Todo lo que veo me sobrevivirá es una propuesta de Raquel Alarcón a partir de textos de ella misma y de Lucía Carballal, Esther García Llovet, Roberto Martín Maiztegui, Pablo Remón y Melanie Werder. Llegará a Cuarta Pared el 10 de abril hasta el 26 de abril para cerrar el ciclo El tríptico de la vida que lleva desde el mes de febrero.
Todo lo que veo me sobrevivirá se compone de cinco relatos y un recuerdo de infancia. Cuenta la historia de cinco personajes de distintas edades que se enfrentan de forma inesperada a una decisión vital. Son personajes a quienes la vida les sorprende en los lugares más inoportunos, como un polígono industrial, la cafetería de un supermercado, un parque de bolas o un BlaBlaCar. Todas las piezas parten de un suceso cotidiano, como perder un estuche, responder a la pregunta de un niño o coincidir con una familia en un viaje, y asistimos a lo que esto desencadena en cada uno de los personajes, que reaccionan desde el humor, el asombro o el enfado, pero son capaces de detenerse y mirar. ¿Qué les sucede cuando contemplan aquello que no se puede explicar? ¿Cómo se enfrentan a estos momentos y cómo los atraviesan?
Siempre hay un detonante para que alguien se decante por una profesión, ¿cuál fue el tuyo?
En mi caso el detonante fue algo muy físico. Antes de empezar a estudiar teatro me dedicaba al periodismo cultural en mi ciudad, en Murcia, y me iba bien, pero hubo un momento en que mi cuerpo colapsó y tuve que parar. En esos meses de recuperación pensaba hacia dónde quería continuar, y el cuerpo me pedía darme un tiempo para experimentar algo distinto. Yo había crecido haciendo danza y mi trabajo me ligaba al mundo de la cultura, pero pensar en dedicarme al teatro me aterraba. Decidí probar la experiencia durante un año y luego retomar mi vida. Pero después de un año comprendí que éste era el sitio en el que quería estar y me quedé en Madrid. Si el cuerpo no me hubiera parado, es posible que yo no me hubiera atrevido a un cambio de vida tan fuerte.
¿Qué significa para ti el teatro?
Lo entiendo como una manera de comunicarme, de relacionarme y de estar en el mundo, como tantas otras maneras, pero lo que siento cuando estoy en una sala de ensayo no es comparable a nada más.
Tiempos convulsos para la cultura, ¿me gustaría saber en qué estado de salud ves actualmente el teatro y la cultura en general?
Creo que la manipulación de la cultura siempre ha existido. Solo que, por una parte, parece que estamos volviendo a discursos que creíamos superados, y por otra, ahora lo vivimos de forma mucho más inmediata. Pasa lo mismo con la información. Y ésto lo sufrimos todos, quienes nos dedicamos a ello y quienes la recibimos. Hay muchísima creación, desde todos los ámbitos, rica e interesante. Pero es muy difícil mantener proyectos en el contexto independiente, porque si no eres al 100 por 100 un producto rentable no vas a sobrevivir. Y el fin de la cultura no es ser rentable. Deberíamos tener una estructura que protegiera y sostuviera de forma mucho más sólida nuestro sector, pero estamos lejos de eso.
Ahora estoy leyendo un libro de Nuccio Ordine que tiene un título que me parece ya de por sí muy significativo, “La utilidad de lo inútil”. Me parece una buena metáfora, o mejor dicho un buen punto de vista. Creo que es el momento de valorar “lo inútil”, de dedicarle tiempo a aquello que no es productivo para el sistema, bueno, perder el tiempo en el mejor de los sentidos, porque eso también forma parte de la vida y lo necesitamos como seres humanos, y parece que se nos olvida. Y la cultura nos permite esto, nos alimenta como ninguna otra disciplina puede hacer.
Tríptico de la vida, ¿cómo te llega la propuesta para estar dentro de este ciclo?
Una mañana hace unos dos años, Javier Yagüe nos citó a dos directoras y a mí, compañeras de Cuarta Pared, en un café cerca de la sala. Después de preguntarnos en qué momento nos encontrábamos cada una, nos contó en qué punto se encontraba él (sin saberlo ya estábamos entrando en el tema), y nos habló de su inquietud de abordar un nuevo proyecto, en la línea de las trilogías que ha ido haciendo estos años, pero con un cambio importante. Esta vez él no tenía el deseo de dirigir, sino de invitarnos a las tres a que propusiéramos tres proyectos a partir de un tema común, la vida.
