Este viernes 31 de enero se estrena Objeto de estudio de Raúl Alaejos, un trabajo realizado tras haber recibido la beca Leonardo en Comunicación y Ciencias de la Información en 2019, y una crisis personal. Ahonda de manera irónica y sarcástica en una comunidad y una cultura muy distinta a la suya, ¿qué se pregunta? ¿qué respuestas encuentra?. Aquí una pequeña entrevista con Raúl Alaejos:

La sombra del objetivismo antropológico persigue a un torpe director que experimenta metodológica y formalmente alrededor del acto obsceno de rodar poblaciones nativas en el pueblo más septentrional. Allí, Robert Peary, explorador norteamericano, pensó hace más de 100 años que la única manera de que un ser humano alcanzara el Polo Norte sería tener hijos con inuits para crear una super-raza que aunara la fortaleza esquimal y la clarividencia del occidental. Tras los pasos de esta extravagante teoría camina este ensayo fílmico.

Objeto de estudio se estrena el viernes 31, ¿cuál es el germen de la película?

Objeto de Estudio aparece casi como una película de autoayuda. Durante mucho tiempo trabajé como realizador audiovisual haciendo campañas de concienciación para ONGs. Por las dinámicas de producción en este tipo de trabajos, siempre te ves arrastrado a rodar de una manera donde te sirves de todo lo que tienes a mano para transmitir una idea preconcebida mucho antes del viaje. A veces sientes que estás instrumentalizando al local para formalizar una representación. Llegar, conseguir el material que necesitas y desaparecer: una especie de extractivismo de imágenes. Me interesaba volver a las regiones polares y abordar de frente el hecho de filmar al otro, trabajando sobre esa idea.

¿Cómo fue la búsqueda de la información para este documental?

Siempre me ha gustado la literatura de la exploración polar. Por otro lado, investigué sobre técnicas de representación propias del trabajo de campo que a veces realizan en antropología visual. Pero, sobre todo, quería que la investigación se llevara a cabo durante el rodaje. Me gusta mucho que en las películas haya sensación de asombro cuando algo nuevo se revela al espectador, casi al mismo tiempo que al propio realizador.

Por esta razón, y como decía anteriormente, para evitar representaciones preconcebidas, intenté no ver otras películas que abordaran el tema desde perspectivas parecidas.

Siempre hay un fondo a la hora de hacer un trabajo. ¿Qué querías contar con Objeto de estudios allá de lo que a priori cuenta su sinopsis?

Lo que cuenta la sinopsis en realidad es una excusa para abrir un hilo narrativo que dé paso a esa pregunta más formal: ¿Cómo se filma al otro?

Quería hacer ese camino junto al espectador. Me interesa abrir preguntas más que responderlas. Decía Victor Segalen:

“El exotismo no es la comprensión perfecta de un fuera de nosotros, sino la percepción aguda e inmediata de una incomprensibilidad eterna.

No presumamos de poder asimilar las costumbres, los pueblos, las naciones, los otros; por el contrario, alegrémonos de no conseguirlo nunca, reservándonos así el duradero placer de sentir lo Diverso.”

¿Nos puedes contar cómo fue la fase del guion y si varió al llegar a la hora de la grabación?

El guion se escribió en el montaje. Al rodaje llegué sin guion por todo lo que he comentado. Era una premisa. No llevaba guion, pero sí mucha intención. Sabía lo que quería buscar, pero tenía que encontrarlo durante el rodaje. No estoy hablando de contenido, sino de encontrar una forma de mirar.

¿Podríamos decir que es documental al 100% o la ficción entra a formar parte de Objeto de estudio? Porque por momentos la ambigüedad entra en juego y puede que esa duda que parece que plasmas sea la respuesta que buscas.

No sé si merece la pena distinguir entre ficción y documental. Toda aproximación a una realidad supone una subjetividad. Lo que yo propongo es que se asuma esa mochila y que, de alguna manera, se lo enseñemos al espectador. Cada uno mira desde un lugar y eso hay que incorporarlo en la película. En este juego, me gusta que el espectador asuma la responsabilidad de tener que discernir qué puede ser “real” y qué escenificado.

