La danza, en parte, será el hilo conductor de la temática, que no la forma en sí al completo; de la representación de Olalla Hernández en Solo quería bailar, dentro de la programación de Cádiz en Danza 2026. La obra parte del libro homónimo de Greta García. La obra se representará el próximo día 9 de junio en el Teatro del Títere La Tía Norica. Tras la representación tendrá lugar un coloquio con Olalla Hernández, Greta García y Alberto Velasco, moderado por Alejandro Luque. Esta charla es una colaboración con la Feria del Libro de Cádiz.
¿Cómo acaba una bailarina cumpliendo treinta años de cárcel por acto terrorista?
Pili solo quería bailar, pero jarta de batallar en la precariedad de los que luchan por vivir del arte, un día llega a su límite y decide hacer algo.
Su rabia no va en contra, solamente, de la administración pública y sus trabas burocráticas. No va en contra de su padre castrador, ni tampoco es una venganza hacia sus profesores de baile.
Es un acto kamikaze de amor por parte de alguien que siempre ha carecido de él.

Con motivo de la participación en el festival, Olalla Hernández nos ha concedido esta entrevista para conocer más sobre la obra y su carrera artística. Además, para los que estéis en Madrid, la obra se representará el próximo 13 de junio en el Teatro del Barrio. La actriz malagueña conocida por su participación en La Agencia, La casa de papel, Solos en la noche, Cristobal Balenciaga y Las abogadas, entre otras, obtuvo la Biznaga de Plata a la Mejor Actriz en la sección Málaga Cinema, del Festival de Málaga 2022 (que premia la labor de profesionales malagueños en la industria).
Fotografía de Jerónimo Álvarez
Más allá de las grandes producciones, en salas y circuitos más alternativos se descubren joyas, nuevos lenguajes, creadores y creadoras muy jóvenes que apuestan fuerte y se sobreponen a esa precariedad y falta de soporte.
Si echas la vista atrás, ¿cuál es tu primer recuerdo artístico?
Mi primer recuerdo tuvo que ser en el verano del 89; no había empezado el colegio. Una modista de Ronda había organizado un pase de modelos de trajes de gitana de niñas en una sala de fiestas, y le dijeron a mi abuela si me gustaría participar, y recuerdo salir al escenario con mucha alegría, recuerdo a mi abuela en primera fila e irme corriendo a abrazarla. Y luego en preescolar en el colegio, recuerdo hacer teatritos en la clase de la ‘Seño’ Maria Esther, y me encantaba.
¿Cómo nace tu pasión por el cine, la danza, el teatro?
Pues creo que precisamente fue en ese momento. De hecho, siempre que me vuelvo a encontrar con María Esther en Ronda, y me pregunta por cómo me va, y me recuerda esos primeros teatritos, me emociono; se ve que me conecta con esa infancia en la que descubrí el teatro. Siempre estaba apuntada a clases de teatro, de danza, de música… Por suerte, mis padres siempre me dieron lo que Ronda podía ofrecer en aquel momento, para que estuviera conectada de un modo u otro con las artes escénicas.
¿En qué estado de salud ves el sector cultural, en todos los ámbitos, en estos momentos?
Pues, no sé qué decirte. En realidad, el arte nunca ha sido un sector que haya gozado de muy buena salud, ¿no? Quiero decir, las personas que nos dedicamos al arte, a la cultura, generalmente siempre hemos sabido lo que es la precariedad. Es a la cultura a la primera que se le hacen recortes de presupuesto, es a la cultura a la primera que se le cortan las alas, y no solo desde el punto de vista económico. Me parte el corazón cada vez que escucho que los del cine son unos subvencionados, o que se menosprecia la labor de la cultura en nuestra sociedad y se lanzan mensajes demonizando a los titiriteros. Y esa falta de valor viene dada por la falta de soporte desde las instituciones. Me parte el corazón ver teatros municipales sin apenas programación teatral, que se prive a una población de esa ventana cultural, que no se fomente la afición, la curiosidad por el arte… Es descorazonador. La cultura no debería verse como un accesorio superfluo, porque no lo es. Todos de un modo u otro necesitamos del sector cultural, y duele mucho cuando percibes esa falta de sensibilidad. Es síntoma de que algo en nuestra sociedad está un poco feo, ¿no? Justamente por eso, hoy en día es más necesaria que nunca la cultura como espacio de diálogo.
