Fotografía de Carlos Furman
El próximo día 16 de octubre, dentro de la programación del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz (FIT) 2026, tendrá lugar la representación de Baco Polaco de Mauricio Kartun (Complejo Teatral San Martin), en el Gran Teatro Falla. La función es una coproducción de gira del Complejo Teatral de Buenos Aires, Teatros del Canal y FIT de Cádiz. Hablamos con su director Mauricio Kartun para conocer un poco más sobre Baco Polaco y su trayectoria profesional.
Baco Polaco es una pieza que reinterpreta Las bacantes de Eurípides, ambientada en un pueblo de Argentina durante la década de 1930. La historia se desarrolla en la llanura durante los carnavales, cuando aparece Reina Esther, una legendaria DJ que lleva su grupo excéntrico a todos lados y aviva la gran bacanal gaucha. ¿Qué pasará si la autoridad local se obsesiona con Esther? Puede que de la celebrar se pase a lo más trágico, como una gran tragedia griega.
¿Cómo nace tu pasión por el teatro y cuál es tu primer recuerdo a nivel profesional?
Espectador obligado desde pequeño. En la familia, el teatro era programa sagrado de los sábados, y siempre con el niño a cuestas. Teatro de revistas, si elegía mi padre, y comedias de artistas españoles si lo hacía mi madre, asturiana ella. Se recordaba siempre en mi casa de una vez que, lloriqueando yo en una platea, Narciso Ibáñez Menta, nada menos, paró la función, se acercó a proscenio y, mirándonos fijamente, lo dijo: “Si la criatura no se calla, yo no continúo”. Autor precoz; a mis cinco años ya había puesto un bocadillo en boca de una figura.
Civilización… ¿o barbarie? Tu primer trabajo, ¿cómo fue esa primera puesta en escena, y qué queda de esa obra en los trabajos actuales?
Una dramaturgia beligerante, de aquellas de los ´70. Teatro de choque en circuitos barriales. Y una puesta en la que yo mismo participaba como actor. Mi teatro cambió mucho desde entonces, pero sigo fiel a buena parte de aquellas ideas. Y a cierta pasión por contar desde lo despojado.
Las bacantes de Eurípides es el punto de partida para Baco Polaco; ¿cómo surge este proyecto?
Como muchos proyectos teatrales, en estado de euforia y de las ganas de generar algo con un grupo jodón. Terminaba la última temporada de mi obra La madonnita, y tomando vino en una cena con el elenco, nos jurábamos amor eterno. Me hablaron de una convocatoria para un festival de teatro griego que había por aquí y me comprometí a presentar un proyecto para seguir brindando juntos. Lo boceté con roles a la medida de cada uno de los intérpretes y hasta uno para el asistente. No lo eligieron, pero mi cabeza ya estaba intrusada y un tiempito después la obra tomó forma. Aquel grupo ya estaba disperso; fui estrenando otras cosas y postergué dos veces su estreno. Finalmente, cayó la ficha.