Se describe como un estudio antropológico, y pasado el tiempo, ¿qué es lo que más te sorprendió de ellos y qué descubriste nuevo en ti durante esa estancia allí?

No es un estudio antropológico. No soy antropólogo, pero sí he querido mostrar una aproximación cientifista en lo formal. No quería adoptar un modo de representación cinematográfico que indujera al espectador y, cuando lo hago, siempre trato de hacerlo de manera muy intencionada y enseñando el truco.

Durante la cinta hay momentos muy estáticos y otros muy dinámicos. Los estáticos nos llevan a esa época donde retratar la llegada a una zona era mostrar que habían estado allí, y los dinámicos pueden que nos lleven a la actualidad, a su independencia total y absoluta. No sé si es lo que querías destacar.

En realidad, la película es una colección de ensayos frustrados de retratar al otro. Por eso puede resultar cambiante.

También hay una irónica plástica tangible en imágenes y en algunos comentarios. ¿Por qué ese tono?

Me parece que solo me veo capacitado para acercarme a determinados temas desde el humor. El humor es muy subjetivo y me gusta poner al espectador en el dilema de decidir si se ríe de algo o no. Sobre todo en temas delicados. De ahí esa ironía.

¿Qué fue lo más complicado y lo más fácil para llevar a cabo la cinta?

Al llegar a Groenlandia sentí un bloqueo. Acababa de pasar la pandemia y tenía una sensación de haber perdido el hábito de rodar. Hacía mucho frío y me costó arrancar. Empecé rodando personas que me parecían interesantes haciendo una película dónde la cámara va por detrás de lo que ocurre. Menos mal que reaccioné a tiempo y me recordé a mí mismo que yo había ido allí a buscar otra cosa, que debía ser más propositivo y abandonar la fórmula de cámara que persigue la realidad y pensar en ir por delante proponiendo una puesta escena intencionada, haciendo mis propios experimentos. Estaba haciendo una película que se financiaba con una beca Leonardo de investigación. No tenía obligación, ni siquiera, de estrenar el film. Eso me dio mucha libertad para poder experimentar y no tener que asegurar tanto durante el rodaje.

Me gustaría saber si ellos han visto la película y qué han opinado al respecto.

Aun no la han visto. Estamos en contacto y queremos volver para verla juntos. No me gustaría enviar la película sin más. Tengo mucha curiosidad. La película es poliédrica y puede tener muchas lecturas. Además no está hecha para complacer a sus protagonistas. Creo que esto es un error. Pero estoy seguro que la proyección será algo muy bonito.

Podríamos decir que la música aquí es un protagonista más, que va de enlace al sonido ambiente a llevarnos a derroteros muy diferentes con el sonido que has implantado en música. ¿Cómo fue la elección de la misma?

Quizá no es tanto la música sino el tratamiento sonoro. Muchas de las escenas rodadas, el sonido es foley, es decir, es una recreación realista que se ha grabado en un estudio de sonido. Esto le da a las escenas la sensación de irrealidad que buscaba.

¿La toma final es pura improvisación o está pensada de esa forma?

Todo lo que hay en la película son hallazgos del rodaje. La escena final es la culminación de una idea que en su origen ya era un despropósito: encontrar a los descendientes de unos exploradores que pensaron que cruzándose con inuits conseguirían una super raza. Me parece tan absurdo buscarlo que el final debía estar a la altura de ese absurdo y asumir el propio fracaso del realizador y también de Occidente.

¿Próximos proyectos?

Estoy empezando a rodar una película que se titula Ese Fulgor. Lo estoy haciendo con un colectivo al que pertenezco llamado Paisanaje.org. Es una película que pretende ser un retrato del complejo ecosistema cultural de la Casa de Campo de Madrid. Jubilados, cruising, deportistas, la escuela de tauromaquia, la de circo, homeless, domingueros, ovejas… todo sobre el fondo de la montaña rusa del parque de atracciones y sobrevolado por un teleférico lleno de turistas y locales. Estamos empezando.

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