Archivo Fotográfico de la Bienal de Flamenco © Laura León

Sevilla vuelve a llenarse de cultura por medio de la Bienal de Flamenco, que tendrá lugar del 9 de septiembre al 3 de octubre. El festival es un espacio abierto a la expresión artística del flamenco en toda su extensión, tanto en narrativa como en movimiento y sentimiento; así lo demuestra su programación, un abanico de posibilidades donde disfrutar y descubrir desde lo más arraigado y lo más contemporáneo del flamenco en este momento.

Luis Ybarra llega a su segunda edición como director, y nos habla de su labor y del festival para que podamos conocer desde dentro cómo es el certamen y hacia dónde quiere ir.

33 ediciones a las espaldas de la Bienal de Flamenco de Sevilla, ¿qué balance se hace de este recorrido?

El flamenco ha cambiado desde el año 80 en adelante. Entre otras cosas, ha vivido un importante desarrollo escénico en los teatros. La Bienal no ha sido testigo de ese cambio, sino motor, apostando por múltiples miradas hacia esta expresión artística, dando cabida también a generaciones que han hecho variar el rumbo. Los grandes nombres de la historia reciente del flamenco están ligados, en su mayoría, a la historia de este festival. Además, celebro que la Bienal nace en un erial de festivales flamencos en teatro que ya forma parte del pasado. Hoy, por suerte, existen multitud de citas alrededor del mundo que han ido generando incluso otros modelos. Aunque la Bienal haya sido la referencia, el circuito ha crecido de manera muy notable en los últimos 30 años, de lo que nos beneficiamos todos: artistas, instituciones, públicos… 

Pero, sobre todo, ¿qué balance hace Luis Ybarra de su primer año vencido, y lo que se presenta de este 2026 en su cargo?

Hemos tenido un gran impacto económico, con la mayor recaudación de la taquilla de la historia, que ya superó en su pasada edición el millón de euros, y un impacto mediático que tampoco tiene precedentes, con un valor de la Comunicación de más de 50 millones de euros. Esto es gracias a la implicación del ayuntamiento, de su equipo, de los artistas y el resto de instituciones que colaboran. El ambiente es muy bueno, la recepción de la programación también. Y lo que quizá quedaría pendiente es la valoración del impacto artístico. Es decir, qué habremos provocado dentro de cinco, diez, veinte, treinta años. Por qué artistas apostamos como nuevos valores, qué maestros recuperamos, qué hicimos y qué impacto artístico tuvo, quizá el más importante, el que es más a largo plazo.

Estar al frente de un festival que es el más grande dentro del flamenco debe imponer mucha responsabilidad a la par que orgullo, ¿qué significa para ti?

Es un honor y un orgullo. Una responsabilidad enorme, también. Antes que gestor, periodista cultural o director de la Bienal, soy aficionado. Entiendo la importancia que tiene el evento, a corto, medio y largo plazo, tanto en los artistas como en el público y el resto de citas flamencas. Yo, además, me he formado como espectador en la Bienal, así que estoy ligado a ella de manera profesional y personal.

La Bienal de Flamenco será un retroalimento; ella te da y tú das. ¿Qué te ha aportado el festival, de cara a un futuro, y qué ha aportado tu experiencia anterior al certamen?

Prefiero que de mi posible aportación hablen otros. Yo me he marcado diferentes objetivos. Hacer una Bienal que colme las muy diversas sensibilidades que conviven en el flamenco: vanguardia, tradición, lo gitano, lo no gitano, nuevos valores, maestros, cante, baile, guitarra, música instrumental, lo popular, lo culto, extranjeros, público local… De todo ello hay que hacer un mosaico. Además, tratar de generar un buen ambiente, ver teatros llenos, generar nuevos públicos, seguir consolidando a la Bienal como punto de referencia y a la ciudad como emporio artístico de creación y exposición del flamenco más notable posible. Intento ponerme en el rol de espectador y pienso qué me apetecería ver. Una Bienal con sus propios argumentos, diferentes a los de cualquier otra cita del mundo. Profundamente sevillana y universal.

Te declaras un gran aficionado al flamenco, ¿es algo imprescindible para estar en tu cargo?

Creo que sí. Lo más sencillo es programar lo que ya está en los circuitos. Creo que el aficionado que llevo dentro me hace buscar por los márgenes, en lo que no está. Dotar al festival de todo un contexto: este año, el centenario del apogeo de la Ópera Flamenca. Recuperar figuras prácticamente desaparecidas. Apostar por nuevos talentos…

¿Cómo nació tu pasión por el flamenco?

De una manera extraña, pues en mi familia no he tenido apasionados como yo. En casa se escuchaba mucha música, eso sí. Y a través de Kiko Veneno, Triana y otros grupos, se produjo mi primer acercamiento. Seguramente a través de Kiko Veneno descubro la figura de Camarón, que me obsesionó durante al menos un par de años. Y de Camarón me abrí hacia los artistas del siglo XIX y principios del XX, y también a los de hoy. Me abrí a la guitarra, al baile. Supe que no sabía nada y desde entonces mi curiosidad me mantiene erguido en la afición.

A la hora de llegar a tener un largo trayecto como La Bienal, ¿cuál es la parte más complicada para realizar el festival?

Seguramente lo que al gran público le llega es la programación en sí: si le gusta, si no le gusta, qué artistas traemos o qué artistas dejamos, la actividad paralela, sobre qué se asienta la programación… Por detrás, sin embargo, hay cientos de tareas administrativas, burocráticas, tareas que tienen que ver también con cumplir con presentar un festival en tiempo y forma, que seguramente es muy poco interesante para el gran público, y para el pequeño. 

