¿Quién no ha gritado la mítica frase: «¡Esas palmas, coño!», al cantar «Pueblos del mundo, extinguíos»? Y es que hay artistas que forman parte del ADN de todos los que nos enganchamos a Siniestro Total allá por los 90 con el disco «Ante todo mucha calma». Su cantante de aquellos años, Miguel Costas, presenta sus memorias, en las que mezcla el Vigo de los años 80 con sus vivencias como miembro fundador de Siniestro Total, una de las mejores bandas de este país, y el momento en que decidió abandonarla, precisamente cuando se encontraba en el momento más álgido de su carrera. Un viaje por todo aquello que ocurre cuando uno mira atrás y descubre que tiene unas cuantas historias que contar, pocos filtros, irreverencia y mucho sentido del humor.

-¿Por qué un libro sobre la vida de Miguel Costas “El Mejor Cantante del Mundo”? ¿A quién puede interesarle tu vida?

Pues no tengo ni idea, pero se está vendiendo muy bien y a la gente le gusta mucho. Hay compañeros que han escrito libros sobre su vida, aunque tal vez sea una moda que hayan decidido impulsar las editoriales: “músicos y artistas contando su vida”.

Hace unos años me llamó la Editorial Roca y, como yo de fontanería no sé mucho, supuse que sería algo relacionado con la música. Por entonces, yo sabía que Renato Landeira había escrito una biografía de Siniestro Total y me pasó algunos capítulos para que los leyera. Cuando me hicieron la propuesta, hablé con él, como tenía escrita la parte de Siniestro, pero no había llegado a un acuerdo con el grupo para publicarla; le dije: «¿Y si lo escribimos nosotros, hasta hoy? La parte de Siniestro ya está hecha, así que tenemos medio libro preparado».

Entonces, le conté mi historia desde que nací hasta que la editorial nos dijo basta, porque llevábamos más de 600 páginas y había que reducir. Así salió la historia de mi vida.

Está gustando mucho porque tiene la parte bonita, la que la gente ve, que es el escenario, y otra que no se ve: la relación con los compañeros, la hora y media tocando, todo lo que hay detrás, el esfuerzo y lo que cuesta llegar. La gente se da cuenta de que no es tan fácil como puede parecer desde fuera. En un grupo de amigos no todo es diversión; también hay momentos malos y muchas dificultades que no se ven.

-En el fondo, los grupos son como matrimonios, cuando se acaba el amor cada uno tira por su lado.

Es una relación en la que convives con tres o cuatro personas más el mánager: comiendo, paseando, durmiendo, con muchas horas de espera… La profesión del músico consiste en esperar, el viaje en furgoneta y, después, esperar para tocar. Es una convivencia constante.

Hay momentos en los que todo se lleva muy bien y otros en los que no tanto. Al final, el desgaste es la norma cuando pasas tantas horas y tantos años con las mismas personas. Aunque, en general, el balance es positivo.

-El problema es ver “quién se queda con los niños”, la custodia de las canciones y todo eso.

En Siniestro Total compartíamos los derechos de autor entre compañeros que no aportaban demasiado a las canciones. Suele pasar con los baterías, que no participan mucho más allá de aportar algunos ritmos, pero no suelen traer melodías o letras, que es lo más importante. Esto se hace, en parte, para mantener la convivencia dentro del grupo. Ya lo dice el refrán: «Antes de montar un grupo, búscate un buen abogado».

-Después de tantos años no debe ser tarea fácil enfrentarse a los recuerdos, ya que te encaras a todo lo bueno y malo de tu vida.

Son vivencias que normalmente no recuerdas, pero empiezas a tirar de memoria y te sale todo. Todas estas historias salieron con la ayuda de mi madre, que tiene 84 años y una memoria brutal. Se acuerda de todo, mientras que yo no me acuerdo de casi nada.

Enfrentarse a los recuerdos es curioso, porque hay momentos que estuvieron muy bien y otros que fueron jodidos. Lo curioso es que cuando acabas el libro empiezas a tener presente un montón de cosas que pudiste contar y que finalmente no han entrado, que darían para escribir una segunda parte.

Renato, el escritor del libro, es un enfermo de los datos: lo tiene todo clasificado y ordenado. Lo que pasa es que él no vivió las anécdotas como yo y, entre los dos, hemos hecho un buen tándem para que todo cuadre. Nos corregimos el uno al otro.

