Ayer tuvo lugar la proyección de Semillas de Kivu de Néstor López y Carlos Valle en Madrid, con coloquio posterior moderado por Juan Sardá, junto a los directores, Beatriz Martos (Amnistía Internacional España) y Blanca Cano (Médicos sin Fronteras). Hoy hemos podido realizar entrevista con ambos directores, y aunque no duró tanto como el debate de ayer, que fue de una hora, si que hemos charlado sobre su trabajo, Semillas de Kivu, una cinta que no deja indiferente, con un calado humano impresionante tras la cámara, todo tratado con gran delicadeza y tanto. Un montaje tanto en lo visual como en lo narrativo que van de la mano, aportando tanto en imágenes, como en narraciones lo complejo de la situación.
Mañana, día 28 de noviembre, se puede ver en la Academia de Cine, dentro de las proyecciones de cortometrajes preseleccionados a Mejor Cortometraje Documental de la 39 edición de los Premios Goya.
Semillas de Kivu narra uno de los mayores genocidios de la historia, el drama de la violación como arma de guerra y la afrenta del ginecólogo Denis Mukwege, que ha ayudado a miles de mujeres durante décadas de conflicto armado en el Congo a restablecerse física y mentalmente. Está protagonizada por Denis Mukwege, Doctor Ginecológico y Premio Nobel de la Paz, que creó el icónico Hospital de Panzi.
Carlos nos habla del germen de Semillas de Kivu que viene dado por dos lados, por una parte, por un proyecto anterior de Néstor y por un encargo fotográfico que tenían de fotografiar a los ganadores Nobel de la Paz, y que investigando al respecto descubrió a Denis Mukwege, que ganó su Premio Nobel de la Paz por la lucha contra la violencia sexual, en un entorno de guerra, en el Congo. A partir de ahí comenzamos a investigar, sobre todo Néstor, porque ahí vimos que allí había algo mucho fuerte que el mundo tenía que conocer y ahí que nos fuimos.
Construimos un tratamiento, hace ya cinco o seis años, que a medida que va avanzando la investigación, lo vamos adaptando, y la historia va cambiando. Ese es el guion que, en rodaje, que allí cuando nos metemos vamos a buscar, pero con los ojos muy abiertos y las orejas muy grandes para ir encontrando nuevas cosas. Luego el material que conseguir de vuelta es la realidad más imperiosa, que es la que manda, y en la postproducción trabajos con el material real. Fuimos con las cosas muy claras, después de mucho tiempo de investigación, algunas las pudimos conseguir y otras no, y otras mejoraron lo que teníamos. (Néstor López)
No les fue nada fácil acceder ni al doctor ni a las víctimas; nos narran que les llevó años acceder a Mukwege y que cuando llegaron allí a grabar tampoco les fue nada sencillo, porque él estaba inmerso en muchas cosas de su trabajo. Al principio dicen que incluso desconfiaba del proyecto, ya que no sabía el tratamiento que le iban a dar a la historia, pero que en una sesión de rodaje les pidió ver las imágenes que habían grabado, y le pareció que eran de gran belleza, y a partir de entonces todo fue un poco más fácil. Acceder a las víctimas también fue un trabajo arduo para ellos, porque al principio buscaban ciertos perfiles, pero en cada visita esas mujeres podrían no estar, por lo que decidieron centrarse en lo que se vivía en cada momento que estuvieran allí y en perfiles específicos, pero no con personas concretas, pero sabiendo lo que iban a buscar tras una gran investigación.
Allí están sobrepasados de trabajo, y el doctor Mukwege está recluido en su propio hospital porque le han intentado matar once veces. Es un enemigo público declarado de las guerrillas, con un Nobel de la Paz, y es alguien a eliminar por ellos. Su hospital está rodeado por el ejército armado de la ONU, y él está dentro. Nos costó mucho llegar a él, incluso en ocasiones con mucha peligrosidad para nosotros, y él también estaba cansado de que llegaran periodistas a contar historias amarillistas, porque como decía: esto es real, y yo no soy actor, yo no soy médico. Tienen tres veces más pacientes de lo que pueden atender. Me acuerdo de que un día que había mucha tensión y como siempre había cierto recelo, nos pidió ver los planos después de una sesión de grabación, y no lo dudamos, y al ver los últimos planos vio el respecto y nuestra sensibilidad artística, y que todo estaba por encima de faltar la dignidad a nadie. A partir de ahí confió más en nosotros. (Néstor López)
No teníamos nada que ver con su contexto, pero al ir de la mano de la gente del hospital en la que ellas confiaban, ellas se sentían liberadas y veían que podíamos trasladar su mensaje y que las podíamos ayudar a que el mundo conociera sus testimonios. Ellas son parte del mismo drama, de esas violaciones y el fin es el mismo: destruir el tejido social, la familia que forman y desapareciendo poco a poco un poblado. Daba igual que hubieran matado a sus padres, maridos… al final el drama era común para todas. (Carlos Valle).
