Los días 18 de octubre y 19 de octubre la Compañía Criolla de Argentina, estará presente en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz (FIT) 2026 con La Diabla (o cómo destruir el mundo) dirigida y escrita por Emiliano Dionisi. La compañía Criolla comenzó 2009 en la ciudad de Buenos Aires, y tiene en su haber obras como El Brote, Huesito Caracú, Recuerdos a la hora de la siesta, El puente Azul, El apego, Los monstruos, Ojos que no ven, Perderte otra vez, y al festival viene también con Sueño, una obra dedicada al público infantil.

«Hay personas que nacen con una sensibilidad
inusual, una tan potente que son capaces de
percibir lo que los demás no, como melodías de
otros tiempos que están siempre ahí, esperando
para ser oídas. Para algunos es un regalo, para otros
una maldición, para La Diabla, la oportunidad de
hacer contacto. Solo hay que tener cuidado con qué
llamadas atender, no sea cosa que la misión sea
destruir todo lo conocido»

Emiliano Dionisi nos ha respondido a unas preguntas para conocer mejor la compañía, su teatro, y La Diabla (o cómo destruir el mundo):

Dramaturgo, director, guionista, actor, docente y gestor, ¿cómo se combina todo y se retroalimentan cada faceta artística?

Bueno, en esto de las distintas facetas, dramaturgo, director, guionista, actor, docente, gestor, parece un montón. Yo lo siento como una misma cosa. Si vos me preguntás a qué me dedico, yo, a ver, no lo puedo decir en cuanto tengo que pasar en un país con el pasaporte que te preguntan profesión porque medio que no existe, pero tiene que ver con narrar historias. Me interesa sobre todo el hecho artístico, que es un hecho comunicacional, que es mi forma de comunicarme con los demás a través de generar emociones.

Para eso aprendí un montón de ramas del teatro. Yo empecé como actor y rápidamente me interesó la dirección. Cuando entré en las primeras compañías entendí que hay una producción detrás que lo hace posible y entendí que mientras más conocía sobre cómo se hace el teatro, más posibilidades tenía. lo último que pensé que iba a hacer era escribir.

Yo jamás me consideré una persona de las letras y, cuando quise dirigir mi primera obra, empecé a adaptar un Molière como para que me quedara más cómodo y yo siempre digo que fue una trampa y que adaptar fue mi primer maestro de escritura. Adaptar quiere decir volver a contar, volver a escribir. Y hoy en día es lo que más hago. Bueno, después hice la diplomatura en dramaturgia, digo, me convertí en un dramaturgo, pero incluso me sorprendió y creo que son todas parte de las mismas cosas, de hacer posible un camino narrativo.

Entiendo que mientras más conozco de gestión, mejor puedo dirigir; mientras más actúo, mejor puedo escribir; mientras más escribo, mejor puedo imaginar las puestas en escena. El teatro es sin duda el espacio donde me siento pleno, sin duda.

Desde 2009, La compañía Criolla, ¿cuál fue el origen de su creación?

Con respecto a La Compañía Criolla, hay mucha tradición de compañías teatrales en Argentina. Yo tengo el recuerdo de ir a ver muchas de niños, de seguir a distintas compañías desde muy chico, como Los Macocos, como la Banda de la Risa, como Las Gambas al Ajillo, como El Desjuebe, el grupo Crap. Entonces, bueno, siempre me gustó estar como al tanto de las nuevas creaciones de un mismo grupo de gente, porque entendía que ese lenguaje iba creciendo, iba cambiando y se iba nutriendo. Me gustaba ver las búsquedas.

Entonces, bueno, eso lo tenía muy incorporado a la existencia de. Después, en el 2008, me acuerdo patente, fui a ver por primera vez a la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España, que vinieron a la Argentina con una gira haciendo un Don Gil de las Calzas Verdes. A mí el teatro clásico me encanta, era la primera vez que veía a la compañía y salí flotando, flotándome. Me dije, esto es espectacular.

Y la palabra compañía arriba del título me resonó de cierta manera y entendí que yo ya venía trabajando con un grupo de gente con la que se con la que repetía. Nosotros en Argentina también tenemos mucho esto de elenco concertado,¿no? Un elenco por obra y que lo vas cambiando, pero vas repitiendo alguna gente, pero bueno, en algunos proyectos éramos los mismos. Y entendiendo que la gestión era parte fundamental de la producción, dijimos: «Vamos, oficialicémonos, pongámonos un nombre, organicémonos», y ahí, al otro año, 2009, nació la Compañía Criolla.

