Desde el pasado día 23 de enero está disponible el nuevo disco de Mila Trani, Menta selvática. Este trabajo con muchas sonoridades tiene como punto de partida e hilo conductor el jazz, aderezado con ritmos caribeños y evocaciones flamencas y de fados, pero sin dejar de lado el folk italiano que impregna muchas de las composiciones. También destacar la impronta poética que está en el disco y que da todo un sentido a Menta selvática.

Mila Trani, cantautora, arreglista y artista multidisciplinaria, desarrolla su trabajo entre Barcelona y Milán, mezclando sus mundos musicales y artísticos, con una mirada tan ecléctica como atemporal. Su musicalidad desprende suavidad sonora y toda esa influencia recibida por su docencia y sus vivencias.

Siempre hay un punto de inflexión para decantarse por algo, ¿cómo entra la música a tu vida y profesión?

La música entró en mi vida desde que era niña; en mi familia estaba muy presente. Ambos mis padres cantaban como un pasatiempo, pero podría decir que mi madre me «indoctrinó» desde la gestación. Decidir convertirla en una profesión fue algo bastante natural, aunque con grandes dificultades relacionadas con el rol que una música representa en la sociedad actual y con la preocupación real de no poder sobrevivir gracias a ella.

Lo importante era prepararse lo mejor posible, así que estudié jazz, hice un máster de especialización científica sobre la voz, estudié percusión y sigo estudiando para mejorar mis conocimientos en el ámbito vocal.

 ¿Qué significa para ti la música?

La música encierra significados que se desarrollan en varios niveles.

En primer lugar, representa una conexión con la parte más profunda de mí misma, en el sentido de que me abre el camino a un diálogo interior y me ofrece la posibilidad de analizar y comprender la realidad de una manera crítica y personal.

Es una oportunidad de investigación, una indagación continua que, para alguien curiosa e inquieta como yo, puede no tener fin.

Creo que profundizar, sin importar el ámbito hacia el que nos orientemos, nos permite percibir la magnitud de la inmensidad de la existencia.

Si analizo a lo largo del tiempo el papel de la música en mi vida, puedo decir que primero fue una salvación, luego un pilar fundamental.

En este periodo de tiempo he creado familias y vínculos importantes basados en una compartición que requiere esfuerzo y responsabilidad.

El poder agregador es otro aspecto peculiar de la música que me interesa mucho. Desempeña un papel crucial en el ámbito social y educativo, representando una valiosa oportunidad de compartir.

Un concierto, por ejemplo, es una experiencia colectiva que favorece el sentido de comunidad y es un evento capaz de contrarrestar el individualismo dominante.

Has colaborado con otras formaciones, ¿Qué han aportado en tu etapa en solitario?

He trabajado en diversas formaciones y, de cada experiencia, he aprendido mucho. Es fundamental comprender y asumir el propio papel dentro de un grupo, para poder trabajar de la mejor manera hacia un proyecto común. Este es un ejercicio de escucha que también incluye el crecimiento personal. Desde el punto de vista musical, podría decir que en las formaciones más grandes he aprendido a orquestar y a gestionar las diferentes voces, mientras que en mi grupo a capella he tenido la oportunidad de experimentar con mi instrumento, explorando sonidos e improvisación

Acabas de publicar disco, Menta selvática, ¿desde dónde nace este disco? Este álbum para mí representa un camino hacia un nuevo nivel de conciencia.

He logrado expresarme de manera sincera y auténtica, superando barreras y posturas, gracias a un largo trabajo que me ha llevado a reconocer mi deseo más profundo:

Identificarme como artista y permitirme dedicarme plenamente a mi música. Puedo decir que nace de una necesidad de autodeterminación.

¿Qué quieres transmitir con tu música y composiciones de este disco?

Quiero expresar mi visión, que abarca la poesía, la libertad expresiva y la búsqueda vocal.

Un disco donde el sonido de cuerda es muy importante y cobra gran relevancia junto a la voz, ¿por qué ese sonido a destacar?

Me gusta la música que no tiene tiempo, algunos de mis temas podrían pertenecer a otra época.

La elección de los instrumentos responde a esta necesidad, pero no solo a eso. Deseaba un sonido acústico y muy suave, en el que fuera la voz la que determinara las dinámicas y diera el impulso.

Creo que el resultado es muy orgánico.

¿Por qué el jazz como hilo conductor de todas las canciones?

El jazz para mí representa la libertad de expresión, la improvisación, la posibilidad de ampliar las soluciones armónicas y de jugar con tiempos impares y polirritmias.