Este es un libro muy sincero y personal, que cuenta la realidad de una persona que se dedica a la música de una manera currante, sin ser una estrella del rock.

-¿Te has censurado algo en el libro? Hay mucho ofendido que no entiende la realidad de las cosas, tal cual ocurren.

No, para nada. Lo que sí he censurado es no poner a parir a nadie, y podía haberlo hecho. En un primer momento, llegué a un acuerdo con Renato porque no tiene sentido complicarme la vida. He tenido problemas con algunas personas que no te voy a decir quiénes son y, aun así, con gente que pongo bien en el libro he tenido problemas. He podido escribir el mismo libro poniendo a parir a mogollón de peña que me ha jodido, y he pasado, no merece la pena.

-¿Qué parte de la historia de Siniestro Total te gustaría que el lector y seguidor del grupo entendiera después de leer el libro y que quizá antes no había entendido, o no se le había contado?

Lo de siempre, por qué me fui de Siniestro Total. La gente no logra entenderlo, aunque yo creo que lo explico bien. Hubo una serie de circunstancias que se dieron en ese momento que me obligaron a irme. En el momento que me fui me quedé jodido, pero con el paso del tiempo no me arrepiento por la deriva que tuvo Siniestro Total en los siguientes discos. Yo trabajé con compañías pequeñas, volviendo al pico y pala desde cero, pudiendo vivir de la música, sin grandes lujos, pero feliz.

-¿Crees que si el éxito que tuvo “Ante Todo Mucha Calma” no hubiera sido tan masivo tú seguirías en el grupo?

Lo que tuvo que ver para que yo no siguiera en la banda fue la caída que tuve en Bilbao, al tiempo que ellos montaron un grupo de versiones llamado Os Subxenios que tocaron sin mí teloneando a Radio Futura en Las Ventas y fue un exitazo. Ahí Julián se dio cuenta que podían tocar sin mí y aprovecharon la jugada para ponérmelo complicado. Y como no se puede dar marcha atrás, yo ahora me voy a tocar a Cuenca y ellos están en su casa, jajajajaja.

-Pude verte en el primer concierto de despedida de Siniestro Total y te noté triste, sin muchas ganas de tocar. Has dicho que esos conciertos te hicieron menos ilusión de la que esperabas. ¿Fue porque ya no reconocías a la banda o porque descubriste que tampoco reconocías al Miguel Costas que había pertenecido a ella?

Efectivamente das en el clavo. Cuando fui a ensayar con ellos no reconocí a la banda en la que tocaba, creí que me iba a hacer ilusión, pero no. Siempre pensé “ojalá volviéramos a tocar algún día”, pero al verme ahí ensayando con ellos no tenía ese feeling. En ese momento, yo estaba a punto de operarme de la garganta y tuvieron que pincharme cortisona para poder cantar. En el disco mi voz está capadísima comparada con otras voces, se me oye pequeñito. Pero bueno, vamos a dejarlo ahí.


-Aparte de las canciones, ¿qué queda hoy del Miguel Costas que fundó Siniestro Total?

A día de hoy me quedan varias hernias de disco, cuatro epidurales, tres radiofrecuencias y la ilusión por tocar durante hora y media como al principio. Lo que no soporto son los viajes, el bocadillo de panceta de después y dormir en una cama distinta cada noche. Me da rabia no tener el apoyo suficiente para publicar todas las canciones nuevas que tengo.


-Después más de 350 páginas de recuerdos, ¿qué verdad sobre Miguel Costas crees que todavía no te has atrevido a contar?

Estoy muy infravalorado como compositor y todo lo que he hecho con Los Feliz. En cambio, soy más conocido entre los músicos que entre el público. No me da dinero, pero si satisfacción.


-Es este libro un buen ajuste de cuentas con tu vida y los fans que siempre se han preguntado “¿quién cojones es Miguel Costas o qué pasó con Costas?”

En buena parte sí, porque cuando me fui de Siniestro Total se dijo que me iba porque me metía de todo y eso es mentira. Me la tragué porque no tenía más remedio. Desaparecí del mapa varios años por la falta de apoyo de alguna discográfica. He ido y venido y ahora he vuelto a tocar con gente. Lo bueno de este libro es que se ha promocionado solo, los medios me han llamado directamente interesándose por mí.

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