¿Cómo ha sido el proceso de selección de todos los espectáculos?

Cada espacio está concebido como una Bienal en sí, con su inauguración, su clausura y su desarrollo. Son ciclos que terminan por componer todo el mosaico de la programación. En ese sentido, es la programación la que te pide un artista para inaugurar, otro para cerrar, otro día donde te está pidiendo algo de un corte más transgresor o tradicional, para compensar, otro día un nuevo valor, otro día un veterano, y así se van ocupando todos los días en todos los espacios. Motivando también a los artistas a crear, a juntarse con otros compañeros. Escuchando, comentando, estando atento.

Celebración del centenario del apogeo de la ‘Ópera Flamenca’ de los años 20. ¿Qué nos podemos esperar de este gran aniversario?

En la actividad paralela, muchísimo. Me gustaría destacar la exposición en torno a la Ópera Flamenca en la Fábrica de Artillería, donde daremos a conocer un fandango inédito de Manolo Caracol. Tenemos discografía de la época, cartelería, obras pictóricas, objetos personales de artistas. Material de mucha calidad que parte de la colección de Carlos Martín Ballester.

En la programación oficial, mucho también. Desde la gala en la plaza de toros, en la que revisitamos el repertorio de los años 20 con grandes figuras de hoy, un siglo después de que el flamenco empezara a desarrollarse como arte escénico ante el gran público de los cosos de entonces; “El mundo por montera”, que así se llama el espectáculo, reúne a José Mercé, José y Manuel de la Tomasa, Martirio, Arcángel, La Tremendita, Ángeles Toledano, El Perrete, el Ballet Flamenco de Andalucía con Patricia Guerrero… Además de este espectáculo, la Bienal está trufada de piezas que evocarán este centenario: el espectáculo Por Vallejo, la obra de Estévez y Paños en torno a la guitarra de Ramón Montoya, Rancapino Chico repasando discografías de pizarra, Andrés Marín con su “Desierto” en torno a la Alameda de Hércules, etc.

Después de ver el cartel, que se podrá disfrutar casi durante un mes, se puede observar que el pasado, presente y futuro están latentes, por las influencias, referencias, los propios artistas y la apuesta por los más nuevos en el sector, ¿Qué nos podrías contar de lo que se podrá disfrutar en esta edición?

Además de lo ya comentado, disfrutaremos de 72 funciones, de ellas más de 50 nuevas producciones, con todo lo que eso significa.

Más de 20 estrenos absolutos, entiendo que es un gran aliciente para el festival, al mismo tiempo que una responsabilidad para ambas partes que sea el primer escenario donde se pueda disfrutar, ¿cómo es el planteamiento a la hora de esa selección?

Más de 20 estrenos absolutos, a los que se suman las noches únicas: espectáculos que no nacen con la vocación de girar, sino de ocurrir, que serán en la Bienal, pero que, por el espacio en el que se dan, el repertorio que se interpreta y los artistas que reúnen, no volverán a verse del mismo modo. El ejemplo más claro es la plaza de toros, pero la programación está trufada: la clausura con Carmen Linares junto a María Terremoto, Marina Heredia, Rocío Luna y Rafaela Carrasco. Veremos más veces su recuperación de la Antologia de la Mujer en el Cante 30 años después, pero no con ese plantel.

Si nos tuvieras que lanzar una invitación para esta edición, ¿cuál sería?

La Bienal ofrece una experiencia genuina con la actualidad del flamenco, más allá de los tópicos e incluso de las tendencias que dicta el mercado. Es el flamenco abierto en canales según Sevilla. Para disfrutarlo, o para descubrirlo, es una gran opción.

Cante, baile, danza, música, todo tiene cabida, y el flamenco cada vez vive un mundo de revolución y de fusión escénica. ¿En qué momento de salud cultural crees que está?

El flamenco es, desde sus inicios, una expresión artística genuinamente de vanguardia. Hay una profunda raíz en artistas como Andrés Marín, Israel Galván, Olga Pericet, Sara Jiménez o La Tremendita del mismo modo que hay una contemporaneidad que no tiene tiempo en Aurora Vargas, José de la Tomasa o José Valencia. De manera natural, ambos mundos conviven, se tocan, se necesitan. Los que hoy consideramos clásicos, desde Chacón a La Niña de los Peines, Pepe Marchena, La Argentinita o La Cuenca, fueron verdaderos renovadores, como más tarde lo fueron Paco de Lucía, Camarón, Lebrijano o Morente, y como lo son algunos artistas de hoy. La salud del flamenco, por otro lado, es muy buena, tanto por los artistas como por la cantidad de público que los siguen, que está llenando los teatros, por ejemplo, de la próxima edición de la Bienal. Hay en el flamenco, sin embargo, una especie de catastrofismo endémico, y cada generación se cree que es la última, hasta que vuelven a salir otras figuras. Ya en 1922 se organizó el Concurso de Cante Jondo de Granada para recuperar esencias perdidas, pero sobrevivimos, más de un siglo después.

¿Un sueño por cumplir?

Que el sevillano sienta la Bienal como siente la Semana Santa o la Feria. Tenemos un público variado. Aproximadamente el 50% es de la ciudad y la otra mitad de fuera: tanto de otras provincias de Andalucía y España como de Francia, Italia, Alemania, China, Japón, Estados Unidos y más de una veintena de países. Pero nunca funcionó en Sevilla nada que se hiciera de espaldas a la ciudad, por eso la Bienal la mira de frente.

Archivo Fotográfico de la Bienal de Flamenco © Laura León

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