Y ahí nos dimos cuenta de la importancia de la organización, de la gestión, las dificultades, ¿no? De eso, de mantenerlo en el tiempo. Es como un matrimonio que dura muchos años; todo el tiempo estamos repensándonos. Pero tener una compañía, a mí lo que me, lo que me fascina es que te da muchas posibilidades de conocer tus puntos fuertes, de cada uno de nosotros, conocer tus puntos más débiles y sobre todo poder ofrecernos desafíos. Como nos conocemos, nos ofrecemos desafíos y nos cumplimos deseos que tenemos, que tenemos ganas de hacer ahora.

Y un trabajo en el que se te puedan cumplir los deseos y se te propongan desafíos es soñado. Así que estoy muy agradecido.

Muchas obras en estos años, pero ¿qué quiere contar Emiliano Dionisi, y qué puntos en común tienen cada trabajo?

Hay momentos, y creo que les pasa a todos los creadores, donde sentís que estás vacío, que no te sale nada, que no sabés qué contar, y después te rodea el mundo y hay cosas que te preocupan, y hay cosas que te fascinan, y hay cosas que te parecen hermosas, y hay cosas que te parecen horrendas y todo eso se convierte en lenguaje. Yo puedo ver después de bastante producción distintas líneas en mi trabajo.

Algunas tienen que ver con las adaptaciones del teatro clásico, otras tienen que ver con el teatro musical, otras tienen que ver con un teatro puramente de texto, algunas experiencias, este, más performáticas. Intento seguir un poco mi deseo y ser un poco fiel a lo que me está pasando en el momento, no solo en el contenido de la narración, sino en la forma. Hay algo que tiene el teatro, que el teatro no es solo el contenido, no es solo la historia, es el cómo, es el lenguaje que creamos para contar.

Así que, así como hay días que siento que no… que no sé para dónde salir disparado y qué, y qué tengo que hacer, hay momentos donde siento que no me va a dar la vida para contar la cantidad de historias que, que me gustaría. Tengo un pizarrón lleno ahí de títulos y de cositas y de nombres. No sé qué quiero contar. Sé que, que quiero estar cerca de la gente.

Siento que el quie- sé que el teatro es mi forma de estar cerca de la gente, de manera emocional y que me conecta directamente con los demás. Es mi mejor forma de comunicarme. El resto es generar emociones y conectarlos y conectarnos desde lo emotivo. Hay una frase que siempre digo, que para mí la revolución no va a ser ideológica, va a ser emocional. Tenemos que encontrar más puntos emocionales, más puntos donde, donde sintamos que nos pasan las mismas cosas. Bueno, ahí está mi búsqueda con el teatro.

Dos obras en el FIT de Cádiz, Sueño y La Diabla, ¿qué significa para ti?

Es la primera vez que voy a Cádiz, estoy muy contento, fuimos, o sea, hicimos muchísimas giras en España, cosa que me encanta y disfruto mucho, así que es un honor estar en un festival nuevo y bueno, ir con dos obras es bárbaro. Son dos obras que tienen puntos en comunes y después son muy distintas.

Puntos en común porque son monólogos, solo que uno está acompañado por una pianista y otro está solo y su alma. El brote es una carta de amor al teatro y a los lugares más luminosos y más oscuros de la sensibilidad teatral, que creo que termina empapando igual a cualquier espectador, sea cual sea su profesión.

Y La Diabla es un juego que me divierte muchísimo, que tiene que ver con historias de fantasmas, y lejos de ser aterradora, por lo sobrenatural, creo que, creo que lo que más asusta de La Diabla es que refleja el mundo tal cual es. Así que, nada, muy contento y con el desafío de los montajes, de las giras y todo lo que eso significa.

¿De dónde surge cada una de las obras?

Del deseo, del deseo, y de una palabra que me encanta, que es el entusiasmo. A veces me siento a escribir una obra y la tengo que empujar, y cuando siento que tengo que empujar demasiado, es algo ahí que probablemente nunca llegue a buen puerto. Tengo un montón de obras empezadas y no terminadas, que no me parece un trabajo desperdiciado, siempre es un buen ejercicio.