Fotografía de Carlos Furman
La obra se contempla desde lo clásico a lo más contemporáneo; ¿cómo es ese traslado de épocas, y qué similitudes en fondo hay entre ellas?
Licencias. El teatro es fenómeno extraordinario. Venimos haciéndolo tal cual hace dos siglos y medio. Lo que cambiamos en cada montaje son solo las convenciones, los tropos. Hace falta oficio, claro, pero nada más básico que dibujar en una hoja cinco puntos de inflexión de una vieja historia y completar sus elipsis con nuevos recorridos. El destino será el mismo y en la ruta reconoceremos paradas comunes. El paisaje, sin embargo, será otro. En relación a lo que une al clásico griego y a este, su pastiche: es el mito, esa forma rara de inteligencia humana para entendernos a través de relatos que parecen crecer en el tiempo.
Desde el mundo griego a los años 30 de la llanura argentina. ¿Por qué plasmarlo en esa época?
Debilidades de poeta: Mis obras suelen abusar del pasado. Mañas. A Yeites lo llamamos por acá. Jugar con un lenguaje anacrónico brinda gran libertad: no hace falta ninguna fidelidad porque nadie sabe a ciencia cierta cómo era el original. Y ya sin la obligación de lo cierto, entonces, se puede jugar tranquilo con lo creíble. Desplegar anacronismos, con todo el hermoso misterio que tienen. E inventar palabras incluso, que es algo que uso mucho en mis diálogos. Trabajar los textos por musicalidad. Nos suele pasar en giras que el público que no entiende algunos bocadillos cree que es por su condición de extranjeros. No sin un poco de bochorno solemos confesarles que, si es por entender, en nuestro país tampoco.
¿Se puede utilizar el humor hablando del mal, o se puede decir que se debe utilizar como un arma narrativa directamente?
El humor se puede usar para todo, y más aún: se debe. Es el gran sublimador. Me regocijo con el humor que no falta nunca en el drama shakesperiano, por ejemplo. Disfruto del que guiña Valle Inclán. Lo encuentro filtrado siempre en Chejov. Es un notable mecanismo creador. Y mellizo, en sus procedimientos, de la poesía. Encontrando el equilibrio entre los dos, caminando por esa cuerda floja, es donde encuentro mis mejores resultados siempre.
Si no he leído mal, esta obra es un trabajo de 20 años. ¿Qué ha sido lo más fácil y lo más complicado de llevarlo a escena?
Escrita hace veinte, sí, pero con muchos años de cajón luego. Esperaba su media naranja. Este equipo es lo mejor que podía pasarle. Conformado alrededor del objetivo de experimentar sobre su texto, arriesgando. Son intérpretes preciosos. Le pusieron el cuerpo a las dificultades y resolvieron con inteligencia y con audacia. Me tiene muy feliz este resultado actoral.
Muchos años en la profesión, ¿en qué estado de salud está el teatro actualmente?
Una salud de fierro. Cuanto más allá van las tecnologías, cuanto más fácil resulten los hologramas, los avatares y los argumentos por IA, mayor será siempre nuestro asombro por lo difícil. Nuestra sorpresa por lo que un cuerpo poético es capaz de crear solita su alma arriba de una tarima. Y más dispuestos estaremos a pagar por él. Los humanos somos devotos de lo difícil. Seguiremos yendo a un circo a asombrarnos por un cuerpo que vuela de un trapecio a otro. Y a un teatro a ver volteretas de almas conseguidas sin otro medio que el físico de sus intérpretes. En un contexto donde todo lo media lo digital, un prodigio analógico.


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Estaréis dentro del ciclo Canal Hispanidad, como estreno en España, con 9 funciones, un gran estreno, ¿qué significa para vosotros?
Un orgullo, aunque resulte un lugar común. Y un desafío, claro. Estuve ya en España en temporada con otros espectáculos y sé de lo exigente de su público. Nos redobla la responsabilidad.
Posteriormente, en el FIT de Cádiz, una ciudad donde el carnaval es toda una cultura, ¿la obra cobrará una mayor relevancia dado que uno de los protagonistas es la fiesta del carnaval? ¿Será una plaza más complicada de conquistar?
No lo había pensado. El carnaval es, además de todo, un extraordinario generador de metáforas. Tal vez todas estas sobre la justicia popular ejercida tras la máscara resuenen allá de otra manera. Ojalá.
Si nos tuvieras que mandar una invitación para que no pudiéramos faltar a una representación, ¿cuál sería?
¿Te perderías una orgía en la pampa?
¿Próximos proyectos?
Vengo lidiando con un texto nuevo, dos monólogos cruzados. Algo que nunca encaré. Me desvelo -literalmente- a veces buscando recursos para sostenerlos en escena. Me entusiasma y me preocupa. Entusiasmo y preocupación son la mejor combinación, me dice la experiencia. Le leí alguna vez a Heiner Müller algo así como que los directores solo hacemos cosas realmente interesantes cuando hacemos lo que no sabemos. Me lo pongo de pasacalle cada vez que encaro algo así de complicado.
¿Un sueño por cumplir?
El arte ha sido pródigo conmigo. Al teatro lo actué, lo escribí y lo dirigí. Tenía una deuda con la narrativa, que había sido pasión en mis comienzos y que tenía algo olvidada. En pandemia la retomé y mi novela Salo solo lleva ya diez ediciones. Y llevo además cuarenta años ininterrumpidos como maestro, que es una de las actividades que me hacen más feliz. Adonde voy, llevo mis clases sobre el oficio. Recibí para este viaje cuatro propuestas de cursos. Por lo tupido de nuestra agenda, tuve que declinar a la mayoría. Pero pude, por suerte, concertar uno de ellos, una clase magistral sobre los mecanismos de la imaginación que daré el lunes 5 de octubre en Madrid, en una librería hermosa, La Mistral, y que me tiene muy ilusionado.


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