A los quince días tuvimos una segunda reunión a la que llegamos con todo un plan armado. La sorpresa fue que su propuesta era bien distinta: trabajar sin calendario cerrado, dejando que el propio proceso marcara los tiempos, poniendo a disposición toda la infraestructura de Cuarta, y con la posibilidad de abrir exploratorios, laboratorios, periodos de investigación… Aún hoy día, dos años después, no deja de sorprenderme. Lo valoro como un gesto valiente y generoso que muy pocos espacios brindan a creadoras. Es bastante único.

¿Qué significa para ti estar en Tríptico de la Vida, y además celebrando el cuarenta aniversario de Cuarta Pared?
Es un acto de confianza tan fuerte que para mí implica mucha responsabilidad, y sin duda un agradecimiento enorme. En Cuarta Pared es donde yo empecé a estudiar teatro, donde experimenté la actuación mis primeras veces, también donde comencé a dar clases… Después he tenido otras experiencias, pero fue aquí donde descubrí este mundo, de manos de un equipo de formadores y creadores que de forma independiente ha sobrevivido todos estos años. Esto te deja un aprendizaje y una impronta muy fuertes. Poder regresar ahora a la sala desde la dirección ha sido y es un regalo.
Lucía Carballal, Esther García Llovet, Roberto Martín Maiztegui, Pablo Remón y Melanie Werder dentro de la dramaturgia y autoría contigo, ¿cómo entran a formar parte de la obra?
Lo primero fue empezar a acotar el tema, qué era lo que me interpelaba de forma más directa. Cuando entendí que me interesaba reflejar la multiplicidad, detenerme en distintas vidas para contar una vida, vi que tenía sentido que la autoría también fuera múltiple. Esto no solo me permitía ampliar mi punto de vista, sino que a la vez me ponía en la tesitura de tener que dialogar con todos esos puntos de vista a la vez, lo cual sin duda era difícil pero interesante. Sabía que era un reto aunar en un solo montaje tantas voces, pero sentí que si había un espacio para ello era éste. Pensé en autores a quienes admiro y en quienes confío. Cuando empecé a hablar con ellos su respuesta fue inmediata. A partir de ahí, compartimos premisas de creación y cada uno de ellos fue proponiendo su texto. Su apoyo ha sido fundamental para lanzarme a escribir por primera vez, cosa que al principio no tenía en absoluto clara. Después vino la fase de cerrar una dramaturgia que aunara todas estas historias, cada una con su estilo y particularidad. En todo este proceso, el diálogo con Mélanie, que está desde el comienzo en la dramaturgia, ha sido fundamental.
Estas preguntas que lanza Cuarta pared en Tríptico de la vida, y que has plasmado en Todo lo que veo me sobrevivirá ¿Cómo se aprende a vivir? ¿Cómo afrontamos los fracasos y las alegrías? ¿Qué sucede cuando tenemos que elegir?, son muy universales, pero en la época actual mucho más, ¿desde qué prisma te has enfrentado a ellas a la hora de la creación?
Me interesaba cómo la vida puede girar por completo en el momento más inesperado, y cómo a veces detrás de pequeños gestos aparecen consecuencias importantes para nosotros. Y me parecía importante no ubicarme en una edad determinada. Por eso, la posibilidad de contar con varios autores me permitió proponer a cada uno de ellos que escribiera pensando en una etapa vital distinta, desde lo que le puede suceder a una niña hasta lo que le ocurre a una persona que se acaba de jubilar. A la hora de construir la puesta en escena, había que encontrar un dispositivo que de alguna manera recogiera todos esos fragmentos de vida. Aquí, el trabajo con el equipo de diseñadores ha ido sumando continuamente.
Esther Isla, Puchi Lagarde, Jorge Mayor, Julio Montañana, Gilda Polo Camacho y Viena Polo Camacho en el reparto, ¿cómo fue su elección?
