El próximo sábado 13 de junio, Nuria Guiu estará en Cádiz en Danza -edición número XXIV- con su último trabajo POV, siendo un preestreno nacional. Su actuación tendrá lugar en el Teatro del Títere La Tía Norica. Una pieza performativa, algo por lo que el festival apuesta cada vez más, dando visibilidad a lo más contemporáneo dentro del sector de la danza de nuestro país.

Nuria Guiu a día de hoy dice sentirse más coreógrafa que bailarina. Sus comienzos fueron a los 6 años en el ballet, pero lo dejó por parecerle muy estricto; posteriormente, a los 16, se inició en la danza contemporánea y hasta la fecha:

Siempre he sido muy creativa y además de bailar, realicé mis creaciones, combinándolas en todo momento. Sigo bailando con otras compañías, pero me siento más coreógrafa con una variante más performativa, siendo bailarina en mis propias piezas, y espero que por mucho tiempo más.

Declara que el trabajo en solitario es algo muy recurrente en su carrera, pero por el hecho de hacer mucha investigación en escena como performer, finalmente siempre está muy acompañada con equipos de producción, sonido, gestión, visuales, así que en definitiva el trabajo en grupo ahí está.

En su trayectoria podemos ver que lo performativo es algo muy latente. Y nos cuenta cómo fue su evolución: Aprendí mucho del clásico y creo que es un lenguaje maravilloso, pero es verdad que es más estricto en cuanto a forma, en cuanto a maneras de hacer. Lo performativo contemporáneo es lo que me ha abierto la veda, la posibilidad de mezclar lenguajes, de expresarme no solamente desde uno, porque la técnica clásica la tengo, pero me he podido también como liberar; esa técnica ya está integrada en mi cuerpo, ¿qué más puedo hacer? Si quiero hablar, hablo; si quiero utilizar una música más experimental, la introduzco; o imágenes, que a veces también lo hago con proyecciones. Todo me ha permitido abrir muchas posibilidades a nivel de lenguaje expresivo.

POV es una obra muy actual en temática, para enfrentarnos a lo más actual del panorama digital, de las redes, de ver cómo lo ven tanto los jóvenes como los no tan jóvenes. Realiza un ejercicio de prisma espejo donde refleja la sociedad y sus aristas.

POV habla de la empatía, de cómo poder estar no solo nuestra mirada; significa punto de vista en inglés. Cómo poder estar no solo en el punto de vista del otro, sino en el intentar estar en el cuerpo del otro, porque son momentos en que es muy necesario poder poner la piel en el cuerpo, en el sentir de la otra, para no alejarnos, para no pasar por encima atrocidades. ¿Pero cómo está pasando ésto? ¿Cómo podemos estar tan alejados, tan alienados del sufrimiento de lo que es la humanidad, o el mundo? Al final, el poder, cuerpo e imagen han formado parte de mis proyectos siempre.

Me hace mucha ilusión estar en Cádiz en Danza; ésta es la tercera vez que asisto al festival y para mí es algo muy especial porque disfruto al construir vínculos con los lugares; no me interesa tanto hacer algo que luego no tenga continuidad. Estuve con mis dos primeros solos, Likes y Spiritual Boyfriends, y ahora éste es el tercero que sigue esa misma línea. No lo llamaría una trilogía, pero sí que estos tres solos comparten un enfoque de trabajo que está estrechamente relacionado con cómo interpretamos los cuerpos desde una perspectiva sociocultural y, en particular, en conexión con el entorno digital, lo que también lo relaciona con mi evolución y trayectoria como antropóloga. Existe un componente en este trabajo que acompaña esta interpretación del cuerpo y de la tecnología, muchas veces presentada con ironía, lo que hace que sea muy accesible para todos. Hay un componente de investigación que es bastante científico, un enfoque poscultural y antropológico; al mismo tiempo, hay un aspecto bastante ligero que se conecta directamente con el público, donde se puede ver reflejado tanto a la gente joven como a la que no lo es tanto. «Pov» es una pieza que se centra en la saturación de los lenguajes actuales y en los contextos tan paradójicos que enfrentamos, entre trámites, lugares inaccesibles, excesos de información e imágenes, que refleja un poco esta situación extrema del no poder llegar y, al mismo tiempo, seguir avanzando. Dramaturgicamente, la pieza está construida como un tipo de lenguaje memético, de tal manera que esta fragmentación de la información adquiere coherencia a través de su yuxtaposición o secuenciación, que es similar a lo que ocurre en las redes sociales: cuando haces scroll, te encuentras con datos dispares que, de alguna manera, colocas en tu cuerpo.