Pero, cuando una historia me entusiasma, quiere decir que estoy esperando levantarme para tener ese ratito a la mañana, hacerme un mate y poder escribir. Cuando tengo que salir a hacer algo, tengo ganas de volver para poder escribir, o me siento a hacerlo en una sala de espera, o cualquier cosa que miro, que leo, que escucho, me hace acordar esa obra. Cuando la obra te toma por completo, cuando la historia te fascina, te toma por completo, ahí es cuando decís: Acá hay algo que tengo ganas de contar.

Si nos tuvieras que definir en una frase, como continuarías. La Diabla (o cómo destruir el mundo) es

Diabla es, en pocas palabras, el lugar donde me permití jugar mucho con la narración.

Siempre me gustaron las historias de fantasmas y dije, voy a hacer una de fantasmas, y la obra pidió hablar de algo mucho más tangible que tiene que ver con los horrores de la vida. En términos de humor, en términos de acidez, en términos de locura y de juego, pero La Diabla es una invitación a una narración juguetona y sorprendente.

Teatro, música, humor y reflexión en La Diabla, ¿crees en la importancia de poner en bandeja diferentes capas artísticas al espectador como unión para pensar?

Lo de las distintas capas en dentro de una obra teatral, bueno, es, me parece indivisible de la experiencia teatral. yo comparo mucho el teatro con la, con lo culinario. me gusta mucho cocinar, me gusta mucho comer y comer cosas ricas.

Y cuando uno prepara una comida, la prepara como una obra de teatro. uno piensa en su comensal, piensa en qué sabores quiere que le gusten, piensa que cuál es la entrada, cuál es el plato principal, qué viene de postre, con qué marida mejor, la luz, la mesa, si está cerca de una ventana o si está en un lugar más acogedor o más, este, resguardado o más ruidoso. Uno prepara el entorno para su comensal.

Bueno, nuestro comensal es nuestro espectador. entonces, todo lo que vos mencionás, que tiene que ver con la música, con la danza, con lo expresivo, con lo bueno, es, son los ingredientes de un plato que tiene que ser muy sabroso, y para que sea muy sabroso, tenemos muchas cosas, en nuestra alacena, guardadas para ser expresivas y que la gente se dé un festín en el teatro, para abordar todas, todos los sentidos posibles de la gente.

¿Cómo ha sido ese trabajo musical para incluirlo en La Diabla como un protagonista más, y utilizarlo como narrativa al mismo tiempo que el propio texto?

Lo musical en La Diabla es indivisible del relato. A mí me gusta mucho el teatro musical en todas sus facetas. No es lo que más hago, pero cuando lo hago, lo hago con muchísimo disfrute porque me encanta, porque me gusta el teatro musical, porque me gusta la ópera, porque me gusta cuando… porque creo que el teatro siempre es musical. Voy a ser este más contundente. Aunque no tenga canciones, aunque no sea un musical formalmente hablando, el teatro tiene ritmo, tiene musicalidad, tiene cuerpos en movimiento.

Entonces, para mí el teatro siempre tiene una música interna. Para que un musical funcione y no sea simplemente un, este, un show, un entretenimiento, que no tiene nada de malo, también lo disfruto y me gusta mucho; no es lo que hago, pero lo disfruto muchísimo. Lo musical tiene que estar indivisible de lo narrativo. Lo musical entra para narrar y, cuando termina una canción, la historia avanzó emocionalmente en algún aspecto; no nos dejó en el mismo lugar.

En este caso, la Diabla, que es una médium, que se conecta con espíritus del más allá que están rondando entre un plano y el otro. ella utiliza distintas técnicas

Para conectarse con eso, tuve que investigar un poco; no sé si vale aclarar o no, yo… me encantan los fantasmas, pero no creo en ellos. Entonces me gustó mucho meterme en un tema fantástico, sin estar atado a una creencia específica, y hay distintas formas de conectarse que tienen que ver con la quiromancia, con la oniromancia; hay muchas formas de conectarse, y a mí se me ocurrió que, al querer hacer un musical, esta medio muy particular, que parece un poco una vendedora de productos cosméticos y una coach religiosa, tiene un método muy particular que se llama musicomancia. Ella tiene una pianista que, al tocar las notas, puede traer las voces que escucha de manera cantada. Entonces los espíritus aparecen cantando y así convertí una sesión espiritista en una especie de musical del más allá.