Creo que todo esto está presente en el álbum.

¿Nos puedes decir cómo entra a formar parte del disco cada una de las personas que están, pero, sobre todo, Bartolomeo Barenghi?

Bartolomeo Barenghi ha sido un apoyo imprescindible para la realización de este disco. Nos conocimos en las redes sociales durante el periodo de confinamiento y desde allí nació nuestra colaboración. Desde el principio, hubo una gran estima mutua, con una fuerte afinidad en el lenguaje artístico. Se apasionó por mi trabajo y comprendió de inmediato la dirección que quería seguir, enriqueciendo las canciones con creatividad y aportando soluciones fundamentales a los arreglos.

Como aún no conocía a muchas personas en Barcelona, fue Bartolomeo quien me presentó a las músicas y músicos que participaron en el proyecto, con gran entusiasmo por mi parte.

Sandrine Robilliard es una violonchelista extremadamente versátil, una música sensible y creativa; Martí Hosta es un mago de los timbres y los colores, no se limita a tocar un ritmo, lo crea superponiendo una amplia variedad de sonidos.

Pau Lligadas es un bajista elegante y virtuoso, Lluna Aragón es una violinista ecléctica y muy cautivadora,

Christos Barbas introduce «Menta Selvatica» con la sabiduría y la magia de su ney. Ana Rossi es una poeta de voz sedosa y teñida de Brasil, a quien conocí gracias a amistades comunes. Me enamoré de su estilo y le pedí que participara, una solicitud que aceptó con gran alegría.

Podría describir tu trabajo como un disco lleno de armonías y sonoridades, y también totalmente atemporal que te lleva por un mundo de emociones, ¿no sé si era lo que querías plasmar?

Sí, completamente. Me gusta pensar que quien escucha mi trabajo esté constantemente sorprendido y que pueda atravesar diferentes estados de ánimo. Creo que lo que ocurre en este disco es una metáfora del constante cambio del ser humano, tanto en lo cotidiano como en el más amplio espectro de las experiencias

La creatividad es muy dispar para cada persona, y en cada momento, ¿cómo es tu forma de componer en estos momentos y cómo ha podido variar con el tiempo?

A veces, una canción nace de un riff o de un ritmo que de repente empieza a habitar mi mente.

Otras veces, nace un estribillo que engloba todo lo demás, pero que requiere tiempo para desarrollarse completamente.

Muy raramente, en cambio, una pieza surge en un único impulso creativo intenso y no necesita grandes modificaciones, como sucedió con Sorella Malinconia.

En cualquier caso, la inspiración siempre me encuentra trabajando.

Intento dedicarme al estudio de manera diaria, lo que me permite cultivar las ideas que, de esta forma, encuentran terreno fértil.

Con el tiempo, he desarrollado un método.

Directora de la Malanga Voice Orchestra, ¿qué significa para ti y que influencia tiene en tu música?

«Malanga Voice Orchestra» representa muchas cosas: investigación, sororidad, apoyo, familia, y es una explosión de alegría.

Desde el punto de vista artístico, es un proyecto que me brinda la oportunidad de explorar la vocalidad del canto popular y de encontrar soluciones de arreglo siempre nuevas. Recientemente, también ha nacido un coro en Barcelona, «Les Tarannà», con el que estoy explorando el canto tradicional del área ibérica, pero no solo eso.

¿Cuáles son tus referentes musicales?

Mis influencias musicales son diversas. La voz me fascina profundamente.

Parto de las raíces: en casa se cantaba y se escuchaba música tradicional del sur de Italia, la canción napolitana, las tarantelas, el folk del área romana, por lo que Roberto Murolo y Gabriella Ferri, pero también el fado de Amalia Rodrigues y las canciones de Violeta Parra.

Mis estudios me acercaron a la vocalidad jazz, me encantan Anita O’Day, Carmen McRae, Ella Fitzgerald, y a la vocalidad brasileña con las voces de Gal Costa, Elis Regina y Marisa Monte.

En el ámbito de la experimentación no se puede dejar de citar a Demetrio Stratos, pero también a Amelia Cuni y Yma Sumac, en diferentes contextos.

Luego descubro a Fairuz, icono de la música árabe, y se abre ante mí el mundo de la música modal: la música griega, la turca y, finalmente, la música india, un campo que sigo explorando.

Absorbo mucha música, me gusta mucho el jazz, especialmente si está contaminado con otros géneros.

¿Un sueño por cumplir?

¡Hacer que mi música viaje lo más posible, preferiblemente con mis propias piernas!

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