Qué grato es toparse con un trabajo realizado desde el mimo y el cuidado exhaustivo, Arantxa Echevarría ha llevado unos hechos reales a la pantalla desde la mayor de las pulcritudes en La infiltrada, como ella misma relató en rueda de prensa con la protagonista es una de las pocas con las que no han podido hablar, dentro del plantel policial, con el resto de personajes los actores han tenido el privilegio de poder acudir a ellos para informarse de primera mano sobre lo acontecido en aquellos años.
Una joven agente, recién salida de la academia, es requerida para infiltrarse en la banda terrorista ETA, junto con cuatro compañeros más. Es la única que aguanta, y al cabo de siete años consigue lo que perseguía: pasar de ser simpatizante a que la banda contacte con ella. Tiene que acoger en su piso a dos etarras para que, en medio de una tregua, preparen su próximo atentado. Ahora la infiltrada tendrá que tener nervios de acero para conseguir su propósito.
No sé si la película hubiera sido mejor o peor con otra actriz principal, que no fuera Carolina Yuste, pero después de ver su interpretación no me imagino la cinta sin otra persona que no fuera ella. Directora y actriz saber mirarse bien, Arantxa desde el guion y la dirección y Carolina dando, aquí tan solo, con su mirada mucho más que un texto totalmente lleno de frases, ya tuvieran importancia o no, su verdad está ahí, en sus gestos, en su forma de mirar, de caminar, en todo lo que dice sin decir.
Las noticias de los atentados, de los avances y de los atrasos dan pie a la cinta, metiéndonos en contexto totalmente, hecho como si de un puzle radiofónico, a modo de resumen e introducción.
La suya, la de Carolina, es una actuación visceral, potente y llena de verdad. Desde la tranquilidad más absoluta hasta secuencias donde la garra de la persona sale totalmente, mezclando esa doble ficción: el ser infiltrada y el estar actuando. Pero hay que puntualizar que es una historia coral, y que cada actor ha encarnado su papel con mucha solvencia, apoyándose uno en el personaje del contrario, porque algo que ha realizado Arantxa son esos planos fijos de las conversaciones, donde el duelo dialéctico y físico es palpable, y la tensión que daría el efecto thriller.
Un cambio de registro brutal el de la directora, Arantxa Echevarría, que ha pasado de dramas sociales y comedia a un thriller en toda regla, no les ha hecho falta efectos especiales, porque aquí lo importante era la historia, el desenfreno y el pánico por partes iguales que la banda y la sociedad vivían en aquellos años, y cómo una persona estuvo dentro de ETA, además siendo una mujer.
Arantxa dice que es una contadora de historias, y que para ella el género no importa, y aquí lo que tuvo claro es que quería contar, por encargo, una historia de una mujer, hecha por una mujer, y creada por muchas mujeres. Quizá ese contrapunto con la realidad tan machista de esa época y de la organización etarra haya hecho de esta historia mucho más verdadera que otras.
Aquí no solo nos encontramos con la historia de la infiltrada, sino que nos enfrenta al relato de una época, de una sociedad, y de los estamentos de la policía y sus entresijos. De cómo solemos decir en la burocracia de todo tipo, de pasar de ser una persona, aquí un agente del cuerpo de policía, a ser meramente una persona de a pie sin el respaldo de ellos. Eso lo ha sabido plasmar perfectamente la directora en el guion, así como las situaciones extremas a las que ella se tuvo que enfrentar, todo con mucho detalle y con bastante delicadeza.
Han comprendido los ocho años que estuvo infiltrada en la última etapa, por lo que no son visiblemente totalmente todos los logros que tuvo, así como la distancia física de su familia, pero sí que queda plasmado en las conversaciones.