En cierta forma la línea entre el bien y el mal es algo muy innato en los clásicos, ¿cuáles son tus influencias a la hora de crear?

La lucha del bien y el mal es la historia de la vida. Desde que tenemos nuestras primeras experiencias narrativas de niños que nos cuentan el que se portó bien, el que se portó mal, las consecuencias que tiene. Seguimos viendo consecuencias en el teatro clásico de los errores.

Y creo que es algo que con muchísimo más grises y muchísimo más matices nos replanteamos toda la vida como seres humanos. Es algo innato en nosotros. Tomamos buenas decisiones.

Sentimos correctamente, con muchas comillas, correctamente, pero sentimos lo que debiéramos sentir. Nos ponemos en el lugar del otro. Estamos en el lugar en el que queremos estar.

Son todas preguntas que nos hacen tomar decisiones todo el tiempo. Entonces el bien y el mal, sin ponerle juicio de valor ni a uno ni a otro, está pegado de manera inherente al teatro y a las narraciones. Yo creo que eso lo marca por siempre.

Pero que el teatro, al fin y al cabo, no debería querer ofrecer respuestas sobre esos caminos. Porque los que hacemos teatro no las tenemos. Pero sí iluminar algunos lugares para hacer las preguntas correctas.

Si la gente se va preguntando qué es lo que siento con respecto a esto, en qué lugar parado estoy con respecto a esto que me removió emocionalmente, bueno, ahí le pegamos a la pregunta correcta. El teatro hace preguntas, no ofrece respuestas. Y en esas preguntas el bien y el mal seguramente van a aparecer siempre.

¿Cómo está siendo su acogida?

La Diabla va a cumplir cien en cualquier momento. Sueño casi trescientas. Visitamos muchos países.

Somos unos privilegiados por poder vivir de nuestro oficio. Eso ya en este mundo contemporáneo es un regalo. Poder hacerlo desde nuestra base en Latinoamérica, que tiene sus complejidades económicas y sociales tan fuertes, pero al mismo tiempo un brebaje cultural indeleble y fantástico. Estoy muy agradecido.

Si nos tuvieras que mandar una invitación para no perdernos esta obra, ¿cual sería?

Mi invitación a la gente es que hacemos un teatro que está absolutamente dedicado a nuestros espectadores. Así que yo los invito a un festín, a un festín teatral, a un festín de la imaginación, de la narración, y sobre todo con actores sorprendentes. Así que creo que mostramos mucho quiénes somos, que no especulamos dónde nos presentamos, sino que somos ridículamente honestos en nuestra identidad y que a partir de ahí podemos encontrar unos puntos en contacto fantásticos, fantásticos.

Después de tu bagaje profesional, en todos los ámbitos teatrales, ¿en qué estado de salud está el teatro actualmente?

Es una pregunta muy interesante, que la pienso mucho, en qué estado de salud, me encanta la palabra salud, además porque eso quiere decir que el teatro todavía está vivo, está el teatro actualmente, eso difiere mucho de qué teatro, en qué país, en qué región, en qué continente, en qué circuito, nosotros por lo menos en Argentina tenemos tres circuitos muy distintos, que es el Teatro Independiente, el Teatro de Compañías, el Teatro Oficial, que es el teatro subvencionado por el Estado y el Teatro Comercial, que es el Teatro de los Grandes Empresarios, y después bueno, viajamos mucho y tenemos suerte de ver nuestras similitudes y diferencias de cómo se produce el teatro en distintos lugares. Para hacer un panorama general, al teatro siempre se le declara la muerte inminente, pero es una cosa que sucede todo el tiempo, cuando salió el cine era la muerte del teatro, cuando salió la tele era la muerte del teatro, cuando salieron las redes sociales y los celulares era la muerte del teatro y ahora sale la inteligencia artificial y es la muerte del teatro, y yo cito mucho Mauricio Cartún, que es uno de nuestros dramaturgos y maestros más importantes de la Argentina, es un tipo fantástico, es un sabio que habla con una simplicidad pasmosa, yo lo admiro y lo quiero mucho, que dice que todas esas cosas, al contrario de matar al teatro, lo liberan, lo liberan de una función utilitaria, el teatro no debiera tener una utilidad práctica en un mundo donde si algo no es práctico, si algo no tiene una finalidad práctica, pareciera que es desperdicio, en esta época de hiper productividad, todo el tiempo tenemos que estar produciendo para generar un objetivo claro y ganancial, el teatro es puro regocijo, el teatro es puro pensamiento, el teatro es una pérdida de tiempo valiosísimo, no que el tiempo que perdemos es valioso, es que es valiosa la experiencia de perder el tiempo, eso quise decir, me parece que en un mundo donde todo el tiempo se nos incita a producir y a generar plusvalía y ganancia y resultados, el teatro hace todo lo contrario, el teatro es una detención, el teatro es una pausa, el teatro es una respiración profunda, así que yo creo que cuanto más desesperantes los tiempos y cuanto más convulsos los tiempos, más importante y más acogedor y más cálido es el teatro en toda su forma.

