JazzEñe dentro del Jazzaldia, en San Sebastían en su edición número 61, tendrá lugar del 22 al 26 de julio. Uno de los protagonistas será el violinista y compositor Raúl Márquez que presentará El Gran Ra, un proyecto inspirado en el universo vibrante de la música circense que da vida a sus composiciones originales y rinde homenaje al arte del circo y a su constante capacidad de reinvención. Su concierto tendrá lugar el día 24 de julio.
¿Cómo nace tu pasión por la música?
Bueno, mi familia se acercó a la música cuando yo tenía 8 años y después entré a una escolanía de niños cantores, los “Infantes del Pilar de Zaragoza”. Desde ahí estuve siempre actuando, cantando o tocando el violín, pero siempre sobre un escenario. Fue un principio medio involuntario, pero que poco a poco me fue enganchando más y más hasta llegar a ser una forma de vida.
El violín es tu compañero de viaje musical, ¿nos lo puedes definir musicalmente?
El violín es mi compañero para comunicarme en un escenario; me gustan los matices que se pueden lograr con la cuerda frotada, texturas y muchos recursos que pueden enriquecer la música popular. Pero nunca tuve una forma de tocar muy al uso. Tengo mucho de autodidacta (para bien y para mal) y quizás me inspiro en otros instrumentos. He escuchado y transcrito a muchos guitarristas; como instrumento de directo, me gusta mucho la experimentación a la que se ha llegado con guitarras o teclados. Con lo que creo que el violín como instrumento no es lo que más caracteriza mi música, sino el medio que tengo para expresarme. Y quizás esta forma diferente de entender el instrumento sí que aporta algo original en mi manera de tocar.
El flamenco, el swing, el jazz y la música de raíz están dentro de tu trayectoria profesional, ¿eres de romper barreras musicales y no encajarte en etiquetas?
Soy curioso y no me gusta quedarme muchos años en el mismo lugar. Por eso, después de la música clásica, comencé a tocar flamenco y, cuando aprendí el lenguaje musical y antropológico del flamenco, comprendí que debía investigar en nuevas armonías y estilos. Creo que el punto más elevado de la música es la composición. Dentro de la música en vivo, el jazz es la forma más cercana a la composición, pero a tiempo real. Es todo un reto y te obliga a estar en forma, a estudiar e investigar. Y todo para llegar a comunicarte e improvisar en directo con músicos de calidad, porque esto es verdaderamente una maravilla.

Intérprete, compositor, músico de estudio, productor, ¿cómo se conjuga todo?
Me alegra que me hagas esa pregunta… porque quizás es algo que debiéramos apreciar más. En un modelo económico en el que solo se valora lo rentable a corto plazo, los artistas de hoy, que queremos hacer música original, estamos totalmente desprotegidos. No solo nos dedicamos a tocar, sino a distribuirnos, a grabar, a componer, a hacernos las webs, llevar las redes, a producir espectáculos y festivales, a buscar subvenciones, hacer normativas de música de calle, tocar eventos para marqueses, dar clases, hacer de técnicos de sonido y a ser padres. Y me consta que no soy el único que lo hace… así que no me siento un artista tan especial en este aspecto, sino uno más que sigue enamorado de su profesión y confía en que el público no pierda el interés por los conciertos de pequeño formato en directo.
¿De dónde nacen tus composiciones?
En este proyecto, mis composiciones se han inspirado en historias imposibles, en bosques, sueños, viajeros, equilibristas y personajes del circo. Personas que invitan a cruzar la frontera entre lo real y lo imaginario; faquires como Daja Tarto, trapecistas como Pinito del Oro, acróbatas que viven suspendidos en el aire. Porque todo impulso creativo es, en el fondo, un acto de equilibrio entre la oscuridad y la luz.
¿Cómo es tu forma de componer?
Como toco un instrumento melódico, mi forma más habitual de componer es encontrar un riff desde el violín, una pequeña melodía, un ritmo con pizzicato que se acerque al concepto o idea que estoy buscando. Grabo muchas ideas y, cuando una me encaja, la empiezo a armonizar y grabo una línea de bajo. Trabajo mucho con loopers y cambio capas y ritmos según me lo piden. Es muy intuitivo, pero lo disfruto más cuando tengo mucho tiempo libre y sin conciertos, la verdad. Es entonces cuando puedes inspirarte de verdad.
Ahora vas a estar en JazzEñe, ¿qué significa para ti?