La obra se basa en el libro del mismo nombre que le encargaron desde el Mercat de les Flors en Barcelona. Reconoce que ha funcionado como una guía, y tras escribirlo y leerlo, entendió cuáles son los intereses que lo han impulsado, por qué lo ha hecho y cuáles son las herramientas y elementos que han ido formando un lenguaje propio en su trabajo sin haberlo planeado, como si fuera una técnica. Para ella el libro ha representado un ejercicio de retrospección, en el sentido de que ha revisitado los trabajos que ha realizado y ha descubierto que existía, evidentemente, una conexión, ya que está influenciada por su persona. La pieza de performance incorpora todos los elementos que se encuentran en el libro; por lo tanto, la pieza es el libro.

¿Cuándo escribiste el libro y después has creado la obra, qué has descubierto de tu persona y de tu parte artística que a lo mejor habías olvidado? Sí, es enriquecedor hacer esa investigación casi de archivo de tu propio trabajo, porque es verdad que a veces olvidas cosas que has hecho y dices: ¡Guau! Yo ya estaba interesada en ésto en el 2005. Por ejemplo, el desencaje entre la mirada de lo que las otras esperan o ven de ti y lo que tú sientes, cómo el cuerpo es leído, cómo las redes sociales generan también una cierta imagen, pero cómo a la vez pueden haberte ayudado a comunicarte. Son matices que me ha sorprendido ver que ya estaban en mí desde hace muchos años.

Si hablamos un poco de la danza actual, ¿cómo encuentras la danza ahora a nivel sectorial? Somos un colectivo muy resiliente, porque ya hemos pasado de todas y es muy difícil sobrevivir de lo que nos dedicamos, entonces a veces parece como que la cosa puede estar yendo fatal, pero que nosotras seguimos. Creo que podríamos hacer más ruido, en el sentido de que es muy precario todo, que al final tiene muy poca visibilidad y, al mismo tiempo, creo que el mundo necesita bailar más que nunca; la gente está sedentaria total, con los papeleos, los ordenadores, y tiene ganas, yo lo noto. La gente necesita moverse, pero a nivel de la industria es complicado. Se asumen pocos riesgos porque hay poco apoyo en la cultura. Hay mucha inestabilidad y no se entiende bien. Además, es difícil equilibrar la vida personal y económica. Es un problema básico de derechos y de respeto por el trabajo de coreógrafos y bailarines. Es fundamental reconocer el valor del arte, la cultura y la educación, que son especialmente importantes ahora. La creatividad es crucial en un momento en que hay mucho miedo y cuestionamientos en la sociedad. Creo que el arte es muy importante.

Indudablemente, el arte y la danza han sido históricamente relegados a un ámbito de no conocimiento, como si careciera de la credibilidad de las ciencias. Sin embargo, en la actualidad, y desde una perspectiva de la antropología y la filosofía, dado que estoy realizando un máster, se está llevando a cabo una investigación exhaustiva sobre cómo el arte es una valiosa herramienta de conocimiento que simplemente no ha sido validada por temas históricos. Que el arte es una gran herramienta para entender, para conocer al otro, para aproximarte al otro, para desestructurar y para construir nuevas formas de pensar, de ser, de estar en el mundo.

Fotografía de @MireiaRodriguez

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