Cuando comenzamos este proyecto, la actividad militar y de guerra, había bajado; cuando fuimos a rodar, había subido, y ahora más todavía. Esto está siempre fluctuando y eso nos dificulta el trabajo, porque no nos podían atender. Pasábamos a estar para ellos en un segundo plano, como era normal, por lo que siempre teníamos que estar muy atentos a la actividad de la zona. En siete años nos hemos encontrado todos los estadios posibles, incluso en momentos incontrolables. Ayer, en la charla que tuvimos en el debate tras la proyección, Médicos sin fronteras, dijo que ellos atienden en República del Congo, en Kivu, a más de 25.000 mujeres, atienden, víctimas sexuales de ese conflicto, luego las que sean reales pueden ser innumerables de calcular. Néstor López
El 99 por ciento se grabó en agosto del 2022, y allí estuvieron quince días grabando. Anteriormente, habían estado buscando espacios, investigando y en total cuenta Néstor López que serían 20 días. Pero su mayor trabajo ha sido el montaje, porque han tenido alrededor de veinte versiones de Semillas de Kivu. Tenían 30 horas de grabación para reducir en 30 minutos. Ha sido lo más complejo por la necesidad de lo que queríamos contar, y que la gente entendiera bien lo que era ese contexto.
Cristina Otero, que es la montadora, junto a Néstor, han hecho un trabajo descomunal, con horas, horas, y horas. Pero estoy muy contento con lo pulido que está, con el respeto que está tratado y lo bien que está mostrado todo pese a lo dificultoso de poner tantos elementos encima de la mesa, pero pienso que el espectador puede seguir bien la trama y no perderse, porque es algo que siempre nos preocupó.
Carlos Valle
El montaje fue una de las cosas realmente duras, una dureza distinta, porque ya estábamos aquí y el drama estaba lejos, pero fue un proceso de más de un año, porque estamos hablando de un corto, financiado como podemos, con los apoyos que podemos, que han sido bastantes, pero que ha costado trabajo de conseguir. Carlos se ocupó de coordinar toda la traducción, que es un trabajo abismal, porque no estamos hablando de traducir del inglés. Hay suajili, hay lingala, hay suajili mezclado con lingala, y en esta última parte tuvimos muchos problemas de encontrar a gente local para la traducción, y sin ello no podemos comenzar a montar, por lo que fue complejo. Y encontrar el tono que queríamos tener no es fácil; caer en el amarillismo es relativamente fácil, por lo que teníamos que ir buscando el equilibrio, y medirlo todo muy bien. Hicimos diecisiete versiones de montaje, algo nada habitual para un corto.
Néstor López
Al principio de la entrevista, nos comentaba Carlos que uno de los proyectos que hizo que la andadura de la película fuera un proyecto de fotografía. En el documental cobra mucha relevancia, porque tras los testimonios de las víctimas, su rostro aparece con todas esas heridas emocionales reflejadas en su cara. Aparte, hay una parte donde la fotografía posee una gran belleza, la naturaleza, que contrasta con esos espacios cerrados, con sus verjas y sus alambres de espinas. Carlos y Néstor han buscado contar una verdad que, aunque a priori se pueda conocer, no tenemos todos los datos y testimonios para hacernos una idea, y han tratado de equilibrar la balanza de la vida y la muerte con el trabajo del doctor Mukwege.
¿Un sueño por cumplir?
Néstor López: Seguir viviendo de esto hasta que me muera, y un objetivo con el corto es que lo vea el mayor número de personas para dar visibilidad a esta tragedia.
Carlos Valle: Lo mismo que Néstor, seguir viviendo de esto, que no es nada fácil. Seguir creando historias que lleguen lejos, y producir mi propio largometraje. Y con el corto, que de alguna manera sirva para que la situación pueda mejorar, y que haya gente que pueda ayudar al hospital y a las mujeres que viven allí. Que esto sirva para lo que tiene que servir, para un poco cambiar el mundo.