Y desde el punto de vista de la creación, considero que se están haciendo cosas bastante interesantes. Más allá de las grandes producciones, en salas y circuitos más alternativos se descubren joyas, nuevos lenguajes, creadores y creadoras muy jóvenes que apuestan fuerte y se sobreponen a esa precariedad y falta de soporte.
Solo quería bailar, ¿cómo te llega este proyecto?
Pues a través de mi amiga Olga Magaña, que me dejó la novela. Y fue leerla y tener claro que quería hacer un monólogo con ella. Así que me armé de valor, hablé con Greta contándole lo que me encantaría hacer con su texto, a pesar de que no tenía ni idea de quién se encargaría de la adaptación y la dirección del proyecto, ni cómo iba a hacerlo, ni si sería capaz de sacar el proyecto adelante yo sola, algo que no había hecho en mi vida. Solo sabía que quería interpretar a Pili en un escenario, y que tenía muchísima fe en el proyecto.
Y de nuevo gracias a Olga Magaña y más tarde a Esperanza Guardado, pude contar con Sergio y Alberto.
¿Cómo ha sido el trabajo con Alberto Velasco y Sergio Martínez Vila?
Sergio y Alberto han sido fundamentales en este proceso; han sido mi equipo soñado. Para mí, trabajar con ellos ha sido un proceso muy orgánico. No me ha costado lo más mínimo confiar plenamente en ellos, en su visión del proyecto; me he sentido muy bien acompañada. Sergio y yo trabajamos mucho sobre la novela antes de empezar con la adaptación para comenzar a tener un punto de vista sobre el montaje, y fue muy bonito desgranar al personaje de Pili con él un año antes de que empezaran los ensayos. Y con Alberto ha sido un sueño. Ha sabido sintetizar muy bien el lenguaje de la novela para llevarlo al escenario, la plástica que le ha dado al montaje con la escenografía, la iluminación, las atmósferas… Y trabajar con él ha sido una maravilla. Me ha hecho sentir muy segura en la sala de ensayos; sabía que con él tenía una buena red debajo. Los dos han sido muy generosos conmigo y con el proyecto.
¿Qué ha sido lo más fácil y lo más complicado de tu personaje?
Creo que lo más fácil para mí ha sido empatizar con Pili, con su rabia, su impotencia, con su humor, su anhelo de amor, de realización… A pesar de que sus circunstancias no tienen nada que ver con las mías.
Lo más complicado, sostenerla durante casi hora y media. O más bien, la preparación previa para poder hacerlo. Han sido muchos meses de estudio de texto, muchas clases de ballet, horas de gimnasio para poder ganar resistencia física y mental. Y seguir manteniendo el texto entre función y función, repasarlo sola en casa para que se adultere lo menos posible. Quizás es eso lo que más me cuesta, trabajarla sola fuera del escenario.
Se pone sobre la mesa la precariedad por la que pasa esta disciplina, la injusticia burocrática a la que se ven sometidas las creadoras, lo sacrificada y lo ingrata que puede ser la danza. Lo que cuesta sobrevivir dedicándose a ella, desde el humor y la ironía.

Diría que Solo quería bailar es una “tragicomedia sevillana punk”
¿En qué medida te sientes identificada con tu personaje a nivel personal y artístico?
