A veces los cambios de tuerca y giros total en una segunda parte son el aliciente para que el espectador no decaiga y tome rinde suelta a otra imaginación diferente a lo que ya tuvo, pero algo muy distintos es encontrarse con una cinta que por momentos no tiene nada que ver e incluso ridiculiza casi a la primera parte.

Folie à deux tiene dos traducciones desde el francés: locura compartida o locura de dos. Y ya desde lo que clínicamente significa, nos enfrentamos a un trastorno mental caracterizado por el desarrollo de síntomas psiquiátricos (síntomas psicóticos) en un individuo que tiene una relación interpersonal cercana con otro individuo que tiene una enfermedad mental establecida.

«Joker: Folie à Deux» de Todd Phillips efectivamente nos enfrenta a dos mentes atormentadas y con unas patologías y parece que desde el amor ambos se conectan. Pero como todo en la vida no es oro lo que reluce, y el transcurrir de los minutos del metraje, nada liviano, unos 138 minutos, hace ver que ese amor solo aflora por uno de ellos. Aunque a priori podamos pensar que lo vemos al final, el guion va dejando tintes de ese, no es lo que estoy sintiendo, y aflorando pistas donde la manipulación hace su aparición. De esta forma, el director manipula al espectador cuando realmente es uno de los protagonistas quien está ejerciendo su poder sobre el resto.

Después del desorden que Arthur Fleck creó a su alrededor y en su propio interior, es internado en Arkham esperando poder tener una valoración y poder ser llevado a juicio por los crímenes cometidos bajo su segunda personalidad, Joker. Ahí, siendo el juguete, en parte roto por él mismo y la sociedad, se cruza con lo que será su amor y descubrirá toda la música que lleva dentro de él, con Lee Quinzel.

Tiene un buen arranque y, hasta que los personajes principales son presentados, la cinta no evoluciona del todo mal, muestran a un Fleck con sus dobles caras pero sin llegar a extremos, sus debilidades e incluso alguna inquietud. Incluso cuando aparece el personaje de Lee Quinzel y parece haber un paralelismo entre ellos, los matices son hasta sensatos, pero todo se descabala cuando de un thriller pasamos a un musical en toda regla.

Si la película se hubiera quedado en dos números musicales, hubieran hasta encajado bien, pero cuando a cada situación de los dos protagonistas principales cae otra canción, otro baile, la base de Joker se desmorona. ¿Qué, estando Lady Gaga había que explotar esa vía? Puede que sí o que no, pero nunca a extremos de sacarnos de una historia de tormento psicológico y llevarnos a flotar por la música y los escenarios.

Y no, no soy yo de devaluar a los musicales, todo lo contrario, es un género que me gusta, pero no siempre empastan con las temáticas, y aquí me chirría, y en demasía. Abusa de ello de una manera innecesaria ante una historia y personajes que podrían haber dado mucho más de sí, con diálogos mucho más intensos, porque hay que recalcar que el guion pincha en eso. Al mostrarlo en esa forma, en el fondo baja el filón de las expectativas también, pero no es el todo. De hecho, los bailes en los que ellos no están caracterizados de Joker encajan en la cinta, pero más adelante todo pierde sentido, y la película baja el volumen del thriller a ser una caricatura. Una lástima porque esos comienzos tenían mucha de lectura poética y analizaba bien a los personajes y lo sucedido anteriormente. Y no digamos ya del desparrame del juicio, ahí ya va todo sin retorno.

Esto no quita que haya que destacar ambas interpretaciones, la de Phoenix y Gaga, aunque la de él es muchísimo más completa en todo momento. Vuelve a llevarnos a su terreno más visceral a la par que humano, porque aquí hay una escena donde no solo ríe sin parar en ese mismo tramo su yo se funde en un llanto que parece casi el de un niño, es tan sutil que parece que está llorando bajo la lluvia, pero no su rictus es totalmente contrario a lo que padece, reírse sin contención.

«Joker: Folie à Deux» parece estar dividida en capítulos, como si fueran piezas que van hilando una historia; entre cada una hay un fundido a negro para presentar la siguiente. Esa parte hace que el espectador tome un respiro y pueda, entre comillas, digerir lo visto, porque además otra de las características de aquí es que por momentos Joker II me resultó más violenta, más agresiva, o puede que pasados cinco años la cosa se desvirtúe.

Si la primera parte nos enfrentaba a una crítica a la sociedad y al desamparo psicológico y psiquiátrico de la población, aquí eso parece que ya no importa que es mejor marcar la manipulación de las personas, desde el personaje de Lee, y seguir culpabilizando a los estigmatizados. Y si nos quieren mostrar una historia de amor entre dos mentes distorsionadas, no lo hacen desde el mismo plano, y es complicado de discernir si nos han dejado claro desde qué ángulo juega uno u otro.

Y al final, no veo locura compartida, si de dos, pero por separado. Hay locura de amor y locura manipuladora, y puede que aquí el director vuelva a querer dividir a la sociedad y etiquetar las diferencias.

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