¿Próximos proyectos?

Próximos proyectos. Me prometí tener un año próximo más tranquilo y no lo estoy cumpliendo. Se me juntaron un par de proyectos.

A veces uno puede manejar las agendas, pero otras no. En principio, se reestrena Astor, que es un espectáculo que estrené el año pasado sobre la vida de Astor Piazzolla. Es un músico fantástico.

Quien no lo conozca, recomiendo verlo. Es el que reinventó el tango no solo en la Argentina, sino para el mundo. Lo pude hacer en el Teatro Colón el año pasado y se arrastró en este año, en el verano.

Fue un suceso que nos sorprendió a todos. Le teníamos mucha fe, pero fue un suceso tremendo. Y planeé una gira internacional con un orquesta en vivo, con unos cantantes fantásticos.

Es un espectáculo que al principio me dio mucho resquemor hacer, por la importancia que tenía el personaje. Y me trajo puras satisfacciones, puras satisfacciones. Voy a estrenar una obra en el Teatro Nacional Cervantes, que es el único teatro nacional que tenemos.

Tiene una historia fantástica, tiene más de 100 años. Y estoy muy orgulloso de que me convoquen una vez más para producir en su sala principal, que se llama María Guerrero. Porque es un teatro que construyó la mismísima María Guerrero en la ciudad de Buenos Aires y que finalmente se la donó al gobierno argentino.

Así que tenemos ahí un corazón español que es nuestro teatro nacional. Imagínate si hay cosas que no se unen teatralmente. Es una obra de los años 40, que se llama Si Eva se hubiese vestido, que se hizo en el año 42.

Fue un exitazo y no se volvió a hacer. El teatro me convocó para volver a hacerla y me da muchísimo orgullo y muchísimo placer. Tenemos giras programadas; la compañía de crios ya tiene un año de giras programadas, por suerte.

En algunas tengo que estar, en otras no. Lamentablemente, no puedo estar, pero el equipo va. Así que seguir proyectando.

Y si todo sale bien, se reestrenaría Recuerdos a la hora de la siesta, que es un espectáculo que escribí en el año 2019 sobre el universo poético de María Elena Welch, que es una de nuestras poetisas más importantes, más influyentes. Fue un espectáculo hermoso y pensé que no se iba a volver a hacer por su tamaño. Es un espectáculo de formato inmenso y parece que se está dando todo para hacerlo.

Así que crucemos los dedos para que se vuelva a hacer porque me daría mucha satisfacción.

¿Un sueño por cumplir?

Es difícil contestar esto porque, una vez más, yo soy una afortunado, yo siento que estoy viviendo mi sueño. Yo de chico soñaba con vivir del teatro. ¿Qué es lo que hago? ¿Qué sueño? Poder hacer que la gente viva las historias con la misma intensidad con la que las vivo yo.

FICHA TÉCNICA

Dramaturgia y dirección: Emiliano Dionisi
Intérprete: Monina Bonelli
Pianista: Gretel Cortés
Música Original: Martin Rodríguez
Letras de canciones: Emiliano Dionisi y Martin Rodríguez
Diseño de vestuario: Marisol Castañeda. 
Peluca y Peinados: Alejandro Granados. 
Diseño de escenografía: Giuliano Benedetti. 
Diseño de iluminación: Matías Sendón. 
Producción original: Teatro Nacional Cervantes. 
Productor asociado: Santiago Algán. 
Distribución: Compañía Criolla y Emilia Yagüe Producciones S.L.U.

Recibe nuestra Bienvenida a La Estrategia Del Caracol. Puedes dejarnos un comentario si quieres.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.