Pues creo que lo que más me conecta con Pili es su rabia y su vulnerabilidad. Su capacidad de supervivencia ante la hostilidad…
No es que me identifique con ella, porque yo no sería capaz de hacer y decir todo lo que ella hace y dice, pero a pesar de eso, yo en realidad le aplaudo y envidio su idealismo. Creo que muchos se pueden sentir identificados con ella, porque al fin y al cabo todos en mayor o menor medida hemos sufrido la injusticia y la violencia de un sistema que te corta las alas; todos en algún momento (últimamente creo que más) hemos querido quemar cosas, como si eso pudiera hacer cambiar algo.
Si tuvieras que describir la obra, ¿cómo sería?
Diría que Solo quería bailar es una “tragicomedia sevillana punk”. Me gusta catalogarla así. Es un monólogo en el que Pili nos cuenta cómo pasó de soñar con ser bailarina a acabar condenada a treinta años de prisión por atentar contra una institución pública, porque acabó harta de la violencia del sistema y de la precariedad del mundo de la danza.
También me gusta pensar que es una llamada a la acción, un alegato al derecho a la pataleta que nos pertenece como sociedad y como individuos.
Ahora vas a estar en Cádiz en Danza, ¿qué significa para ti estar dentro de este festival?
Pues me encanta que se programe este monólogo en un festival de danza. No es un espectáculo de danza, pero sí es un montaje que habla de la danza. Y en él se pone sobre la mesa la precariedad por la que pasa esta disciplina, la injusticia burocrática a la que se ven sometidas las creadoras, lo sacrificada y lo ingrata que puede ser la danza. Lo que cuesta sobrevivir dedicándose a ella, desde el humor y la ironía.

Ya habéis tenido representaciones, ¿cómo ha sido la acogida?
Ay, yo es que estoy muy contenta con la reacción del público. Nos han dicho cosas muy bonitas del montaje. Me cuentan que salen conmovidos con Pili, con su historia. He hablado con personas que han venido a ver la función que ya habían leído la novela y parece ser que no les ha defraudado. Eso para mí era muy importante, hacerle justicia a la novela de Greta. Así que la acogida ha sido muy, muy buena en Madrid.
¿Crees en la necesidad de la cultura como algo curativo y crítica de nuestros días?
La cultura siempre ha sido algo curativo para el ser humano. Y, por supuesto, esa cura también pasa por la crítica y el retrato del momento en que vivimos. Por supuesto, no todo acto cultural pasa por la reivindicación y la crítica, pero desde luego, es uno de los mejores vehículos para hacernos pensar y cuestionarnos quiénes somos como sociedad. Por eso parece ser que la cultura da tanto miedo, porque nos hace abrir los ojos.
Si tuvieras que pensar en tu papel deseado, ¿cuál sería?
Pili. Lo tiene todo: es frágil, ordinaria, dulce, sádica, divertida, explosiva, ingenua, y aunque está herida, es muy luminosa… Es un personaje que me lleva a explorar muchas emociones, que me insufla mucha libertad. Espero que me lleguen más personajes así de apasionantes.
¿Un sueño por cumplir?
Seguir creando. Ha sido la primera vez que me remango para ponerme a ello, y ojalá no sea la última.
Ficha artística

Autoría: Sergio Martínez Vila a partir de la novela homónima de Greta García
Dirección: Alberto Velasco
Interpretación: Olalla Hernández
Vestuario: Noelia Lebrato
Asesoramiento coreográfico: Olga Magaña
Autoría: Sergio Martínez Vila partir de la novela homónima de Greta García
Dirección: Alberto Velasco
Elenco: Olalla Hernández
Dirección de producción: Inmaculada Almagro
Producción ejecutiva: Olalla Hernández
Iluminación: Manuel Tejera y Alberto Velasco
Diseño de Escenografía: Alberto Velasco
Diseño de Sonido: Carlos Gorbe
Vestuario: Noelia Lebrato
Coreografía: Alberto Velasco
Colaboración en coreografía: Olga Magaña
Comunicación: Josi Cortés
Taller de escenografía: Jesús Hernández
Fotografía y video promocional: Dani Jaén
Diseño gráfico: Geraldine Leloutre
Voces en Off: Esperanza Guardado, Elena Martínez y Carlos Gorbe