Nuestra carrera está llena de pequeños retos. Este es, más bien, un regalo porque cuando un músico presenta su música original después de tocar con tantos artistas, está lleno de dudas. Quién sabe si esto gustará al público o si mi música encontrará los apoyos necesarios para seguir adelante. Para mí es un apoyo indudable que nos hayan seleccionado. Me anima a creer en el proyecto y seguir componiendo con calma.
¿Qué se podrá disfrutar en ese concierto?
Interpretaremos los temas que más me gustan de mi nuevo disco. El formato de trío admite mucha improvisación desde los temas tal y como están grabados. Y después de haberlos tocado mucho en directo, creo que tienen un aliciente cuando nos relajamos y utilizamos el tema como una plantilla sobre la que interpretarlos con libertad. Los temas del disco, como Daja Tarto, Othman o Monsieur Loyal, tienen muchas cualidades para ganar interés en directo si se matizan y se buscan sonoridades diferentes.
Además, JazzEñe es más que un ciclo dentro de Jazzaldia; es un escaparate internacional con los expertos de jazz que estarán. ¿Qué importancia crees que tienen estos eventos que propicia la Fundación SGAE?
Bueno, creo que es fundamental apoyar a las bandas nacionales para que puedan salir y ser conocidas en otros países. Pienso que tenemos un buen nivel y mucha creatividad y cosas por contar. Me gustaría que participaran más bandas en estas ferias. Tengo muchos proyectos de amigos que creo que podrían estar aquí… Y sabemos que cuando a un artista le apoyas un mínimo, el artista devuelve mucho a la sociedad: temas originales, proyectos nuevos con artistas jóvenes, giras… Hay que seguir animando a que se graben discos.

Estaréis con El Gran Ra, ¿cómo surge este proyecto?
En el año 2020, después de tocar mucho flamenco, mucho swing y girar con artistas de todos los colores y sabores, tenía la necesidad imperiosa de hacer un trío con mi música original y engañé a los músicos que más me gustaban de la escena madrileña para hacer una temporada en el Circo Price en medio de la pandemia. No se pudieron negar…
Un homenaje al mundo circense, ¿cómo ha sido la elección de los artistas a quienes recuerdas en cada tema?
He actuado muchos años en el Teatro Circo Price de Madrid. La música de circo ha pasado desapercibida entre nuestro gremio, pero es un ejercicio impresionante de humildad poder acompañar a artistas que se juegan la vida en cada subdivisión del compás que estás interpretando.
Tuve la suerte de componer música para un espectáculo del Circo Price inspirado en los artistas de los años 40-50 en España. Claramente, la capacidad de reinventarse de estos artistas generación tras generación me fascinó. Entendí que el equilibrio, tan presente en el circo, es algo que está en nuestras vidas y lo traté de plasmar en el disco.
Muchos de los personajes a los que compuse música fueron una inspiración desde que los conocí. Un fakir que convierte el dolor en arte, la belleza de la inestabilidad de una trapecista, el equilibrio imposible del acróbata Othman…
Te acompañan David Sancho y Francisco José Gayo. ¿Cómo entran a formar parte de este proyecto?
Como he dicho, los engañé para hacer temporada en el Teatro Circo Price de Madrid. Pero claro, estoy enamorado de las líneas de bajo que hace David Sancho con el teclado. Me parecen tan creativas… Yo flirteo con el violín octavado en mis maquetas para crear líneas de bajo, pero David tiene una maestría improvisando y modificando las líneas que aporta mucho más. Y Fran es muy técnico, tiene una exactitud rítmica con la que es muy fácil trabajar y unas posibilidades sonoras inagotables. Es lo que tienen los músicos que han estudiado de pequeños y en casa… Como se dice en el mundo flamenco
En tu trayectoria profesional, tu música está presente en la danza y trabajas con otros artistas; ¿qué te aporta esta faceta para luego tus propios proyectos?
Trabajar en proyectos diferentes te cambia el punto de mira; siempre insisto en que no nos debemos enfocar solo en los escenarios. Además de la danza, recuerdo con cariño el trabajo en el Museo Reina Sofía de Madrid poniendo música a las obras de la exposición estable… Hace muy poco compuse diferentes paisajes sonoros para acompañar el proyecto de renaturalización del río Tormes a su paso por Salamanca. De hecho, he incluido uno de ellos en mi disco. Es una experiencia muy enriquecedora.
¿Un sueño por cumplir?
Volver a vivir solo de mis proyectos originales como hacía antes de la pandemia. Lo demás está casi todo bien.
