensación de que las mejores canciones son las que no termino. Es difícil juzgar con perspectiva lo que hace uno mismo.

También compones para cine y televisión, ¿cómo entras en ese sector, y cuál es la diferencia a la hora creativa con respecto a tu música?
Empecé a trabajar en publicidad por medio de Lovemonk y durante unos años hice música para un montón de anuncios. Muchos. No puedo decir que me apasionase el trabajo, pero me permitía vivir de hacer música, financiarme el equipo para un estudio casero bastante decente y, además, aprender una barbaridad. Es —o era— un trabajo exigente, por los plazos y por los recursos que exige. Mientras tanto, las canciones de Pajaro Sunrise habían empezado a sonar en unas cuantas series, en España y fuera de España, y luego, de pura casualidad, Gerardo Olivares me vio tocar en un programa especial de RNE en la Casa de América, le gustó lo que vio y me encargó la banda sonora de «4 Latas». Supongo que eso, más mis propios discos y el disco que hice hace unos años con Hovik Keuchkerian, me colocaron en el radar. Un punto pequeñito, pero en el radar al fin y al cabo.
La electrónica tiene un potencial muy fuerte en sonoridad en tu discografía, e incluso últimamente mucho más. ¿Cómo ha sido la evolución de ésta en tus composiciones?
Siempre he pensado que lo electrónico, desde que los sintetizadores dejaron de tener precios inasumibles y, especialmente, desde que grabar en casa se convirtió en algo común, es el verdadero folk. Folk entendido como la música que escriben los músicos no profesionales, entendido ésto a la antigua. Nunca, o casi nunca, he publicado propiamente música electrónica, pero renunciar a las posibilidades y a la paleta de sonidos que permite un sintetizador, en 2026, me parecería un crimen. Obviamente, si eres un purista del bluegrass, por ejemplo, ésto no se aplica. Pero en mi caso, que no busco más que escribir canciones y que esas canciones conmuevan de una determinada forma, los elementos electrónicos son una ayuda enorme.
¿Te defines en algún estilo en especial, o prefieres que la música fluya en tu discografía?
Nunca he pensado la música en estilos: de los discos que había en casa de mis primos que he mencionado antes, los más importantes para mí fueron probablemente The Man-Machine y Nebraska, con Deep Purple y los primeros Queen flotando entre medias. Partiendo de ahí, sería absurdo pensar en géneros concretos. Si acaso, y porque nunca me he considerado un músico profesional, aunque esa haya sido mi única ocupación desde los 21 o 22 años, puedo identificarme un poco con la etiqueta folk; más como una forma de hacer que como un género.
No tienes canciones en español en tus discos, sólo algunas sueltas fuera de los mismos; ¿cómo surgen esas grabaciones de esas canciones?
Como todo lo demás, por curiosidad. Desde el principio he escrito canciones en inglés: mi plan de adolescencia era publicar discos fuera de España y, además, escuchaba —y escucho— muy poca música en castellano. Pero cuando llegó el momento y me ofrecieron grabar un disco, la primera condición era que fuese en castellano. No tenía práctica y no me gustó el resultado, así que de vez en cuando me viene el impulso de resarcirme y escribir otro que me deje satisfecho. En el primer intento, cuando estaba a punto de hacerlo, empezamos con Pajaro Sunrise y lo abandoné. En el segundo, se cruzó la pandemia y, cuando la vida volvió a su cauce, las canciones se me habían quedado lejos. Y metido en la tercera tentativa, hace algo más de un año, me diagnosticaron un cáncer; una vez recuperado, tampoco tenía ganas ya de seguir con esas canciones. Algún día, quién sabe.
Algo que destaca en tu carrera es tu constancia; tienes en tu haber muchos discos, recopilatorios, remixes… y en muchas ocasiones extensos en número de canciones. ¿Crees en la importancia de mostrar la creatividad que va surgiendo, ya sea de canciones originales como las que puedan surgir de versiones de éstas?
No, no creo que sea importante mostrar nada. O, mejor dicho: puede que lo creyese en algún momento, pero ya no lo creo. Sé que hay personas a las que les gustan mucho y les acompañan en sus vidas, pero no creo que el mundo necesite mis canciones: simplemente creo que soy yo el que necesita escribirlas por una razón tan simple como que eso es lo que hago, lo que me gusta hacer y somos animales de costumbres.
Hoy en día el sector musical ha cambiado mucho y hay una gran vorágine. ¿Cómo vives el mantenerte firme en una música tan personal como la tuya sin entrar en la dinámica del mercado musical y todo lo que ello conlleva?
Tengo 46 años y grabé mi primer disco en el boom de la piratería y Operación Triunfo. Todo han sido apocalipsis desde entonces y probablemente ya los hubiera antes. Es verdad que ahora parece todo mucho más confuso, más precario incluso, pero mi forma de verlo es que tengo una suerte enorme de haber podido hacer y vivir de ésto durante más de veinte años. He tocado en sitios increíbles por todo el mundo y tengo las guitarras que quiero tener. El resto es un bonus. Y sería absurdo olvidar que lo que me ha traído hasta aquí, es decir, la posibilidad de grabar discos en una habitación con un ordenador portátil, es parte del proceso que ha hecho saltar por los aires la anteriormente conocida como industria. Que Spotify puede ser Satán, pero es el mismo Satán por el que hemos conocido discos que quizá no hubiéramos conocido jamás, por ejemplo. Que la democratización de la música que decían que iba a traer internet en parte lo es, pero no por eso deja de ser el reverso de la precarización. Que los festivales multiplican el público y permiten subsistir a ciertos grupos, pero también contribuyen a destrozar la antigua forma de ser espectador. Hay una viñeta de Mafalda en la que se pregunta qué hacer con lo bueno que hay en lo malo y lo malo que hay en lo bueno. Pues eso mismo.
Este año estarás actuando en Afro Blue, ¿qué significa para ti?
En lo personal, después de un año de parón forzoso, el subidón de tamaño grande de volver a la vida habitual. En lo musical, para alguien que no es en absoluto fan de los festivales-evento, un orgullo por el cartel y el tipo de programación. Aunque no pretendo que la música que hago sea ni afro ni blue, como oyente, que al fin y al cabo es lo que cuenta, la música negra es prácticamente la única constante en mi vida adulta, así que tengo intención de disfrutarlo fuerte, fuerte.
¿Qué nos encontraremos en ese concierto?
A mí, a Javier Jiménez y unos cuantos cacharros con los que todavía no sé que haremos porque procuramos no repetirnos de concierto a concierto. Pero espero que haya buenas canciones y gente contenta encima y delante del escenario.
¿Próximos proyectos?
Un disco triple —o tres discos individuales, aún no está claro— que ya está en su última fase y que saldrá entre finales de 2026 y 2027. Ahora que se supone que casi nadie escucha discos enteros, ¿qué mejor plan que tres de una vez?
¿Un sueño por cumplir?
Estaba a punto de decir que ninguno, pero, pensándolo bien, uno sí que hay: tener un buen estudio propio y dejar de pelearme con habitaciones infames. Es posible que no volviese a ver la luz del día, pero, oh, qué bien me lo iba a pasar.

