A veces sorprende cómo alguien puede transitar musicalmente por estilos tan dispares y que nada descoloque estilísticamente hablando. Es el caso de Máximo, compositor y pianista portugués, que con su música nos lleva desde el jazz a la música clásica, la electrónica y la experimentación -casi música ambient-, sin que pensemos casi que hemos cambiado de estilo. Hay una naturaleza musical viva en sus creaciones y llena de emociones. Todo fluye y se mueve con una franqueza sonora que atrapa.

Máximo lleva desde muy, muy joven al piano, creando y publicando, trabajando para cine y teatro, algo que se nota en el lenguaje musical que utiliza. Un talento a seguir y descubrir, y que nos habla de su música y su trayectoria, que podíamos pensar que corta, pero que ya tiene su recorrido.

¿Cómo nace tu pasión por la música y cómo recuerdas el primer salto al comenzar tu carrera?

No recuerdo el momento en que comenzó mi pasión por la música; siempre estuvo presente. Recuerdo que mi primer grupo favorito fue Depeche Mode, hasta los ocho años. Después, empecé a escuchar de todo: música clásica, jazz, funk, MPB, hip-hop, etc. El inicio oficial de mi carrera surgió con la idea de mostrar al mundo mis composiciones originales, creadas entre los nueve y los 19 años. De ahí nació «Greatest Hits», mi primer álbum.

Comienzas desde muy joven a sacar discos, ¿qué pros y qué contras crees que tiene esto?

A mi modo de ver, solo tiene ventajas, ya que nunca tuve ninguna presión para grabar y lanzar discos. Tengo mucha suerte de poder dedicarme a lo que me gusta y vivir de ello desde tan joven.

Tu primer disco, Máximo – Greatest Hits, muestra una faceta más clásica de lo que más adelante hemos podido escuchar, y que son canciones que fueron compuestas mucho antes. ¿Cómo recuerdas esa creación?

Mis canciones más antiguas siempre surgieron como un reflejo de experiencias personales. El piano y la composición siempre funcionaron como un diario; no escrito, sino un diario sonoro.

Ya en Residencîa aparece la electrónica entre otros sonidos; ¿qué te lleva a insertar pequeños cambios en tu musicalidad?

«Residência» es un álbum creado junto a un amigo y artista de larga trayectoria (Plástico), que trabaja con elementos electrónicos. Al tratarse de una colaboración, era fundamental que combináramos nuestras influencias musicales y nuestros flujos de trabajo. Yo también produzco música digitalmente desde los 14 años, así que no es un terreno desconocido para mí.

Pangea plasma tu evolución, con ritmos más de jazz fusionados con el clásico, y con ritmos muchos más abiertos, entre lo latino, el jazz, el rap incluso, una gran evolución. ¿El haber girado fuera de tu país ha influido en cada composición?

Es imposible saberlo con certeza, pero sospecho que sí. Ir a un nuevo país y salir de mi hábitat natural obviamente influirá en mi forma de pensar y de actuar. Estudié en Róterdam, en una universidad que me daba mucha libertad para pensar y crear. Mis profesores siempre me animaron a ver la música como una historia que se cuenta a través del tiempo; es decir, a valorar el poder de la narrativa en la música. También tuve la suerte de conocer a músicos increíbles que me ayudaron a elevar mi música y que grabaron «Pangea» conmigo.

Tu último trabajo es Lago de los cisnes; por momentos nos haces viajes por la música ambient, combinada con todo lo que ya has plasmado en tus anteriores discos. ¿Cómo es el planteamiento de este disco?

*El lago de los cisnes* es la banda sonora de una obra de teatro para la que fui invitado a componer música original. Fue un trabajo exigente, pero gratificante. Me encantó componer música que no fuera la protagonista de la historia; esto me llevó a componer de una manera más espaciada y prestando mayor atención a la narrativa a lo largo de toda la obra.

Siempre hay trabas en el camino para lanzar un disco, ¿qué ha sido lo más complicado?

Para mí, lo más complicado es lograr la aprobación de mi propio espíritu crítico. Requiere mucha reflexión, mucho tiempo, trabajo y concentración alcanzar un equilibrio entre plenitud, satisfacción, confianza y el deseo de compartir mi trabajo; ese momento en el que me digo: «Ya está, esto es lo mejor que puedo hacer ahora», «No quiero cambiar nada más» o «Me muero de ganas por compartir esto».

¿Qué te inspira a la hora de componer?

Los episodios de la vida y la música de otros artistas son lo que más me mueve.

¿Desde qué emoción crees que se transmite mejor, desde la alegría o la tristeza?

Ambas logran transmitirse bastante bien, pero creo que a un artista le resulta más fácil crear algo que contenga tristeza. La tristeza es un sentimiento que tiene una mayor urgencia de ser externalizado. Cuanto más rápido lo compartimos, más rápido sale de nosotros.

¿Qué quiere contar Máximo con su música?

Solo quiero compartir emociones.

¿Cómo es tu forma de componer, y supongo que habrá cambiado con el tiempo?

Siempre he tenido muchas ideas mientras aprendía piezas al piano. Fue así desde el principio y lo sigue siendo. Cuando tienes una idea en la cabeza, es necesario tener la curiosidad de intentar recrearla en el piano o en otro instrumento. Esa voluntad, el compromiso y la persistencia son fundamentales para que las ideas no se desvanezcan. Suelo componer al piano y con Ableton Live.

¿Influencias?

Bill Evans, Robert Glasper, Herbie Hancock, Miles Davis, Tom Jobim, João Gilberto, Jorge Ben Jor, Chico Buarque, Erik Satie, Chilly Gonzalez, Wim Mertens, Debussy, Ravel, Gil Scott-Heron, Kamasi Washington, Pharoah Sanders, Alice Coltrane, Mário Laginha, Bernardo Sassetti, Carlos Paredes, Jacob Collier, Nala Sinephro, Nubya Garcia, Bremer/McCoy, Ahmad Jamal, Roy Ayers, Tyler the Creator, etc.

¿Un sueño por cumplir?

En el ámbito profesional, quiero seguir creciendo como artista y continuar «difundiendo» mi música por el mundo. Por otro lado, la situación actual del mundo y la crisis climática hacen que relativice los objetivos personales y profesionales. Mi sueño es que la sociedad y el pueblo realmente se unan.

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