En algunos casos son actores ligados a la sala, porque se han formado en Cuarta o han participado en ETC, pero lo que buscaba fundamentalmente era que fueran intérpretes con una sensibilidad afín a lo que pensé que necesitaba este proyecto. Nunca había trabajado con ellos, aunque los había visto trabajar, pero desde el primer momento que hemos estado todos en la misma sala se ha generado un vínculo muy especial. Creo que la obra nos toca a todos de una manera muy íntima, tanto que incluso diría que no es necesario hablarlo mucho. Está. Se percibe. Esto es lo que buscaba. Ellos están aportando mucho al proceso desde el comienzo. Además, trabajar con Gilda y Viena para el rol de la niña en la obra (y que además son hermanas gemelas) está siendo un regalo, por lo que ellas de por sí aportan. Son pura vitalidad, cuando llegan la energía cambia, y tienen un compromiso que no deja de sorprendernos.
Ellos han estado dentro de la creación de la obra aportando ideas, ¿cuál es la razón de esta forma de trabajo?
Bueno, diría que ésto tiene mucho que ver con lo que hablábamos antes, con la forma de entender el teatro que aprendí en Cuarta Pared, y también con las experiencias como actriz que he tenido después fuera. Y por supuesto con las posibilidades que nos ha facilitado la propia producción. La sensibilidad de quien está en escena, y tiene que decir esas palabras y habitar ese espacio, es muy particular. Desde ahí se registran cosas que a veces no siempre se perciben desde fuera. Que pertenecen a la intuición del intérprete, a esa particular inteligencia escénica que es propia y exclusiva de la actuación. Escuchar esa voz me apasiona. Y aunque no siempre coincida con el camino que finalmente se decide, es muy valioso tener un espacio que te permita tiempo para ello. Por ejemplo, la primera versión de texto se leyó con el elenco y ésto fue un momento muy rico para los autores, antes de ir hacia el cierre del texto. Después, hemos hecho dos exploratorios con los actores para probar dispositivos, jugar con los textos, convocar a los diseñadores… y de ahí hemos recogido mucho para definir la puesta en escena.
Habéis tenido un trabajo en conjunto y luego individual, ¿Cómo ha sido esa experiencia y que ha aportado a tu trabajo el previo con tus compañeros de ciclo?
Desde luego ha sido un proceso diferente y enriquecedor. Durante el primer año nos fuimos reuniendo periódicamente los cuatro (las tres directoras y Javier) para compartir ideas, materiales, preguntas, intuiciones e incluso miedos. Habitualmente es una fase del trabajo que transitas en soledad, o casi en soledad. Y tener la oportunidad de abrirlo al diálogo ha sido un apoyo clave, y una experiencia muy íntima a la vez, porque a veces se compartían cosas desde la fragilidad de un proceso de creación que se estaba fraguando. Después, cuando ya cada una tenía una propuesta concreta, compartir el desarrollo fue muy alentador.
¿Qué nos vamos a encontrar en Todo lo que veo me sobrevivirá?
Son historias con protagonistas de distintas edades a los que les sucede algo aparentemente anecdótico (como perder un estuche en un aeropuerto, responder a la pregunta de un niño en un parque de bolas o coincidir con una familia de viaje en BlaBlaCar) y lo que ésto desencadena en cada uno de ellos. También podríamos decir que son historias de personas corrientes que se enfrentan de forma inesperada a una decisión vital, porque a veces cuando te permites parar la vida te sorprende hasta en la situación más trivial, y lo insignificante puede tomar un valor esencial si lo miras con detalle.
¿Un sueño por cumplir?
Ahora va a sonar a tópico, pero realmente este proyecto responde a un gran deseo, tener la posibilidad de crear un proyecto a largo plazo, con el tiempo y el espacio para llegar al lugar que se llegue, pero sin la presión de los tiempos habituales de producción, sino donde el que manda es el proceso creativo. De hecho, era algo que me repetía continuamente en el momento en que llegó esta invitación. Y ha sido mucho más complejo de lo que imaginaba, pero me siento muy afortunada.
TODO LO QUE VEO ME SOBREVIVIRÁ
(Tríptico de la Vida III)
Dramaturgia: Raquel Alarcón y Melanie Werder
Autoras/es: Raquel Alarcón, Lucía Carballal, Esther García Llovet,
Roberto Martín Maiztegui, Pablo Remón y Melanie Werder
Dirección: Raquel Alarcón
Interpretación: Esther Isla, Puchi Lagarde, Jorge Mayor, Julio Montañana,
Gilda Polo Camacho y Viena Polo Camacho
Vestuario y escenografía: Berta Navas
Diseño de sonido: Kevin Dornan y Manu Solís
Diseño de iluminación: Nuria Henríquez
Producción: Cuarta Pared
